La verdad es que cuando uno se pone ante el tema de los derechos de autor, es difícil tomar parte hacia uno u otro lado. Las cosas siempre tienen dos caras, dos perspectivas distintas y yo desde luego, veo motivos para estar de parte tanto de los creadores como de los que consumimos cultura, pero pongámonos en antecedentes.

Si habéis estado atentos a las noticias últimamente, sabréis que recientemente, en Europa, se aprobaba la ampliación del periodo en el que se deben respetar los derechos de autor para las obras audiovisuales, pasando de 50 a 70 años; y aún así, dista mucho de los 95 años que se preservan estos derechos en Estados Unidos.

Desde luego, hay que partir de una premisa bien clara: el trabajo es de quien lo hace, por mucho que se trate de obras intangibles. Pero las formas en que se hacen las cosas dejan claros los intereses de quienes están detrás, y eso cambia nuestro punto de vista, o al menos lo matiza.

Pero claro, una cosa es dar el derecho sobre sus creaciones y el dinero que generan a quien las crea o interpreta y otra cosa muy distinta dárselo a quien gestiona los derechos sobre dicha obra.

Siempre he sido de los que ha pensado que a los artistas hay que apoyarlos, comprando sus obras, que al fin y al cabo son su forma de vida, su producto, (por fea que quede esta palabra asociada a la música) lo que venden al mundo, al igual que otros venden cosas mucho más tangibles. Aunque también he tenido siempre claro que, de esos discos que compramos, es una parte ínfima la que acaba en manos del artista, y la mayor parte se la queda el sello que gestiona la venta de su trabajo, con el que firmo un contrato cediéndoselos, en una época en que las cosas se hacían de otra forma y no se tenía ni los medios ni la conciencia que se tienen hoy. Pensemos al menos en que esa parte sigue yendo a ese artista cuando estemos dudando si comprar un disco o no.

Al césar lo que es del césar y a los artistas lo que les pertenece

Si uno es creador de una idea, debe poder hacer con ella lo que le parezca oportuno, y si lo oportuno es cobrar por ella, creo que está en su derecho. Ahora bien, de lo que precisamente solemos quejarnos muchos en las, hoy día habituales, discusiones sobre derechos de autor y piratería (como se le suele llamar), es de que, al final, los artistas cobran muy poco por esos derechos sobre su propia obra, ya que dicha obra suele estar en manos de sellos discográficos y entidades de gestión que reparten más bien poco y entre pocos y los menos beneficiados en esta industria (otra palabra bastante fea para estas cuestiones, aunque pertinente) son precisamente los creadores de las obras. Y al final, todos estamos de acuerdo en que nos importaría mucho menos pagar si lo que entregamos a cambio de nuestra música fuera íntegra y directamente al artista: sin intermediarios.

Maticemos aquí que, por lo general, los derechos de autor están en manos de los sellos con los que los artistas firman el contrato, y los que realmente perderían su derecho sobre esas obras tras el paso de esos mencionados 50 años en Europa serían en su mayoría, los sellos que gestionan los derechos, no los autores. Una cosa es el derecho del creador y otra el del interprete.

No es lo mismo ser intérprete que creador. Los creadores ya tenían reconocidos 70 años de derechos sobre sus obras, como es el caso, por ejemplo, de los Beatles, que casi siempre compusieron sus propios temas y tan sólo al principio de su carrera hicieron composiciones de otros. Los que comienzan a tener problemas al llegar al final de los 50 años son los intérpretes, que tienen derechos sobre sus canciones, pero no sobre la composición que interpretan (ya que ésta en realidad pertenece a quien lo compuso).

Al acabarse esos 50 años de los que hablamos, las que realmente están perdiendo son las discográficas, ya que se quedan sin sus derechos sobre colecciones de temas de los cuales gestionan los derechos, y estos pasan a ser de dominio público.

Pongamos un ejemplo, por si a alguien no le queda claro. Digamos que me da por coger mi Mac con Garage Band (o mi PC con Fruity Loops, no se me alboroten por “fanboyismo”, por favor) y crear una estupenda interpretación del clásico popular ‘El Corro De La Patata’ (gran hit de su tiempo, por cierto). Dicho tema no me ofrece ninguna clase de problema ya que es de dominio público, y cualquiera puede hacer uso del mismo. Ahora bien, yo adquiero unos derechos de 50 años sobre esa interpretación, y nadie puede copiarla, reproducirla o versionarla sin mi permiso, o, en caso de haber dejado los derechos sobre mi interpretación en manos de alguna entidad que los gestione, sin el suyo. Y en caso de que yo fallezca durante esos años, la discográfica puede quedarse con todo lo que se obtenga, sin tener que pagarme el porcentaje que estipulamos en nuestro contrato de cesión de derechos.

A pasar por caja 20 años más

Así que, estaréis de acuerdo conmigo en que, no hay nada de malo en que un artista cobre el tiempo que sea necesario por su trabajo. Me da igual que sean 50 años que 100 (si es que los vive) siempre que sea él quien cobre, claro, pero ¿qué os parece que el sello en cuestión siga lucrándose una vez fallecido el artista?

¿Acaso 50 años cobrando por un mismo producto no eran suficientes? Parece claro que no, que para algunos no es suficiente, por ello, los que ya conocemos todos, esos lobbys de los derechos de autor y los sellos discográficos tenían tanta prisa por solucionar esta situación: había que poner remedio antes de que la cosa se convirtiera en una verdadera sangría económica, (los temas de los 60 están empezando a pasar a ser de dominio público) y así se ha hecho.

Por eso, sin dejar apenas lugar al debate o a las votaciones el Europarlamento aprobaba la semana pasada una ampliación de 20 años del periodo en que los derechos de los intérpretes pueden ser reclamados, pasando dicho periodo de los 50 a los 70 años, aunque las pretensiones iniciales eran las de equipararnos con los escandalosos 95 años americanos.

No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que los argumentos que se han esgrimido, sobre que la esperanza de vida ha aumentado son más que vergonzantes. Sólo hay que pararse a pensar cuántos de los artistas que perderían sus derechos en fechas próximas seguirán vivos cuando acaben esos 20 años de más. Pocos, y menos si hubiéramos llegado a los 95 que se pretendían. Así que el objetivo estaba más que claro; lo importante es evitar que el flujo de dinero cese, aunque sea por obras y artistas más que amortizados. Cuando se agoten esos plazos, el dinero (íntegro, si no lo está ya) quedará en manos de sus herederos o las gestoras que estén al cargo, así que al final, detrás de todo esto están los de siempre.

También se nos dice que con esto, los intérpretes podrán cobrar durante más tiempo, asegurándose retiros más dignos, pero, por un lado: ¿es que para ellos no hay pensiones? Y por otro: ¿es que no sabemos que esto es simplemente una maniobra camuflada de los de siempre? ¿Para quién es realmente ese buen retiro?

Maniobras así nos dejan claro que nunca podremos llegar a poner nuestro cd favorito de los Beatles en una boda, por ejemplo, o al menos con todas las de la ley, porque siempre podrán estar ahí, acechándonos los que todos sabemos, por si acaso se nos ocurre hacer tamaña tropelía.

No os quejéis: podría haber sido peor

Eso sí, al menos esta medida tiene un lado bueno ya que también se ha aprobado que las discográficas queden obligadas a tener siempre en catálogo las obras sobre las que poseen los derechos. Siempre debemos tener acceso a esas obras, si no, el artista que les cedió los derechos (si aún vive, claro) podría recuperarlos y podría hacer con su trabajo lo que le plazca. Desde ese punto de vista, salimos ganando; las discográficas tendrán que invertir dinero en editar esas obras, y no simplemente atesorarlas a la espera de que les convenga publicarlas, aunque en ello no obtengan beneficios si luego no se venden. Eso sí; ya veremos cuántas lo cumplen, claro.

Si con cosas como estas pretenden que abandonemos nuestras creencias de que hoy por hoy, en el mundo de la música casi todo se hace por el vil metal, creo que están un poco equivocados. Medidas así no hacen más que ensuciar el mal nombre que hoy día ya tiene la industria y reforzar nuestras creencias, nuestras sospechas, porque, cuando el río suena agua lleva, pero es que hay veces que es el agua (y no el río) lo que suena, claramente.

Por todo ello, creo que se deben respetar los derechos de los autores e intérpretes, está claro y fuera de discusión. Cada uno debe cobrar por lo que trabaja, pero ¿quiénes y hasta cuando pueden estar cobrando por lo mismo? Realmente, como os decía al principio, no tengo las ideas muy claras al respecto, pero de lo que no tengo duda alguna es de que no quiero que el dinero que pago por un disco o canción de hace más de medio siglo vaya a parar a las manos de ejecutivos sin escrúpulos que no conocen más música que la de la campanilla de la máquina registradora. Así que, se agradecen vuestras opiniones, que si hay alguien que nos pueda clarificar las cosas con sus ideas o conocimientos, será más que bienvenido.

En Hipersónica | La SGAE y la operación Saga: las opiniones después de la tormenta, ¡Quiero una SGAE real, ya! [por Joan Vich]

Fotos | MikeBlogs (I), Ioan Sameli (II), rebopper (IV) y opensourceway (V), bajo licencia Creative Commons en Flicker

Subscribe
Notify of
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments