Dan Deacon — Gliss Riffer

Hay que ver lo que se ha avanzado en el mundo de la comida rápida. Porque mucho hablamos de lo rápido que va todo en la ciencia y eso, ¿pero en la comida rápida qué?. Hace años irte a cenar una hamburgesa era, básicamente, un recurso para pobres, pero que conseguía llenarte lo suficiente el buche para que tu larga noche de ingesta de alcohol tuviese las menores repercusiones posibles al día siguiente. Pero ahora uno va a comerse una hamburguesa y sabe a carne. Da para paladear, para relamerse bien a gusto. Ahí hay un trabajo, un cuidado, hay clase. Por mucho que le digas a tu madre que has comido una hamburguesa y te ponga cara de “¿quieres que te prepare algo?”.

La vergüenza la perdiste al darle al play

Después están los discos de consumo rápido. Aquellos que quizás no ocupen un puesto de honor en la estantería de tu salón, para que las visitas puedan ver que tienes cierto trabajo en su vinilo original, pero que los pones en un momentito y te alegran el día. Lo llenan de una locura incontrolable y te hacen bailar incluso aunque no quieras. Y bailar de forma compulsiva, como si nadie estuviese mirando. Lo que ha hecho (otra vez) Dan Deacon ha sido eso. Mejorar nuestro día, darle un revolcón de diversión y hacer de Gliss Riffer (Domino Records, 2015) un locurón desbocado que, sobre todo en su inicio, te hace olvidar cualquier mal existente.

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Lo que se desata desde ‘Feel the Lightning’ es un vendaval de fuerza, de cachondeo y de auténtico placer. Y eso que la canción que da inicio a Gliss Riffer no es la que lo acerca a su versión más demente. Para eso llega ‘Sheathed Wings’ y, ahora sí, la tormenta se desata. Te imaginas convulsionando de placer, llevando cada uno de tus pelos todo lo lejos que puedas de su nacimiento, de su raíz. Un estado de agitación psicomotriz extrañamente placentera. Como si Dan Deacon hubiese conseguido poner música de la mejor forma posible a la demencia, sin cejar en su empeño de llevarnos a su terreno, y celebrando con ‘When I Was Done Dying’ su particular danza de la lluvia, pero convirtiéndolo en un festival de camisetas mojadas.

Te imaginas convulsionando de placer, llevando cada uno de tus pelos todo lo lejos que puedas de su nacimiento, de su raíz

Pero es que tampoco todo en la vida va a ser cachondeo. Que Deacon demuestra que sabe ponerse el traje de los domingos y que le siente bien. De navegar por aguas más tranquilas sin dificultad y con cierta brillantez de la mano de ‘Meme Generator’, por mucho que los tornados posteriores, ‘Mind on Fire’ y ‘Learning to Relax’ sea donde Deacon da clases magistrales de manejo de timón. Él, como pocos, dominándolo todo entre el aparente caos. Sabiendo exactamente el lugar de destino y cómo llegar a él, pero aparentando que cualquier cosa puede pasar durante el camino.

https://www.youtube.com/embed/RtjS3KN162s

7.8/10

Entre los defectos de Gliss Riffer están sus dos cortes finales, mucho menos festivos, más arduos y que quizás no debieron ser enlazados en el tracklist. Se difumina levemente el enorme sabor de boca que estaba dejando, pero no tanto como para no ver que te lo acabas de pasar genial. Porque el consumo rápido de música ha pasado a un escalón más alto gracias a trabajos como los que viene entregando el de Baltimore, que mantiene un listón altísimo en todas sus ejecuciones. Quizás Gliss Riffer (seguramente, vaya) se quede un pelín por debajo de su anterior America, pero el aspecto es tan saludable, está todo tan en su punto, que no necesitarás ningún suplemento para acabar la mar de satisfecho.

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