Daniel Brandt — Eternal Something

La calma dentro del caos. O algo así


La portada del debut del berlinés Daniel Brandt es enormemente simple. Y, al final, tiene todo lo que debe tener una portada. Capta tu atención, y de alguna forma transmite el mensaje de lo que acaba siendo el álbum. En este caso, una serie de elementos que acaban desarrollando unas propiedades ciertamente hipnóticas.

Brandt bebe de las influencias de los grandes maestros (muchos de ellos compratiotas) de la música electrónica de vanguardia, para dar a luz un trabajo arduo, difícil de clasificar y de esos que sabes que, de recomendarlo vivamente, te puede generar algún disgusto cuando algún lector te venga a pedir explicaciones.

Eternal Something (Erased Tapes, 2017) contiene los primeros ocho temas que Brandt, hasta ahora centrado en sus labores de productor o con su faceta electroacústica en Brandt Brauer Frick, ha compuesto en solitario, en la campiña alemana en la que su padre le cedió un estudio y en la que empezó a jugar con una idea simple que acabo envolviéndose de secciones de viento y cuerda, para acabar en estos tres cuartos de hora de notable intensidad ambiental.

Brandt sacude unos cimientos de hace medio siglo y mete de un golpe seco a los Kraftwerk más experimentales en 2017, de la mano de temas tan redondos como ‘Kale Me’, inquietante y voraz, o de una ‘Chaparral Mesa’ que marca el inicio, la puerta de entrada a un caos. Uno de esos que te deja desorientado cuando acaba, incluso con una sensación por momentos desagradable, de desasosiego. Como esa montaña rusa que quizás sea un poco demasiado para ti, pero a la que no puedes evitar seguir subiendo varias veces.

Como el riesgo, aunque no siempre, a menudo va acompañado de recompensa, entrar en el mundo de Brandt también tiene la suya. Desde los arranques tribales y energéticos (que no enérgicos) de ‘Eternal Something’ a ese final algo onírico, más clásico, elegante y realmente bello con ‘On the Move’. Puede que me acabéis insultando al final del disco, o que vengáis aquí a decirme que qué razón tenía, el jodío. Pero me voy a arriesgar: dedicadle tres cuartos de hora de vuestra vida a esta locura, creo que lo agradeceréis.

7,77/10

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