Lo digo así, antes de nada, porque me gusta ser sincera: soy de esa generación que conoció a sir David Bowie a través del MTV de Nirvana. Desde entonces, me gustó Bowie. Me gustó mucho, pero no lo idolatré. Siempre supe que me faltaba algo para comprenderle del todo. Hace un par de años, esto me agobiaba mucho. “Joder, a todo el mundo le flipa Bowie, ¿qué es lo que yo no entiendo?”. Escuché su discografía en repetidas ocasiones y acabé por concluir que los ochenta me parecieron un completo desastre, los setenta una completa maravilla y cada una de sus apariciones fuera de su proyecto principal, una absoluta delicia. Soy de esa generación que conoció a Bowie a través del MTV de Nirvana y por primera vez no me avergüenza decirlo. Esto es así, porque resulta que David Bowie ha creado una obra para los que como yo, tardamos años en comprender su legado. Un precioso índice en el que perderse. Pero también un epílogo para los fans desde el que reconstruir su obra. Escuchándolo del derecho, del revés. Parándose para encontrar las referencias. Contemplando durante horas las portadas de sus anteriores trabajos para comprender mejor la de este. Y, además, resulta que The Next Day es un disco soberbio.

Yo soy el puto David Bowie ¿quién eres tú?

Coged papel y lápiz. Anotad rápidamente los nombres de vuestros grupos favoritos de los setenta que aún tengan miembros en activo. Tachad los que hayan muerto, los que no saquen material nuevo o los que lo saquen, pero no llegue ni a “meh”. A mí me sale algo así: Leonard Cohen y su magnífico Old Ideas, Bob Dylan y su excelente Tempest, Neil Young y sus Le noise y Psychedelic Pill. Y ahora, David Bowie y su The Next Day. En el caso de Bowie, “su primer disco en diez años”. Ahí es nada, pero como bien dijo @probertoj visto en retrospectiva, en realidad el Duque Blanco siempre estuvo ahí. Él mismo, se encarga de informarnos de ello en el primer y enérgico corte con su espectacular estribillo, un ritmo que recuerda claramente al Bowie de ‘Rebel Rebel’ y unas letras que disparan directamente a las entrañas de su propio personaje.

Here I am / Not quite dying / My body left to rot in a hollow tree / Its branches throwing shadows / On the gallows for me / And the next day / And the next / And another day

Las referencias

Desde que allá por enero conocimos la portada de su nuevo trabajo, era evidente que iban a estar, como el omnipresente saxo de Steve Elson que se doma y se retuerce en la hipnótica y sorpresivamente waitsianaDirty Boys’. Pero ¿qué importancia tendrían estas realmente en The Next Day? Ahora sabemos que las referencias están, se palpan como guiños, y que han venido aquí como ejercicio de transparencia (apúntante esa, Mariano) y catarsis personal. El que habla en ‘The Stars (Are Out Tonight)’ es D. Robert Jones bajándose del escenario del Reality Tour. Es el hombre tras el cristal tintado de sus propios discos, Heroes, el “Ziggy Stardust” o Scary Monsters (otro de los que se barajó inicialmente para la portada), da exactamente igual. El mismo que recorre la ciudad que una vez retrató partida en dos por un muro, y a la que vuelve para hablarnos de todas las historias muertas que la recorren en ‘Where Are We Now?’. Rescatando en el camino, claro está, el sonido más glam de aquellos años de la trilogía berlinesa, como por ejemplo en la poderosa y extrañamente actual ‘Love Is Lost’.

https://www.youtube.com/embed/QWtsV50_-p4

Las no-referencias

Digo extrañamente actual porque si hay algo que sorprende es la frescura con la que David Bowie se mira en su propio espejo. Incluso en el que a mí me gustaría que se empañase más (el de sus ochenta), es capaz de sacar lo mejor de lo que ha sido, para traerlo a lo que es ahora. Se nota en la consecución de ‘Valentine’s Day’ con ‘If You Can See Me’, por ejemplo. Ambas ochentarias a muerte, cada una en su estilo, pero deudoras de un sentido de la épica posterior al Bowie de Let’s Dance o Tonight. Algo que se palpa en los coros a lo Arcade Fire de la primera y las bases rítmicas que hacen imaginar un Thom Yorke bailongo, de la segunda.

¿Sobran minutos?

Sin embargo, hacia la mitad del disco, los catorce temas que contiene en total, se notan. Hay algo en ‘I’d Rather Be High’, ‘Boss Of Me’ y ‘Dancing Out Of Space’ que hace que suenen por debajo del nivel del resto del disco. Los esfuerzos anteriores están ahí, pero no son suficientes. Ni si quiera en ‘Boss Of Me’, mi favorita de las tres por poseer algo entre la visceralidad de ‘The Hearts Filthy Lesson’ y el rock equilibrado de Scary Monsters, la voz de Bowie logra transmitir la fuerza que requiere un tema tan abiertamiente rockero. Sin embargo, no todo termina por ser malo, a favor está, precisamente en ‘Boss Of Me’ esa increíble simbiosis alcanzada entre la línea rítmica y la parte de saxo.

Visconti y Jones, Jones y Visconti

Y es que, a estas alturas de la película, ya podemos decirlo bien alto: The Next Day suena al mejor Bowie y esto es así porque es Tony Visconti el que está al mando. Si no, de qué, ese subidón de ‘How Does The Grass Grow?’, genuina, histriónica y con ese breve guiño en forma de synth a la época de Space Oddity. O las potentísimas guitarras de ‘(You Will) Set The World On Fire’, como si The Man Who Sold The World hubiese fagocitado a Let’s Dance y ambas referencias se proyectasen jóvenes y furiosas sobre la guitarra de Earl Slick.

Un disco que se entiende mejor desde el final

I can see you as a corpse / Hanging from a beam / I can read you like a book / I can feel you falling / I here you moaning in your room / Oh, see If I care / Oh please, please, make it soon / Walls have you cornered

Hay algo en los dos últimos cortes de The Next Day que conecta al Bowie de la trilogía de Berlín con el Bowie de ahora de forma mucho más poderosa que los reflejos a su yo del pasado en los temas anteriores. Se trata del uso que D. Robert Jones hace de su propia figura elegante, de su lírica excelsa y grandilocuente, poniéndola al servicio del sentimiento colectivo de desamparo y de soledad. Es ese tono solemne, casi de homilía que hay en ‘You Feel So Lonely You Could Die’, pero también esa otra oscuridad que duele como si el perro de la portada de The Seer le clavase sus colmillos al Scott Walker del pasado y de ahí saliese ‘Heat’: “soy el profeta, pero soy un mentiroso”, dice Bowie en este último tema. Como si alguno de los verdaderos mentirosos que hoy nos rodean, fuese tan impostado como alguno de los personajes del inglés. Como si alguno de ellos pudiese -quisiese- redimirse.

Los pasadizos que nos llevan a lo más evidente

8.5/10

Decía al principio que soy de la generación que conoció a Bowie a través del MTV de Nirvana y que, por primera vez no me avergonzaba decirlo, porque precisamente The Next Day había llegado para atar por fin todos los cabos. En él hay pistas hacia todos los Bowies pasados, pero también pasadizos hacia el hombre que hay detrás del personaje, trucos que terminan por demostrarse revisiones honestas de lo que ha significado su figura en la historia de la música. Sin embargo, lo más importante sigue siendo la música. Más allá de la importancia del nombre, no hay revista, ni libro de historia del rock que explique ese clic que suena a eso de la tercera o cuarta escucha de ‘You feel so lonely you could die’; ni blog especializado, ni crítica (incluída esta) que describa por qué he bailado sobre la silla todas las veces que ha sonado ‘The Stars (Are Out Tonight)’. Bowie ha vuelto y lo ha hecho a lo grande. Como un libro abierto, lleno de espejos y páginas en blanco en las que reflejarse y reinventarse sin llegar a hacerlo del todo. Y es que, al fin y al cabo, la grandeza de Bowie siempre ha estado ahí. En todos los sentidos posibles.

https://www.youtube.com/embed/gH7dMBcg-gE

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