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Dan Mathews — Do it all: ¿demasiado buen rollo para ser real?

Al parecer, no hay nada más veraniego que esos atardeceres brillantes y luminosos en los que quedarse en la playa y arrimarse al chiringuito a pedir otra cerveza, mientras una tímida brisa hace ondear tu pelo oliendo a salitre y se monta un corrillo en torno a una guitarra acústica, y en medio de esa felicidad, se entonan canciones buenrrollistas que enseguida levantan las palmas de esas simpáticas guiris a las que, cuando caiga la noche, intentarás llevarte al huerto. Bueno, pues esto tan mitificado es un cliché, inflado por la publicidad (no hace falta nombrar a cierta marca de cerveza que reedita un anuncio similar año tras año, ¿no?) y por los surfistas, como Jack Johnson.

Igualmente, y obviando ese mundo aparte que consituyen las canciones del verano, existe cierto pop de radiofórmula amable, inocuo y con frecuencia intrascendente que acaba por (intentar) transmitir idénticas sensaciones a través de canciones tan producidas, pulidas y herméticas que acabas pareciendo mala persona si dices en público que no te las crees, que se le notan los trucos por todas partes, y que tanta sobredosis de azúcar te produce sarpullido.

Vaya por delante que Dan Mathews no es Ben Lee, ni Jason Mraz, ni mucho menos, James Blunt, pero la (sobre)producción que padece el disco puede emparentarlo con estos músicos, cuando lo único que posiblemente pretendiese sería sonar lo más accesible y bonito posible. Porque, igual es debido a que nuestros cerebros ya se encuentren saturados de estas estampas tan prototípicamente veraniegas, pero el disco se acaba acercando más a Jack Johnson y los secuaces más amables, antes que arrimarse a Ben Harper, o, a nivel nacional, a L.A., cuando las canciones tienen mimbres para ello.

http://player.soundcloud.com/player.swf?url=http%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F13804677

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Porque no hay ningún problema en las canciones redondas, de estribillos pegadizos, ni siquiera en la intención por sonar en la radiofórmula, pero si se intuye que se han ido depurando los arreones de electricidad (quedan en pie ‘Giving it to you’, ‘We stay for a while’) y suavizando aquellos hirientes en los que uno mismo hurga en sus heridas (sólo parece tocar fondo en ‘Lopsided’, ‘Letting go’), se corre el riesgo de que todo parezca una pose, una impostura, algo preconcebido.

Y eso es algo que se aprecia de manera subyacente en un disco en el que emanan, con fuerzas semejantes, tanto el talento como una edulcorada producción a la que le falta cierta acidez para que empatice con la propuesta. Es decir, me quedo antes con ‘Under the bridge’ o ‘Cut your ropes’ que con ‘See the light’, ‘Do it all’ o ‘What do I really want?’. Aún así, destacable el debut de Dan Mathews en solitario, una vez disueltos Yoghourt Daze, aunque haya preferido optar por una producción cómoda a una arriesgada.

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