“Dan Friel” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/650_1000_dan-friel-total-folklore.jpg" class=”centro” />

Continuamos dando pábulo al rico material que esconden en el sello Thrill Jockey. Esta vez a Dan Friel, un tipo que tiene pinta de estar bastante perturbado, haciendo música similar a la de Dan Deacon, el enano makinero de Pitchfork, según santa Hipersónica. En efecto, hablamos de otro lunático, de esos que se pasan el día rodeados de cableado vario, teclados de los ochenta y sampleando sonidos estúpidos que escuchamos centenares de veces en la vida cotidiana. Esto es lo que hace Dan Friel y lo que ha vuelto a retratar en Total Folklore, una fiesta de sintes, de pop, de noise, de drones y de Dios-sabe-qué.

Total Folklore, el parto de la criatura

Dan Friel te invita en Total Folklore a su colorido mundo a través de doce canciones hedonistas que como ya venía haciendo, resultan un compendio de pinceladas de géneros tan dispersos que jamás creerías que pudieran quedar apañados de una forma medio qué. Aunque lo sencillo es decir que estamos hablando de synth-pop, inditrónica o alguna etiqueta aberrante, lo cierto es que el de Brooklyn suena al enano makinero loco, el otro Dan (¿es Dan un requisito para hacer esta música?), a Holy Fuck y a Fuck Buttons. A la vez.

En otras palabras, la adicción del pop, la densidad del drone y los teclados analógicos y erráticos tienen aquí una asamblea conjunta. Y no sólo estos rasgos, también hay hueco para los sampleados. Como ya hiciera El Guincho grabando a animales de un zoo barcelonés, el estadounidense ha incluido en este trabajo sonidos tan variopintos como lo que se puede escuchar en una huelga de Manhattan, chavales jugando al baloncesto o un pachinko de Tokyo. De ahí parece claro que puede salir una relación amor odio fácilmente. De hecho al principio tuve mis momentos de sí, no, sí, no. Hasta que dije, “joder, es que es diversión pura”. No queda otra que apuntarse a la fiesta.

Dan Friel resucita de nuevo ese espíritu de sacrosanto amor por el sonido analógico, compartido a partes iguales con el que le profesamos a los sonidos de ocho bits. A todo esto, también hay que añadir que el pasado del artista tiene un importante peso en este proyecto. Porque también es miembro de Parts & Labor, formación en la que ya estaba desde antes de empezar en solitario. En ella, donde se dedicaban a darle caña al noise, tocaba el teclado, cómo no, además de se el vocalista principal, tocar la guitarra y otros chismes electrónicos. De ahí también ese toque de sucio noise en esta andadura en solitario.

Matasuegras, alcohol y pantalones de colores

Total Folklore es ese álbum que te llevarías para pinchar en una fiesta con tus amigos amiguetes (sin necesidad de quesean geeks), en un entorno cerrado donde sólo importa pasarlo bien hasta que el cuerpo aguante, impregnados de buenrollismo ilustrado, efecto que acaba por desatarse con la euforia que el disco rezuma. Si a esto le sumamos la irreverencia que desprende, obtendremos como resultado una pastilla repleta de ritmos pegadizos y cajas de ritmos que parecen rotas. Pero por encima de todo, un monumento al hedonismo.

Un hedonismo que empieza en el primer corte del álbum con ‘Ulysses’, una versión de doce minutos de la original, que procedía de su anterior EP. Es una jam errática y lenta, sin frenetismos; para eso ya está lo que continúa. Representando precisamente esa parte efusiva encontramos cortes repletos de buenas intenciones como ‘Valedictorian’, que estaba en el mismo EP que la anterior canción. El mejunje de sonidos sintéticos va aumentando cada vez, multiplicando su peso y por ende, la emoción.

Es la tónica habitual en los jitazos del disco. Simple, pero efectiva. Escúchese ‘Landslide’ para comprobarlo, los retorcimientos de la distorsión final, sometida bajo postulados drone, es sencillamente exquisita. A lo largo del álbum nos topamos con temas de esta índole, con algunos bastante destacables como ‘Scavengers’. Como ya hemos dicho, un larga duración muy disfrutable para los amigos de lo analógico, sonidos vintage con ocho bits. Para cerrar Total Folklore también hay que destacar la intensidad de ‘Badlands’, con esos momentos en los que su maquinita ochentera del Paleolítico podría estar a punto de estallar por forzarla.

Total Folklore es un álbum muy divertido, una idea de olla de uno de esos encantadores locos del teclado a los que miras entre fascinación y admiración, creador de rarezas con sabor a droga pop y a electrónica analógica cutre. Antes de que te lo pongas ya se habrá acabado, porque quitando el primer corte, el de la jam, pasa rápido y ni te das cuenta, porque a pesar del ruido al que te somete, es altamente adictivo. Sólo te falta el cono para darlo todo.

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments