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Deathspell Omega — Paracletus: el fin de los días no será televisado

A los franceses Deathspell Omega es difícil seguirles la pista, tanto que se me había escapado hasta ahora que el pasado mes de noviembre lanzaron su quinto disco. Estamos ante una formación totalmente atípica, y más ahora en los tiempos mediáticos que corren, donde conocemos hasta el último paso dado por la estrella musical de turno. En cambio, de este grupo (o colectivo creativo, como ellos se definen) no se conocen ni los nombres reales de los músicos que lo forman, más allá de unos cuantos rumores que nunca han sido confirmados.

La formación no ofrece actuaciones en vivo, y ni siquiera tiene una web oficial que informe mínimamente de ellos. Este aura de misterio que han sabido preservar desde hace ya trece años viene que ni pintada para el intrincado black metal que practican, asentado en esa rama que se conoce como ortodoxa por sus letras elaboradas, que exploran la religión y el satanismo desde planos más filosóficos que la habitual banalización para la pose que practican muchos grupos del género.

Considerados pretenciosos a causa de todo esto y rechazados por muchos seguidores del metal extremo, lo cierto es que toda la parafernalia que se mueve en torno a Deathspell Omega se justifica plenamente gracias a una impresionante trilogía de discos que se cierra con Paracletus. Dicha trilogía se inició en 2004 con el magnífico Si Monumentum Requires, Circumspice, que suponía un salto de gigante con respecto a sus dos primeros elepés al enriquecer enormemente el sonido de la banda, haciéndolo más complejo y con fuertes dosis experimentales. Tres años después, Fas — Ite, Maledicti, in Ignem Aeternum supondría un excelente punto central para esta ambiciosa serie de lanzamientos.

Paráclitos de la destrucción

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No es nada casual la elección del nombre de este álbum, que hace referencia al griego paráklētos, una de las formas con que se conoce al Espíritu Santo, tercer componente de la Santísima Trinidad cristiana. Otra visión a tres bandas realizada por esta trilogía es su particular estudio de la relación entre Dios, Satán y el hombre, tomando como importante referencia el trabajo del filósofo francés Georges Bataille. La interpretación de sus letras resulta en cualquier caso algo complicada, y más cuando se meten por medio el francés y el latín.

En comparación con sus dos inmediatos predecesores, Paracletus supone una acentuación del cariz más técnico y brutal de los franceses, pero también una disminución de sus pretensiones experimentales. Sigue estando presente su aproximación al ideario progresivo, pero se pierden por el camino cantos gregorianos y otros interludios por el estilo que aportaban ese punto de distinción a Deathspell Omega dentro del panorama black metal.

No estamos ante un regreso pleno al sonido de sus primeros álbumes, pero sí podemos decir que voluntariamente han vuelto a embrutecer su propuesta, desproveyéndola de las piezas más accesorias para devolver el protagonismo a la potencia máxima. No se molestan ni en recurrir a las clásicas introducciones de corte orquestal del género, arrancando con la directa y enganchando un tema con otro sin dejar un segundo de respiración al oyente. De esta forma, el álbum se concibe como una pieza única y extremadamente robusta con las concesiones justas.

La fuerza bruta al servicio de la música

https://www.youtube.com/embed/bIPSqcGj–I

Los cuarenta y dos minutos de descarga casi continua que forman este trabajo son menos ricos que lo escuchado en sus dos predecesores, pero eso es porque en este caso la música no se pone tanto al servicio del panfleto teológico que defienden. Siguen apostando por el debate religioso como concepto de fondo, pero éste no condiciona tan fuertemente el transcurso del álbum. Paracletus es más fácil de disfrutar sin tener que entender qué es lo que pretenden contarnos con sus letras y sus notas.

Para mi gusto queda un poco por debajo del resto de la trilogía, pero entendiéndolo como una parte del todo se complementa bastante bien, aportando la faceta más cañera y demoledora. Temas como ‘Dearth’ o ‘Apokatastasis Pantôn’ ayudan a reducir el amperaje global con las fases más progresivas, pero son minoría en un conjunto dominado por la tormenta black metal que se apoya en un trabajo técnico de libro y un sonido perfectamente depurado para las circunstancias. Intentar imaginar cuál será el siguiente paso de este colectivo es imposible a día de hoy, pero con esta tríada de álbumes nos han concedido, desde vaya usted a saber qué rincón de Francia, una de las piezas más destacadas de la historia del metal extremo.

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