“Dayna Kurtz — Another Black Feather” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/Daynakurtz-Anotherblackfeather.jpg" class=”centro” />

Postcards from Downtown, debut de Dayna Kurtz, fue lo mejor que le ocurrió a mi corazón (parte bohemia) allá por 2003. Mientras unos creían encontrar al sucesor de Jeff Buckley en los primeros Coldplay (sólo por la voz), la realidad era muy distinta y una mujer recogía la pasión por la música tradicional norteamericana del malogrado cantante y también su capacidad para transmitir emociones. Es algo que también la colocaba cerca de Joni Mitchell, el gran mito de las cantautoras estadounidenses.

Postcards from Downtown unía, además, a los sonidos más profundos de las tierras de EEUU con las músicas más exquisitas del continente europeo. Así se confeccionó uno de los mejores discos de aquel año, pero Dayna Kurtz apenas consiguió repercusión en su tierra. Tras un buen disco de versiones, Beautiful Yesterday, la chica que recorrió las polvorientas carreteras de su país con sólo su guitarra volvió a recoger las influencias de todos estos años y dio a luz otro magnífico álbum que, en diez canciones, hace de puente entre dos culturas hermanas, pero alejadas política y geográficamente.

Europa y EEUU, sus músicas y sus diversos acentos, quedaron de nuevo atrapadas entre los 43 minutos que forman esta pluma negra. Como una Nueva Orleans hecha mujer y que no hubiese sido devastada por el infortunio y la estupidez política (Another Black Feather se grabó con el Katrina recién ocurrido, como demuestra la excepcional ‘Nola’), Dayna Kurtz creó la banda sonora del piano bar en el que desearías ahogar tus penas si amas a Nick Cave, te gustan Giant Sand y vas buscando por la vida quien te dé lo mismo que el Leonard Cohen menos cariacontecido (el de ‘Dance Me To The End of Love’, por ejemplo) o sensaciones como las que habitan en las mejores canciones de Cat Power, Mary Gauthier, Rickie Lee Jones.

Dayna Kurtz: el camino fascinante

it’s the day of atonement, 2001

and i’m sorry for anything i might have done

i’m sorry for everything we’ve left to do

i’m sorry we’re still so confused

well, i never had faith — so, we’ll never be safe

we never were safe anyway

it’s just that the veil was ripped from our face

on such a beautiful day

Mucho menos rock que sus discos anteriores, y con más torch-songs por segundo, también menos jazzy pero más bohemio (excepto en All Over Again, que deja a Norah Jones por los suelos), Another Black Feather deja patente que Dayna Kurtz es uno de los talentos más infravalorados de la primera década de siglo, una inmensa cantautora que ha mimado sus canciones de amor, lágrimas, países lejanos y milagros.

Los meandros de este disco lo mismo la colocan en el folk de ‘Venezuela’, en el sonido cowboy de ‘Another Black Feather’, en las letanías de hoguera de ‘Banks of The Edisto’ o incluso acercándose a un Nick Cave que se hubiese propuesto ser banda sonora de Emir Kusturica (la tristísima y abigarrada ‘It’s the Day of Atonement, 2001'). En Another Black Feather hay espacio para la ternura, pero sobre todo para el adiós y el arrepentimiento. Un disco hermoso que, por desgracia, creo que se ha oído muy, muy poco y que se cierra por todo lo alto con una ‘The Miracle’ fascinante, metida para siempre en esa lista vital de canciones que me ponen los pelos de punta.

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