“Daba igual lo que Jesse y yo hiciéramos, o la escala de éxito que alcanzáramos, porque siempre se iba a hacer alguna referencia a Death from Above 1979. Resulta frustrante porque es bastante vago. Así que vamos a sacar el disco y si la prensa reacciona en plan ‘no era lo esperado’ o cosas así, podremos decir que, joder, era lo que estabais pidiendo”.

Han pasado diez años desde que Death from Above 1979 se estrenaran con You’re A Woman, I’m A Machine (2004, Vice Records), y un poco menos de tiempo desde que el público en general descubriera verdaderamente una obra que, dadas las circunstancias, estaba destinada a convertirse en trabajo de culto. Con el dúo separado por cuestiones personales y eternamente señalados como “los tipos que antes eran DFA 1979”, ese aire de culto en torno a dicho álbum no ha hecho más que crecer.

Al final, no les quedó más remedio que aceptar a regañadientes los hechos y dar la razón al público, que supuestamente siempre la tiene, reuniéndose para el directo primero y metiéndose al estudio después en busca de un segundo disco que todo el mundo (a excepción de ellos dos, parece ser) deseaba ver convertido en realidad. Las declaraciones del batería Sebastien Grainger que encabezan estas líneas son una buena muestra del cierto aire de desgana con que afrontaron este trabajo, como el que se levanta resignado un lunes más para ir a la oficina.

The Physical World (2014, Last Gang) es el resultado de este atípico momento vital para la pareja, así que no sorprende el aire claramente conservador que desprenden sus once canciones (exactamente las mismas que el debut) que alcanzan los treinta y cinco minutos de duración (sí, una vez más, prácticamente igual). Las similitudes entre ambos discos no se limitan a lo puramente métrico: en líneas generales, la apuesta sonora es seguir muy cerca de donde lo dejaron hace una década, buscando así contentar a los seguidores ansiosos de más punk con espíritu bailongo. Visto lo visto, ¿quién podría culparles por ello?

Ellos se han hecho mayores, nosotros también, y una vez más no tiene sentido buscar culpables en esta situación

El resultado es un trabajo que cumple a la perfección con su cometido, llegando a brillar en momentos muy puntuales como ‘Right On, Frankenstein!’ o ‘Gemini’, posiblemente la pieza que queda más anclada en la esencia del sonido Death from Above 1979, pero que en absoluto consigue ser esa fiesta casi constante, ese estimulo imparable para el oyente que era su debut. Ellos se han hecho mayores, nosotros también, y una vez más no tiene sentido buscar culpables en esta situación. Porque a pesar de que mis palabras puedan transmitir frialdad, he de volver a insistir en que no se trata ni de mucho menos de un pinchazo; es un buen disco.

https://www.youtube.com/watch?v=KfsXiRZvGi0

7/10

Es justo admitir que, entre tanto apostar por lo seguro, nuestros queridos canadienses también se atreven con algún gesto novedoso como esa ‘White Is Red’ que será lo más cerca que les veamos de hacer una balada o ese arranque 8-bit que le dan al corte que comparte nombre con el disco. Son en cualquier caso ejemplos aislados dentro de un elepé con el que cualquier seguidor del grupo conectará de forma rápida, casi inmediata, aunque sin esperar que esto traiga unos niveles de pasión irrefrenables. Conociendo las circunstancias, creo que nos podemos dar por satisfechos.

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