Hay pocos grupos que tengan en su mano la posibilidad de hacer todo cuanto se les antoje. Menos aún los que, además, lo hacen bien. Deerhunter son uno de ellos. En Monomania, que no saldrá publicado oficialmente hasta mayo pero que ya está filtrado, veníamos avisados: Bradford Cox quería recoger el legado del rock and roll. El de toda la vida. El que loaron Espanto el año pasado. Estas sólo son unas primeras impresiones del nuevo disco del grupo. La crítica llegará más tarde. Aquí sólo encontraréis pinceladas de un trabajo, otra vez, fenomenal.

Monomania: I’m in love with rock n’ roll

  • Neon Junkyard: Monomania se abre con la que, para mí, es una de las canciones más acertadas de toda la carrera de Deerhunter. Adiós a las texturas psicodélicas y a la arquitectura pop que dominaba el ambiente en Halcyon Digest. Deerhunter se han pasado al garage nocturno de verdad. Y Bradford Cox parece comodísimo en su nuevo papel de trovador del rock n’ roll. ‘Neon Junkyard’ camina a paso lento, pero no demasiado, preñado de grandes melodías. Esto es Monomania y así va a seguir siendo.
  • Leather Jacket II: caos, distorsiones, drogas, juventud, diversión. Bradford Cox se maneja a las mil maravillas en todo tipo de terrenos. ‘Leather Jacket II’ es la interpretación perfecta, marca de la casa, del legado de los Modern Lovers. Algo de eso podíamos encontrar ya en la recta final de Halcyon Digest, pero aquí Cox se ha tomado el rock n’ roll por la vía tremenda. Guitarras estridentes y ruidosas pero desde los postulados lisérgicos de Deerhunter. Uno de los grandes momentos de Monomania.
  • The Missing: Monomania es un disco repleto de virtudes, pero no está exento de defectos. A mí me sucede esto en todos los discos de Deerhunter. Hay momentos muy brillantes, pero otros que no lo son tanto. En el caso de Monomania, funciona peor cuando Deerhunter tratan de recuperar el halo preciosista y psicodélico de sus anteriores trabajos. ‘The Missing’ pasaría por un descarte de Lotus Plaza y corta de raíz el deslumbrante inicio del disco. Aunque, eh. Esto sigue siendo Deerhunter. La canción es buena. Claro que lo es.

Gram Parsons y los Byrds

  • Pensacola: pero es lo mismo, porque Deerhunter han guardado algunas sorpesas alucinantes en Monomania. ¿Eráis capaces de imaginar a Deerhunter tocando reinterpretando el country? Si lo érais o no, es lo mismo. Bradford Cox ha decidido hacerlo. Y el resultado es ‘Pensacola’, que se fija en Gram Parsons y en los Byrds quintadimensionales. Es una canción fabulosa, que huele a clásico a kilómetros, pero que en manos de Deerhunter se convierte en una bomba de relojería.
  • Dream Captain: a mí me importa que te importe el rock n’ roll, y si no sois capaces de comprender por qué la nueva deriva de Deerhunter es tan grande como las anteriores es porque no quisisteis entender nada de lo que cantaban Espanto. Dream Captain es mi canción favorita del disco porque lo tiene todo: a Cox cantando como el mismo Jagger; a Deerhunter bebiendo del Exile on Main St.; a la guitarra de Lockett Pundt dibujando por encima de la canción. Deerhunter son actitud. Deerhunter son rock n’ roll.

No frenéis, Cox, no frenéis

  • Blue Agent: Monomania es un disco tobogán. En general es más que notable, pero a ratos va y a ratos viene. Va en las dos canciones anteriores. Y viene en las dos siguientes. ‘Blue Agent’ rompe radicalmente con la tendencia de ‘Pensacola’ y ‘Dream Captain’ y opta por una progresión delicada, rozando lo épico, que a mí particularmente me sienta como una pedrada en la entrepierna. Es cierto que tiene su momento, especialmente hacia el final, pero rebaja la euforia de un disco que crecía a cada canción y que, hasta aquí, presenta una primera parte impecable.
  • T.H.M.: Con ‘T.H.M.’ me pasa algo parecido. Estos son los Deerhunter más Deerhunter. Si sois de los que vais a criticar el nuevo espíritu rebelde de Bradford Cox es bastante probable que os guste mucho ‘T.H.M.’. A mí, pasado el aburrimiento inicial, me resulta a cada escucha más cómoda. Pero se queda ahí: no transmite demasiado, no resulta excitante, tampoco es especialmente brillante creando texturas sonoras. Anticipa, eso sí, otro gran momento de Monomania, y por eso, quizá, a mí me haya resultado tan estorbo.

Quiero una motocicleta

  • Sleepwalker: escuchando las canciones de Monomania me entran ganas de comprarme una motocicleta. Y guardarla en un garage. Y vivir en un garage. Y hacer mucho ruido. Y armar mucho jaleo. Y vestir una chupa de cuero. Y dejarme el pelo largo. Aún más largo. Las tres canciones que suceden a ‘T.H.M.’ resumen el espíritu juvenil que cantaban Mike Kennedy: “quiero una motocicleta que me sirva para correr”. Y quién no. ‘Sleepwalker’ es la primera rueda y la mezcla perfecta entre los Deerhunter de toda la vida y los nuevos Deerhunter. Cuando Bradford Cox hablaba de garage nocturno hablaba de esto. El éxtasis final es sencillamente apoteósico.
  • Back To Middle y Monomania: los Deerhunter más brutos y efervescentes que escucharéis jamás. ‘Monomania’ termina con el sonido de una motocicleta, y no se me ocurre mejor homenaje al rock n’ roll que ese. Están inspiradísimos cuando arman un jaleo tranquilo y destartalado en ‘Back To Middle’ y la violencia del punk, interpretada desde la óptica Deerhunter, hace de ‘Monomania’ un alegato repleto de furia. “Monomania, monomania, monomania”. Cox se deja la garganta repitiendo la palabra, y vosotros deberíais hacer lo mismo. Aquí hay ruido del bueno para dar y vender, para incendiar el mundo.

Y Johnny cogió su guitarra acústica

  • Nitebike: el rock n’ roll también es cantar las penas de tu vida amorosa. Largarse con una guitarra acústica y hablar lacónicamente de lo dolido que estás, de lo difícil que es todo. Es una boutade, obviamente, pero la necesitas. Algo de eso se palpa en ‘Nitebike’, cuando Cox coge la guitarra acústica y arrastra sus lamentos entre el reverb, en lo más parecido a una balada que encontraréis en Monomania.
  • Punk (La Vie Antérieure): un cierre, otra vez, magnífico. Si Halcyon Digest se cerraba con una de las mejores canciones de su carrera, Deerhunter retoman otra vez la vía del country y de las raíces de la música norteamericana en ‘Punk (La Vie Antérieure)’. El punto idóneo entre relajación terrenal y psicodelia cósmica. Marca de la casa de Cox, que ya ha explorado esos caminos en Atlas Sound. Aquí escupe palabras sobre el micrófono mientras el ambiente se acelera y se vuelve, cada vez, más adictivo. Un crecimiento glorioso que bien podría ser el resumen de la carrera de Deerhunter: crecer, crecer y crecer hasta que el mundo estalle ante discos tan bien planteados como Monomania. Están en un estado de forma envidiable. Todo lo que hacen lo hacen bien. Y nosotros que nos alegramos.

Deerhunter en Hipersónica