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Death Cab For Cutie — Kintsugi

Death Cab For Cutie han vuelto después de cuatro años con Kintsugi (Atlantic, 2015), quizás el álbum más autobiográfico de toda su carrera y conducido más que nunca por Ben Gibbard, tras el anuncio de abandono del guitarrista y productor de la banda, Chris Walla. Aunque Walla sí que ha interpretado las canciones del álbum, las que serán las últimas junto a los DCFC, no lo ha producido, y esa pieza clave en el proceso de creación de un disco, ya ha marcado una diferencia con respecto a los trabajos anteriores.

El Kintsugi es el arte japonés de arreglar fracturas de piezas de cerámica con barniz de resina y polvo de oro, así se señalan las cicatrices y se embellece la pieza. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas son parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, poniendo de manifiesto su transformación y su historia. No hay mucho que descifrar cuando escuchas las canciones del álbum si tienes presente lo que el Kintsugi significa. Lo que algún día fueron letras que querían contar mucho más de lo que entendíamos, se han vuelto ahora más cercanas que nunca. Este álbum habla de desmoronarse, romperse en pedazos, abrazar las propias imperfecciones y recomponerse. Para ser más fuertes.

Encajar las piezas y seguir

Tras conseguir el pop de altura que muchos grupos ansían con Transatlanticism (Barsuk Records, 2003), después de tres trabajos que habían ido marcando esa meta, no eligieron el camino fácil. Plans (Atlantic, 2005) fue un álbum maduro, de recogimiento, en el que fueron más fieles a sí mismos que al éxito. Y después de eso, llegaron pasos arriesgados, pero prescindibles esta vez, que los alejaron de lo emotivo. Ahora, vuelven con un disco en el que su cambio de rumbo nos deja reconocerlos bastante bien pero con el que quizás se acercan más que nunca a lo que siempre han querido evitar: la melancolía y los sonidos limpios.

Lo que muchos les reprocharon en sus últimos trabajos fue eso de hacer álbumes líricamente densos y musicalmente aburridos. Kintsugi todavía tiene algo de eso, pero no tanto como para entender el álbum como otro paso en falso. Death Cab For Cutie están en ese pequeño grupo en el que podríamos incluir a bandas que dan lo que necesitan dar en cada momento sin que importen las consecuencias y por eso se han encargado de recordarnos, por si hay algún despistado, que otra vez debemos juzgar el disco “por lo que es y no por lo que queremos que sea”.

El sólido compendio de melodía, letra y voz sigue presente. Death Cab For Cutie conocen y dominan el poder de la canción, no tanto el del disco

Ahí siguen sus composiciones rectas y las letras llenas de ironía y tristeza de sus mejores tiempos. Pero por primera vez, parecen menos frágiles. El sólido compendio de melodía, letra y voz que siempre los ha identificado, sigue presente, aunque sea solo por momentos, en sus canciones. Y digo por momentos, porque quizás este disco me está dando la razón, Death Cab For Cutie conocen y dominan el poder de la canción, no tanto el del disco. Echad un vistazo si no a toda su discografía, reprochadles todo lo que queráis, pero no me digáis que no encontráis siempre esos minutos de máximo disfrute sin complicaciones, de emociones extremas, esos que son justos herederos de Transatlanticism, como este tema, este o este otro. Como miel para los oídos.

El corazón roto de Gibbard es el protagonista de muchas de las canciones de este Kintsugi, recordemos que su divorcio con Zooey Deschanel fue muy sonado en el 2012, y nos conduce por el optimismo camuflado de ‘No Room In Frame’ (“And we’ll both go on to get lonely with someone else”), el resentimiento de ‘Black Sun’ (“How could something so fair, be so cruel”) o el bajón emocional de ‘Little Wanderer’, con el que se acercan peligrosamente a Coldplay (Uooooh).

Tras pasar el ecuador del disco, hemos escuchado casi todas las innovaciones en cuanto a estilo por parte de los de Bellingham, pero ‘Hold No Gun’ llega justo a tiempo, con un tempo detenido y tranquilo para llevarnos a lugares conocidos y agradables. ‘Evetyting’s A Ceiling’ y ‘Good Help (Is So Hard To Find)’ muestran ritmos más bailables y eufóricos, con más fuerza en las guitarras y en los sintetizadores, llegando a coquetear con el dream-pop. ‘Binary Sea’ cierra el disco y nos deja con el desconcierto en el cuerpo. Puede que sea porque cualquier balada al piano que compongan sea comparada inmediatamente con esta otra o porque simplemente ese undécimo corte suena innecesario en un disco que parece que solo disfrutaremos a corto plazo.

7.4/10

Pero Death Cab For Cutie nunca han necesitado álbumes memorables para que sus trabajos sean bonitos. Su encanto descansa sobre sus aciertos y sus defectos, que son parte de su larga historia, esa que siempre han sabido asumir y continuar. Sus pasos les han llevado a lo inevitable del cambio y así recomponen ellos sus cicatrices, pero dejando que las veamos, como manda el Kintsugi.

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