Poco o nada tiene que ver ponerte en casa un disco de Deerhunter a verles en directo. Muy brutos, extraños, perturbadores, hipnóticos. Una escalera de caracol de hora y media en la que puedes ascender, descender, pero nunca detenerte. Cada recoveco, cada escalón, tiene una función y no hay dos iguales. No sabes a donde te va a llevar pero la experiencia es bastante más placentera que hacer ese mismo trayecto dentro de un ascensor.

Uno tiene la sensación de que está ante algo muy grande, de reencontrarse con Joy Division, Jesus & Mary Chain, The Velvet Underground, incluso Iggy Pop. Todos ellos están en alguna medida en Halcyon Digest, un repaso a los ochenta, los noventa, que, como muy bien citó Probertoj cuando habló de su último disco, podría ser tu vida.

Bradford Cox tuvó una extraña fijación con un pequeño pez de goma al que no paró de golpear, en cuanto tenía ocasión, para que se le encendieran los ojos, hasta el punto de que al comienzo del concierto estrenando ’60 Cycle Hum’ parecía que este era el único problema técnico que les impedía avanzar. Solucionados estos problemas de sonido, ya con ‘Desire Lines’ nos atraparon por completo. Como me gusta esta canción.

Me sigue sorprendiendo los mil giros que pueden dar los de Atlanta dentro de la misma canción. Pasar de la mayor de las calmas a un estruendo brutal, soltarte una bocanada de aire retro como ‘Revival’ o ‘Don’t Cry’ y sumergirte en el futuro con todas las texturas sonoras que encontramos en ‘Helicopter’ y ‘He would have laughed’ que parecen provenir de otro planeta. Creo que es precisamente eso lo que les hace tan grandes y convierte a Halcyon Digest en uno de los mejores discos de los últimos años.

En él basaron buena parte de su setlist y yo encantado. No faltaron temas anteriores como ‘Rainwater Cassette Exchange’, ‘Hazel St’ y ‘Little Kids’, dejando para los bises ‘Agoraphobia’ y ‘Octet’. Mucho ruido y muchas nueces, noise, pasajes muy oscuros, shoegaze. Josh Fauver se pasó buena parte del concierto tocando de espaldas o mirando fijamente al público con la cabeza ladeada y ojos de ido, completamente estático. Había momentos en los que no te podías creer que esos cuatro individuos tan paraditos fueran capaces de llegar a alcanzar esa intensidad. No necesitan otro tipo de espectáculo que no sea su sonido.

Impresionante también la labor de Moses Archuleta a la batería, golpeando sus mazas de forma magistral, dotando cada pasaje de una majestuosidad que los hace únicos. Hoy los tenéis en Madrid (Natxo Sobrado ya está todo nervioso) y os aconsejo que no os los perdáis por nada del mundo, aunque supongo que las entradas estarán desde hace tiempo agotadas. En Bilbao seguimos sin llenar.

Y mucha atención a los teloneros, Lower Dens. Yo no les conocía y me quede impresionado. Hasta el punto que ahora no tendría la menor duda de ir a verlos a ellos solos. Un joven cuarteto de Baltimore que publicó el pasado año su disco debut Twin-Hand Movement, al que creo que es obligatorio pegarle una buena escucha. Shoegaze oscuro, en algún momento me recordaron a The xx, y la cautivadora voz de Jana Hunter, quien ha colaborado en alguna ocasión con Cocorosie y Devendra Banhart. Disfrútenlo tanto como yo, al final tampoco hay tantas oportunidades de gozar en un bolo de esta manera.

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