Un disco grabado por las noches y con una portada de luces de neón. Bradford Cox sostenía en una entrevista reciente para Mojo que el rock’n’roll es el lenguaje de la noche y Monomania, el nuevo disco de Deerhunter, está escrito con ese lenguaje y por narices ha de sonar justo así. Justo cuando el mundo parece haber aceptado el dream-pop como género masivo (anuncios para coches, ahí es nada), el grupo con la mejor evolución del indie-rock USA de este milenio decide que por las noches no se sueña: se toca fuerte, se sube el fuzz y se tienen ganas de juerga.

En ese disco de garage que llega del grupo del que pocos querían que hiciese garage (la senda de Halcyon Digest era más apetecible, más masiva) se esconde, curiosamente, otro de los temas clásicos del pop: el concepto de que una relación fallida te enseña que nunca podrás ser normal y que no tendrás una vida “decente”.

Monomania: la cuchilla en tus oídos

come on god hear my sick prayer
if you can’t send me an angel
if you can’t send me an angel
send me something else instead

send my heart to the sea
oh the empty sea
well there’s a light in the core
and there’s nothing left no more
no more no

if you can’t choose me
if you can’t see
well there’s a light in my heart
and it’ won’t be there tomorrow

Bradford habla en las entrevistas promocionales de Monomania de que quien le ha inspirado el disco escuchará sus canciones y será como si una cuchilla le rasgase los oídos. Si Monomania habla de estar cerca de gente que no sabremos cuándo acabará, pero sí sabemos cómo (mal), personas que no necesitan que las destruyan, porque ya están hechas mierda por propia iniciativa… ¿podría el sonido evadirse de eso? No lo parece, de hecho en bastantes ocasiones la música de Deerhunter en este disco es música que se lanza a sí misma al abismo: ahí queda el derrotero final que toma la canción titular, o el groove macarra y distorsionado de ‘Leather Jacket II’. Si hay que vestirse de T. Rex, se hace, porque un disco así lo necesita. Y quien se vista de Marc Bolan y sepa hacerlo con gracia, ya tendrá medio camino andado (quinto evangelio apócrifo del r’n’r).

“Oye, Dios, si no puedes mandarme un ángel, mándame algo que lo compense”, le dice Bradford Cox a un dios en el que no cree. Ese algo que lo compense, ese “manda mi corazón al mar”, es la manía repetida, única, sobre la que se construye un disco lleno de rencor, de gente incompleta. En ese sentido, Bradford sigue tocado por el drama del pop: el deseo de que a la persona que nos ha tratado mal le pase algo horrible, pero a la vez la sensación de que se sentiría culpable si así fuese. ‘Back To The Middle’ señala con el dedo:

Back in the middle

Everyone knows your name now

It’s all accidental

Your love is such a sick, sick game

How could he?

The basic way you used me

Why does it have to be so brutal?

Back in the middle

Take me where I can see some stars

Take me to your cabin

Like you promised so many times

You and me

You broke free

You broke me

And you left me these little pieces

Deerhunter, pedazos rotos del hi-fi

For a month I was punk

I remembered all my drunk

Younger days in a daze

I would spend my empty days

For a week I was weak

I was humbled on my knees

Pray to God: “Make it stop

Help me find some relief”

For a year I was queer

I had conquered all my fears

Not alone anymore

But I found it such a bore

Pero un disco de gente hecha mierda y, en última instancia, risible (‘Punk’ es una sitcom cantada), un disco que una apuesta por lo crudo y lo urgente, no es uno que implica irse al lo-fi. Es fascinante lo cuidadas que están las canciones de Monomania: en principio parece sólo un disco sucio, pero la primera impresión pronto se transforma en otra cosa.

‘Neon Junkyard’ con sus ecos y sus cintas al revés, con su ritmo nocturno y su plenitud melódica, marca el camino a seguir: uno abigarrado y lleno de matices. Sólo así se puede solventar en este álbum un giro folk-rock como el que se coloca justo en la mitad del recorrido de Monomania. ‘Pensacola’, ‘Dream Captain’… Deerhunter siendo, sí, los R.E.M. del nuevo milenio. Si algún día se animan a hacer su Green, tengo por seguro que darán el salto.

Porque puede que el sonido de Monomania sea áspero, pero el corazón es absolutamente pop, lo más pop que Deerhunter han hecho nunca, por más ‘The Missing’ sea la única canción que se quita los bordes y deja de pinchar. Curioso que ésa sea también la única canción de Pundt… y también la preferida del padre de Bradford Cox. Pero aquí, en medio de besos de alambres de espino, hay una buena cantidad de hits enérgicos, falso power-pop y, afortunadamente, ni rastro del dream-pop. Cuando éste ya comienza a dar pesadillas, Deerhunter nos rompen la cintura a todos y nos meten un golazo.

8.9/10

Hace dos años, con la salida de Halcyon Digest, Deerhunter rendían homenaje público a su amigo Jay Reatard, alguien con tanto talento para esto del rock’n’roll como capacidad para polarizar a quienes le veían: tipo violento o encantador según quien hablase de él. “Él se habría reído”, decía el grupo de Bradford Cox mientras entonaba una canción donde lo shoegaze acababa por desaparecer en medio de un vaivén psicodélico maravilloso. Ahora, con Monomania, parece como si hubiésemos llegado al momento en que Jay no se habría reído, sino que estaría ya mismo dispuesto a tocar todo este disco en directo. Y darse de hostias por él.

Deerhunter — Monomania Tracklist

  1. Neon Junkyard
  2. Leather Jacket II
  3. The Missing
  4. Pensacola
  5. Dream Captain
  6. Blue Agent
  7. T.H.M.
  8. Sleepwalking
  9. Back To The Middle
  10. Monomania
  11. Nitebike
  12. Punk (La Vie Antérieure)

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