Halcyon Digest, último disco de la novela-río que está protagonizando Bradford Cox en la música actual, me recuerda por qué Deerhunter no son ni remotamente parecidos a los Drums. No hablo de melodías o similitudes musicales, sino de esencia: si lo de los Drums en su debut homónimo es un pastiche, lo de Cox, en sus distintas personalidades, no. Para el que no entienda la diferencia, he aquí su último disco, piedra Rosetta del concepto arqueológico llamado Deerhunter.

Si ha habido algo que me molestase desde que empezamos a oír voces de que Deerhunter eran lo más han sido quienes han querido venderlo como un nuevo paso adelante. Considero que su disco más arriesgado formal y estilísticamente, Cryptograms, es también el fallido, el que les puso límites. A Deerhunter, a Bradford, lo que se les da bien es el reciclaje inteligente, y tras poner patas arriba el recuerdo noventero con Microcastle/Weird Era Cont., ahora nos venden, y los medios con ellos, la moto de que los 80 son su nuevo santo y seña.

Halcyon Digest, el grower del año

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Que no te equivoquen: por mucho que los citen, poco vas a aprender aquí de esa máquina de hits difíciles que son XTC. Lo cual no quita para que este no sea el disco más quebradizo y psicodélico de ese personaje de cuadro del Greco convertido en músico indie que es Bradford Cox.

Su virtud no sólo es ésa, sino sobre todo ser el disco que más crece con las escuchas de cuantos he oído este año. Halcyon Digest es un grower en estado puro, un álbum que al principio parece mucho menos de lo que es, quizás sepultado por el recuerdo de Microcastle o incluso de Rainwater Cassette Exchange EP. Estos eran muy buenos, pero no se tarda mucho en darse cuenta de que Halcyon Digest también. Por su planteamiento y por lo que se oye cada vez que lo pones.

Halcyon Digest: canción a canción

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Y de lo que se oye, mi memoria se queda con esto:

  • 1. ‘Earthquake’. Son cinco minutos de bruma narcótica, suficiente para que nada más entrar en él ya parezca que éste es el disco ambiental de Deerhunter. Es también otro acierto a la hora de abrir un disco de un grupo que no suele fallar en la secuenciación de sus obras. Da gusto ver cómo se deshace entre capas ese “how long was he”: esto es más shoegaze que los shoegazers de ahora.
  • 2. ‘Don’t Cry. Es el primer ejemplo de por qué XTC están presentes en muchas críticas del disco. Pop sesentero y luminoso pasado por un filtro entre lo fantasmal y lo directamente raro.
  • 3. ‘Revival’. Cuando conocimos los primeros detalles de Halcyon Digest, parecía un single extraño: muy bueno, pero algo alejado de lo que el grupo es en sí. Ahora, como tercera canción del disco, su tono licuado y glam, sus preciosos coros y su ligereza, la convierten en una de las mejores canciones de una carrera que no anda precisamente falta de ellas.
  • 4. ‘Sailing’. De las que se hacen difíciles de entender en todo su esplendor en las primeras escuchas, ‘Sailing’ parece un pegote tal y como está colocada en el disco: no es ni final de cara A en el vinilo, y parte el álbum por la mitad al poco de haber comenzado con él. Quizás por eso mismo llame tanto la atención hasta descubrir que no podría estar en otro lado.
  • 5. ‘Memory Boy’. En un disco de marcado sentimiento pop, resulta gratificante ver que Bradford ha apelado a todas las madres del cordero, incluso a la Velvet Underground, que es a lo que suenan muchos tramos de la fantástica quinta canción del álbum.
  • 6. ‘Desire Lines’. Single clarísimo, especialmente si su mercado va a ser su tradicional público indie, la sexta canción del disco le cede, en su recta final, todo el protagonismo a Lockett Pundt, guitarrista de Deerhunter y responsable de una parte de guitarra que es oro: nada exhibicionista pero muy de quitar el aliento. Como las que hacía Sterling Morrison para la Velvet y que luego Television reinterpretaron tan bien.
  • 7. ‘Basement Scene’. La canción que menos me gusta del disco, pese a las referencias a los Everly Brothers. Psicodelia lentorra y quemada por el sol. Me funciona mejor si la escucho sola que en el contexto de Halcyon Digest.
  • 8. ‘Helicopter’. Hay quien dice que parte de la culpa de este disco habrá que adjudicársela a Ben Allen, que por primera vez produce a Deerhunter. Y es cierto que canciones como la inicial ‘Earthquake’, la final ‘He Would Have Laughed’ o esta misma tienen en su colchón sonoro su máximo atractivo. En todo caso, ‘Helicopter’ es ya, y como se adivinaba las primeras veces que pudimos oírla en vivo, una de las grandes canciones de la historia de Deerhunter.
  • 9. ‘Fountain Stairs’. Si faltaba alguien por citar en todo el santoral de los 80, ésos eran los hermanos Reid. ‘Fountain Stairs’ comienza sonando a los Jesus & Mary Chain más luminosos, los de, por ejemplo, ‘Head On’ o ‘Happy When It Rains’, y luego adquiere madera de himno.
  • 10. ‘Coronado’. Es el momento más glam de un disco que ya con ‘Revival’ como primer adelanto parecía anunciarse así. Al final, Halcyon Digest apenas tiene espacio para estas escapadas setenteras que citan al Bowie más exitoso. Una banda indie tiene que estar muy en estado de gracia para que les siente bien hasta el saxo.
  • 11. ‘He Would Have Laughed’: El tributo a Jay Reatard no puede ser más acorde con el personaje al que representa, incluso aunque musicalmente esté en las antípodas de los discos que dejó antes de morir. Sus siete minutos de juegos con el pop respiran libertad y ganas de divertirse, de no tomarse nada demasiado en serio, no vaya a ser que se vuelva en nuestra contra. Es, quizás, el mejor ejemplo de que la experimentación que Deerhunter muchas veces han buscado sin éxito en el ruido la tenían más a mano y mejor ejecutada en el pop.

8.5/10

Quizás, al final, la única intención de Bradford y Deerhunter no sea ni imitar ni innovar, sino capturar el espíritu de sus propios mitos. Algo de eso ha logrado: llegados a este punto, de Deerhunter también se puede decir, como de las mejores bandas del underground de los 80, this band could be your life.