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Damaged Bug — Hubba Bubba

John Dwyer es un culo inquieto. Como buen culo inquieto tiene el deber de cumplir los deseos de su trasero, ansioso de participar en cuantos proyectos diferentes sea posible. Ante esta tesitura y después de marear la perdiz con la supuesta disolución de Thee Oh Sees, el bueno de Dwyer decidió que tenía que satisfacer su ala electrónica ante tanto guitarrazo asesino. De ahí nace este año el debut de Damaged Bug y su Hubba Bubba (a través de su sello, Castle Face). Un álbum que no representa la nueva venida de Jesucristo, pero que sin embargo es altamente adictivo.

Una entretenida válvula de escape

¿Os imagináis estar todo el tiempo enfrascado en proyectos ruidosos de garage agresivo, noise contundente y toda una ristra de proyectos en los que el ruido es el principal eje vertebrador? Algo así le ha debido pasar a Dwyer para tomar un balón de oxígeno con Damaged Bug, un proyecto modesto, que no dará mucho que hablar, pero que sirve para pasar la tarde con su disco en bucle. Quizá aburrido para muchos feligreses del garage, muchos (estamos) hospedados en esta casa, pero mínimamente interesante por la convergencia con la electrónica y el pop.

Porque esa es la gracia de Hubba Bubba, un álbum de doce canciones que sin embargo se hace corto. Si te mola el estilo, claro, pues poco tiene que ver con la apisonadora Thee Oh Sees, la ramificación más famosa de Jon Dwyer. El sentido de la melodía, sumado al uso de sintes analógicos y moogs, a veces recordando al cableado de Dan Friel, hacen de este un trabajo especialmente divertido. En ocasiones con temas que son carnaza de single pegadizo, y otras que caen en un desaguisado ruidoso experimental sin pies ni cabeza, lo que supone cierto lastre para un disco que podría ser más completo.

Cacharrería analógica y mucha melodía

Para la elaboración de este disco me imagino a nuestro amigo en un rancho alejado de la ciudad y la contaminación de guitarras ardientes, encerrado en una sala con muchas latas de cerveza, alguna guitarra acústica y artefactos de lo más variado. De ahí salen temas con mucha querencia por el pop, verdaderamente irresistibles como es el caso de ‘Eggs At Night’, el tema de adelanto que nos enseñaba esta otra faceta más encantadora. Porque no hay nada más reconfortante que unos huevos fritos por la noche (todo tan yankee) y una melodía que no quiere salirse de tu cabeza. Debe pensar Dwyer.

No sólo el adelanto, los temas que le preceden, tanto ‘Gloves for Garbage’ como ‘Rope Burn’ tienen ese toque de pop burlesco, hilarante, que consigue una simbiosis reconfortante a mitad de camino entre la pegadiza melodía y las líneas que crea la cacharrería electrónica. Podría pasar horas enquistado en ‘Potograph’, melódica en lo vocal e instrumental, y con sonidos analógicos que se retuercen moderadamente. Hubba Bubba resulta, en muchos de sus fragmentos, un disco para no tomárselo demasiado a pecho, simplemente para disfrutar sin complejos con temas buenrollistas y juguetones que juegan al retrofuturismo y al vocoder en ‘Metal Hand’, sin que nos importe mucho que el artífice es una de nuestras las vacas sagradas del garage actual.

Deezer Widget

John Dwyer encuentra el hedonismo y el sentido del humor en este oasis de pop y electrónica casi amateur en medio de tanta vorágine decibélica y ansiosa por dejar sordo al prójimo. Un disco tan juguetón y despreocupado que alegra sólo de escucharlo; adictivo como el solo. Y para finalizar estos disfrutables minutos, una suerte de verbena country que se bate el cobre con el ukelele del ending de Bob Esponja . Y encima con acordeón. Hay que quererle.

6.7/10

Una válvula de escape divertida frente a tanto ritmo y actividad frenética. Configurado sin importar el que dirán (salgan de la sala los que puedan considerar esto una ofensa) y sin obviar una especial sensibilidad pop que lo hace más interesante que un ‘simple’ disco curioso dentro de la discografía de este culo inquieto que es Dwyer. Ojalá Damaged Bug sea un proyecto al que dé más continuidad.

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