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David Lynch — The Big Dream: el gran tostón

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David Lynch, sin película desde 2006 parece haber encontrado en la música otro medio de expresión con el que entretenerse. De acuerdo, nunca le ha sido ajeno, y siempre ha andado trasteando con las bandas sonoras de sus propias películas, pero con la publicación de Crazy Clown Time, muchos pensamos que estaríamos ante uno de esos trabajos anecdóticos, que no pasarían del mero pasatiempo, pero nos equivocamos.

Nos equivocamos porque han hecho falta menos de tres años para que el moderno hombre del Renacimiento se decidiera de nuevo por el formato largo, y The Big Dream es el resultado.

David Lynch y la música: una nueva obsesión

The Big Dream son 12 temas, aunque su duración apenas sobrepasa los 45 minutos, a los que hay que sumar ese bonus junto a Lykke Li que ha servido como adelanto. Y lo más llamativo de este segundo trabajo en solitario de Lynch es el giro hacia terrenos más orgánicos y menos electrónicos.

Para este nuevo esfuerzo, aunque sigue muy presente la programación, ésta ha cedido gran parte de su peso a instrumentos de cuerda y percusiones no sintéticas, siempre en pos de revivir el blues de los años 50… desde su personal y lynchiano punto de vista, claro.

Así, The Big Dream se convierte en un apéndice de esas atmósferas y ambientes que Lynch nos ha mostrado una y otra vez en sus obras audiovisuales; dejando a un lado esta vez los aires dream pop y centrándose en un estilo que cuadra mucho más con la personalidad artística que le conocemos a Lynch.

La mezcla entre esa instrumentación retro y la electrónica, levemente insinuada en unos temas (‘Say It’, ‘The Big Dream’, ‘Star Dream Girl’) y en otros verdadera protagonista (‘Wishin’ Well’, ‘The Line It Curves’) es quizás de lo mejor en este segundo álbum del cineasta. Una mezcla de modernidad y de echar la vista atrás que produce las habituales imágenes evocadoras y enigmáticas, propias de la obra lynchiana, y que funciona, pero sólo en pequeñas dosis, pues este disco tiene en su monotonía y su introspección sus mayores defectos.

The Big Dream: peñazo de proporciones cósmicas

Es muy difícil tener claro si ya hemos pasado de un corte a otro. Por un lado, sus temas pesados (no en el mal sentido, sino en el sonoro, el de las atmósferas que se pueden cortar con cuchillo) se hacen demasiado similares unos a otros, y por otro, la voz excesivamente distorsionada de Lynch, que no es desagradable pero si bastante pesada (y esta vez si hablo en el otro sentido de la palabra) hacen de The Big Dream un verdadero reto para todo aquel que se proponga tragárselo de un tirón.

Además, si en Crazy Clown Time contábamos con varias voces y colaboraciones, en este segundo disco, Lynch ha preferido echarse todo el peso vocal a sus espaldas y el resultado no se puede tildar más que de contraproducente y aburrido.

Ni siquiera el interés que despierta el saber que Lynch se ha atrevido a versionar ‘The Ballad Of Hollis Bronw’ de Bob Dylan (Youtube) consigue levantar el disco al llegar a su quinto corte. Y ojo, que este es uno de los mejores cortes del álbum, pero el director de cine se lo lleva tanto a su terreno que ese interés se diluye completamente al darnos cuenta de que perdido en esa maraña de voces distorsionadas es simplemente un tema más de The Big Dream, destacando poco más que por su reconocible letra.

Posiblemente, uno de los aspectos que podríamos considerar más interesantes en un álbum de estas características y viniendo de un artista como Lynch fueran esas letras, a veces cantadas, otras recitadas y las menos susurradas, pero en ellas, que además, increíblemente, tampoco son gran cosa, tenemos el defecto de no poder entender mucho de lo que Lynch canta, debido a su peculiar voz y al excesivo tuning al que se la ha sometido.

Es por eso por lo que llama la atención que, el mejor tema del disco, sin posible discusión, el bonus con el que se cierra, ‘I’m Waiting Here’, la única que cuenta con una voz invitada, la de Lykke Li, se haya relegado precisamente a la categoría de bonus y se encuentre ahí, escondida al final del tracklist, como si no fuera digna del resto del disco.

Cosa que choca además con el hecho de haber sido elegida como primer adelanto del álbum. Pero incongruencias aparte, está claro que, si en The Big Dream hubiéramos encontrado más momentos como este, más colaboraciones de la talla de esta, la cosa hubiera sido distinta y este disco habría estado, como mínimo, a la altura del anterior.

Así que, nos quedamos como nos quedamos, con un disco que, escuchado entero se hace un verdadero tostón difícil de superar, mientras que si se escucha por temas sueltos, al menos no peca de esa monotonía.

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Y por supuesto, lo mejor lo tenemos al final, con la arrolladora personalidad de la voz de Li, más arrolladora si cabe, tras una sesión de tres cuartos de hora escuchando al distorsionado señor Lynch.

Así que, si de verdad este moderno renacentista quiere seguir con la música (el hecho de que publique ya en su propio sello, Sacred Bones, dice mucho de sus intenciones) a nosotros, los que estamos en este lado, el de los oyentes, nos toca esperar que se deje caer con trabajos más variados y con otras voces para otorgar algo más de variedad a su música; si no, estaremos ante trabajos que sólo se cotizarán bien entre los incondicionales del cineasta, más para minorías incluso que el primero o, sobre todo este segundo, porque, lo que está claro es que, este, es su gran sueño, no el nuestro.

The Big Dream, tracklist

01. The Big Dream
02. Star Dream Girl
03. Last Call
04. Cold Wind Blowin
05. The Ballad of Hollis Brown (Bob Dylan cover)
06. Wishin’ Well
07. Say It
08. We Rolled Together
09. Sun Can’t Be Seen No More
10. I Want You
11. The Line It Curves
12. Are You Sure
13. I’m Waiting Here [feat. Lykke Li] (Bonus Track)

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