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Damon Albarn — Everyday Robots

Cuando se cumplen 20 años del lanzamiento de Parklife, estandarte del britpop donde los haya, viene Damon Albarn y pone en circulación el que, paradojas de la vida, es su primer disco en solitario, como tal.

Por fin, el ¿otrora? líder de Blur, se decide a lanzar Everyday Robots, su primer álbum sin esconderse detrás de ningún alias, colaborador o dibujo animado. Y claro, hablando de quien hablamos, sobra decir que esté ante ninguna prueba de fuego. Su trabajo le respalda y, las notas conseguidas con la mayor parte de los discos publicados lo avalan.

Damon Albarn no es Blur

Lo difícil es saber qué esperar de Everyday Robots, porque con un artista como este, que ha hecho prácticamente de todo y publicado música en casi todos los estilos habidos y por haber, lo complicado es imaginar por dónde te puede salir en algo que es, a la vez una opera prima y un enésimo disco.

Así pues, en el poliédrico prisma que conforma la personalidad musical de Damon Albarn hay lugar para lo que sea, pero lo que no hay ya es lugar para aquel adolescente que se podía permitir soñar tumbado en el césped. Los años que van desde sus comienzos en el britpop hasta lo que sea que se cueza actualmente en su cocina musical nos han dado para escuchar prácticamente de todo y para verlo colaborar con muchos y muy dispares artistas, pero de eso ya no queda casi nada en Everyday Robots… excepto la experiencia de una persona que, bien entrada en los cuarenta, lo ha vivido prácticamente todo, desde el éxito hasta las drogas.

Cuesta creer que el mismo Damon Albarn que escribía canciones divertidas y pegadizas en Blur y luego se volvía más urbano aunque manteniendo su toque en Gorillaz sea el mismo de Everyday Robots, pero es así.

El optimismo de las primeras obras de Blur se ha desvanecido, incluso siendo este un disco en el que se nos habla a ratos en clave autobiográfica, a ratos en clave crítica a la sociedad actual. Los recuerdos no son para los mejores momentos pasados en la vida. Son más bien para experiencias de esas que se te quedan grabadas en la retina para siempre, como una ola de calor, en ‘Hollow Ponds’, o su relación (y problemas, claro) con la heroína, reconocidos abiertamente en ‘You & Me’.

Everyday Robots: introspección sin alegrías

Con su brazo, Albarn barre de la mesa todo lo que supuso su primera etapa musical y lo sustituye por una mirada hacia adentro, hacia su propia vida y pensamientos, volviéndose introspectivo y crítico, como demostraba desde el primer adelanto del disco, el tema que le da título, ‘Everyday Robots’, que nos habla de los autómatas en que las redes sociales y las nuevas tecnologías nos han convertido, esos que ya casi no saben comunicarse en persona. O con ‘Lonely Press Play’, en el que se nos habla de la relación entre las personas con la tecnología de por medio. Un tono el del disco que sólo se rompe con ‘Mr. Tembo’, su ukelele y su coro infantil; una canción de inspiración africana con un elefantito cagón como protagonista, escrita para la hija de Albarn.

Pero esa es prácticamente la única alegre excepción, porque en Everyday Robots pasamos de los arreglos naturales de los comienzos de Blur, los electrónicos de Gorillaz o incluso de los tradicionales de los proyectos africanos de Albarn (testimoniales en ‘Mr. Tembo’) a un minimalismo sin artificios en el que no sobra prácticamente nada y en el que los únicos excesos que se permite el artista son quizás algún que otro coro gospel por aquí o por allá.

Para lo que sí hay lugar es para un par de colaboraciones como las de Natasha Khan, de Bat For Lashes en ‘The Selfish Giant’, otro introspectivo corte con la heroína como referencia, o la de Brian Eno en ‘Heavy Seas Of Love’, el cierre del álbum encargado de dejarnos con algo de optimismo a la espera de un nuevo trabajo de Albarn con menos sombras que luces.

8.2/10

En definitiva, Everyday Robots es un disco a medio gas, de velocidad, no de creatividad, porque, con el medio tiempo y la balada por bandera, Albarn no es el alma de la fiesta en esta ocasión que digamos, aunque sí entrega un material digno de todos los parabienes habidos y por haber. Con los temas bien distribuidos a lo largo del tracklist y al que sólo se le puede acusar de demasiada parsimonia, (quizás mejor disfrutarlo por capítulos que del tirón) aunque, cuando uno mira hacia dentro, mejor hacerlo con calma, como es el caso.

Albarn sigue en esa permanente lucha contra el encasillamiento en la que parece llevar años metido de lleno. Everyday Robots es un disco para minorías; no va a conseguir el reconocimiento de millones de fans como sí conseguía con Blur o Gorillaz, pero sí el de la crítica. Y sale triunfante, una vez más, con un disco que rezuma calidad por los cuatro costados y con unos temas muy bien elegidos por Richard Russell, de XL Recordings.

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