Pues ya me diréis. Un artista, Damien Jurado, que lanza su undécimo trabajo de estudio 17 años después de su debut. Una prole numerosísima. Poca sorpresa cabe, pues, esperar. Imagino que se apodera de tí cierta desidia. Esto de la música es distinto al amor (salvo que hablemos de un grupo del que eres fan innegociable), no lo vas trabajando tanto. Hay mucho más riesgo de que aburra pasado el tiempo, y siempre andamos en la procura de nuevos estímulos que, a priori, el nombre de Damien Jurado y su Brothers and Sisters of the Eternal Son no traerán bajo el brazo. Él, siempre fiel a su Secretly Canadian, sin embargo tenía (y tiene) el enorme aval que aquel último Maraqopa, de hace un par de años, y la constatación de que el de Seattle no ha parido un mal trabajo desde que vivía todavía en el útero materno.

Damien Jurado pisando sobre suelo firme

Pero Damien Jurado está viviendo una segunda juventud. O una eterna juventud, sería más correcto decir. Nunca ha renunciado a que sus discos bajen del notable. A que lo que entregue se aleje años luz del camino de lo vulgar y rutinario. ¿O es que la rutina de Damien Jurado es que las cosas le salen así, por defecto?. Como esa gente, que en realidad no es tanta, que no ha pinchado en hueso nunca. Con sus nubes y sus claros, pero que siempre garantiza unas composiciones fantásticas. Brothers and Sisters of the Eternal Son cuenta, quizás, con más arreglos de lo que suele ser habitual en Jurado. Un disco con melodías algo más elaboradas, de esas que en directo, en formato acústico, son más difíciles de plasmar. De nuevo con Richard Swift en la producción, al igual que ocurrió en Maraqopa o Saint Bartlett, como si encontrarse en terreno conocido fuese lo más cómodo para Damien Jurado. O por el mero hecho de saber que las cosas, tras aquel Caught in the Trees algo inferior a la media mostrada, habían vuelto a su sitio, y moverlas supone cierto temor.

Entonces llegas a esa playa que refleja la portada. O no. Mejor a esa calle en obras, en medio de la ciudad en la que vives. Habitualmente, una de tus calles favoritas, que levantan a menudo y que deseas que peatonalicen de una puñetera vez. Los obreros están casi terminando el trabajo, le quedará una semana, a lo sumo. Tras los destrozos en las aceras, el cemento ya está echado. Ha perdido el brillo, su tono es mate, y presumes que ya está en condiciones de ser pisado, pero te genera dudas, te despierta cierta ansiedad. No hay otro lugar por el que pasar, detrás de tí nada existe, pero no quieres manchar tus zapatos nuevos, tan caros. Pisas, está firme. Te tranquilizas. Eso es Brothers and Sisters of the Eternal Son. Un terreno en el que sabes que estás pisando sobre seguro. Eso es lo que transmiten los delicados primeros acordes de ‘Magic Number’, incluso cuando se endurecen, se vuelven más rudos y cierta intranquilidad se apodera de tí. Es Damien Jurado el que canta. Estás a salvo.

Brothers and Sisters of the Eternal Son: el hachazo a mitad de camino

A salvo en un mundo que escoge ‘Silver Timothy’, con sus sonidos algo así como tropicales, como primer single de Brothers and Sisters of the Eternal Son. Decisión no sé si incorrecta, pero seguramente no sea la canción del disco que más me haya gustado. En todo caso la que cuadra más con la idea que podemos tener de un single. Más inspiración encuentro, sin embargo, en las melodías de ‘Return to Maraqopa’, más a quemarropa, menos dóciles. Entra en un terreno algo complicado tras atravesar ‘Metallic Cloud’, ese en el que la complacencia puede adueñarse del disco, siento éste un ejercicio de aquello que llamábamos amor rutinario. Pero entonces surge ‘Jericho Road’, y lo salva todo por sí misma. Encuentras el deseo, la chispa, ese puñetero click que tantos buscan y a menudo nadie encuentra. El amor a primera vista, la aceleración del pulso, la erección del alma. Damien Jurado desgarrándose la voz y la esencia. Los coros tiñéndolo, ahora sí, todo de nubes metálicas, de negras predicciones de tormenta.

7.5/10

Al contrario de lo que pasa a menudo, las naves de Brothers and Sisters of the Eternal Son se queman a medio disco. Un trabajo que te estaba agradando, te enamora a golpe de quinto y sexto tema, con una ‘Silver Donna’ que redunda en ese ritmo pseudobailable (es un decir), pero mejora bastante a ‘Silver Timothy’. Entonces el chico ya ha conseguido lo que quería. Ganarnos de nuevo para la causa, que maravillas como ‘Silver Katherine’, de esas que pare casi por inercia, nos encojan el estómago y nos hagan plantearnos eso de si los nuevos amores mejoran realmente en algo a los de antaño. Damien Jurado dando final al disco moviéndose por sus lugares más comunes, pero tiñéndolo todo de un agradable tono optimista y trivial en ‘Suns in Our Mind’, mostrando que en un pop más convencional, se mueve con factura igual de solvente. Y se va. Se acaba un disco que te deja ganas de más. De que se vaya más allá de esos 34 minutos que te dejan con algo de hambre. Quedará suspirar porque Damien Jurado, tan habitual en los directos de por aquí, no tarde en dejarse ver de nuevo.

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