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Damien Jurado — Visions of Us on the Land

El refranero popular es muy sabio, dicen. Gran mentira esa. En realidad el refranero popular es una farsa. No te fíes nunca de él. Por cada refrán que muestre una realidad objetiva, habrá otros cuatro que fallen en sus predicciones. Por no hablar de que muchos de ellos directamente se contradicen. Por ejemplo, aquellos que rezan que “no hay dos sin tres” o “a la tercera va la vencida”. Reflexionemos, pues. Si a la tercera tentativa de algo esperamos obtener un resultado diferente al presumible fracaso de las dos previas, ¿a qué coño viene eso de no hay dos sin tres? ¿Mantenemos las esperanzas de conseguir un final alternativo o nos rendimos y aceptamos que el destino nos llevará por el mismo camino? Pues eso, un lío, una contradicción. No os fieis nunca de los refranes, esos sabios cabrones que intentan aprovecharse de tu buena voluntad a la hora de recordar las creencias populares.

Damien, la tercera de El padrino no era tan mala

En estas estaba yo, que soy muy de perder el tiempo en estupideces gigantescas, cuando me pongo a escuchar Visions of Us on the Land (Secretly Canadian, 2016), el duodécimo disco de estudio del estadounidense Damien Jurado. Un disco que cierra o no, una trilogía que he creado en mi imaginación. La conformada por Maraqopa, Brothers and Sisters of the Eternal Son, y el disco que hoy nos ocupa. Hasta la llegada del primero, la carrera del de Seattle había caído en cierta indiferencia para mi gusto. En un terreno de rutina monocorde en el que uno no esperaba poder encontrarse ya un oasis en el desierto. Comparación injusta, quizás, porque la discografía de Damien Jurado siempre ha tenido una factura más que notable, pero la sensación de que todo lo que se podía decir estaba dicho ya hasta la saciedad era evidente. Llegaba, pues, el momento de saber si no hay dos sin tres, o si a la tercera va la vencida.

Lo primero es dejar claro que sí, que Visions of Us on the Land continúa la senda de sus dos predecesores, principalmente la de un Brothers and Sisters of the Eternal Son con el que comparte hasta algún fragmento de canción (‘Silver Timothy’ — ‘Mellow Blue Polka Dot’), pero con todo el sumatorio final se queda un poco por debajo de sus hermanos mayores. Hablamos de un trabajo extenso, con 17 temas, sin incluir unas bonus-track con las que el disco se va a la hora y media de duración. Un disco en el que la voz de Jurado suena sucia, y en la que la colaboración de Richard Swift como productor empieza a ser un clásico. Tanto como los acordes que rumía una y otra vez Damien, los que dan inicio a una ‘Lon Bella’ de gran factura, o la enorme pieza minimalista de ‘Prisms’. Incluso con un cierto bajón de forma, a Damien Jurado le salen canciones estupendas como churros.

Buceando entre las aguas de Visions of Us on the Land, por momentos cristalinas y de repente fangosas y oscurísimas, nos encontramos momentos enormemente meritorios

Y es que cuando uno hace una valoración superficial el resultado final es ese: este disco mola menos que los anteriores. Pero buceando entre las aguas de Visions of Us on the Land, por momentos cristalinas y de repente fangosas y oscurísimas, nos encontramos momentos enormemente meritorios. Desde la breve energía inicial de ‘November 20’ a la fulgurante locura de ese cambio de ritmo en ‘TAQOMA’ o la cadencia enormemente atractiva de ‘Walrus’. Y debemos tener en cuenta que todos estos momentos tienen lugar antes de la llegada de ‘Exit 353’, que se utilizó como adelanto de este disco y que saca una rabia que pocas veces se deja ver durante el resto del minutaje. Colección suficiente para guardar a Visions of Us on the Land en una considerable estima.

6,9/10

Pero para ser homestos debemos decir que, entre esos 17 temas, existe un puñado que tan solo tiene función de relleno. O no, vaya, pero lo parece. Volvemos a la eterna conjetura de entregar un disco extenso y arriesgado, actitud enormemente aplaudible, o intentar ser más exigentes con la censura, lo que al menos para quien escribe hubiese tenido como resultado un disco a la par de sus grandes precedentes. Nos quedan, además de los dichos, momentos como ‘Kola’, que despide el álbum. Ese en el que Damien Jurado bajó un ápice sus aspiraciones recientes, pero sin dejar de lado esa posición de honor que ocupa en el folk de cantautor actual.

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