Escéptico y esperanzado estaba hasta hace unos días al respecto del debut del nuevo ‘supergrupo’ del Metal latinoamericano De la Tierra. Escéptico por la pereza que me dan las comuniones de nombres, como si la música no dependiese de intangibles, y esperanzado porque, a pesar de todo, algunos de los nombres incluídos en el proyecto me hicieron rememorar algunos agradables momentos de mi adolescencia. Así de contradictorio es esto.

Una vez he podido masticar el álbum lanzado por el sello Roadrunner Records puedo deciros que la sensación vencedora en el enfrentamiento ha sido la esperanza aunque con algunas visibles reservas que os relataré a continuación. Esperanza no tanto porque le augure un largo futuro al proyecto (eso nunca se sabe) sino porque al fin aparece un proyecto latinoamericano digno de un pasado comandado por bandas de la altura de los brasileños Sepultura o Soulfly y los argentinos A.N.I.M.A.L. Y claro, en este punto los nombres que componen De la Tierra no dejan margen a la casualidad.

Andreas Kisser de Sepultura a la guitarra, Andrés Giménez de A.N.I.M.A.L. al micro y a la guitarra rítmica, Alex González de Maná a la batería y Sr. Flavio de Los Fabulosos Cadillacs al bajo componen un combinado heterodoxo por su historial en la base rítmica pero increíblemente sólido una vez el debut homónimo arranca, recuperando Kisser la virulencia de sus riffs en el pasado y corroborando González que es un batería de primer nivel desaprovechado por el rock ñoño de Maná.

Como no puede ser de otra manera el terreno escogido por el cuarteto es el Groove Metal que popularizaron dos de sus miembros en sus míticas bandas pero con alguna reminiscencia (core) aparentemente inevitable en los tiempos que corren y que, personalmente, es uno de los factores que menos me han agradado del álbum. Medios tiempos densos, riffs a medio caballo entre el Death y el Thrash dependiendo de la ocasión y una base rítmica aplastante y que, por momentos, recuerda a tiempos de los Sepultura de Chaos A.D, suponen la base de un álbum que se deja escuchar del tirón a pesar de que pasado el ecuador los esquemas utilizados se convierten en repetitivos.

Mitología latinoamericana y drogas psicotrópicas, contestatarismo revolucionario y defensa de la raiz precolombina del continente suponen el núcleo de la historia que De la Tierra pretenden contarnos en un álbum que sorprende por lo fresco de su inicio pero que acaba sumiendo en cierto letargo por lo repetitivo que acaba siendo, probablemente por la escasa participación en labores compositivas de los músicos ‘no metálicos’ del combinado y, quizás, el empeño de Kisser y Giménez en sonar aplastantes, cuestión que obliga a echar de menos los momentos más introspectivos del grupo principal del vocalista argentino, los cuales nos regalaron temas tan reseñables como ‘Gracias Doy’ o ‘Cinco Siglos Igual’ del álbum Poder Latino.

A nivel individual, y como se desprende de lo que ya os he contado hasta el momento, Alex González y Sr. Flavio están brillantes en la constitución de la base rítmica y Andreas Kisser sorprendente de inicio con el vigor de sus riffs. Sin embargo, Andrés Giménez está más flojo de lo acostumbrado a la voz, abusando demasiado del piloto automático y denostando alguno de los matices que lo convirtieron, en mi opinión, en uno de los mejores cantantes del Metal en español de la década de los noventa.

6.8/10

En cualquier caso, De la Tierra dejan un sabor de boca mejor de lo esperado rayando a gran altura en ‘Rostros’, ‘San Asesino’ o ‘Fuera’ y quizás demasiado previsibles en otros como ‘Maldita Historia’ o ‘Detonar’, donde los temas parecen sacados directamente del manual del Groove Metal. No aportan nada que no hubiesen mostrado los iconos del Metal Latinoamericano a finales del siglo pasado pero sirven de recordatorio de que el Groove no es patrimonio del norte del continente.

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