La diva norteamericana de origen griego ataca con Guilty Guilty Guilty, un disco en directo acompañada únicamente por su piano y un repertorio de clásicos que ella interpreta, dramatiza, pervierte y reconstruye desde su particular óptica. Pero Diamanda Galás ha ido cambiando progresivamente los alaridos y gritos de antaño por gruñidos y sonidos onomatopéyicos igual de inquietantes.

La de San Diego mantiene desde 1979 una actividad alejada de los enconsertamientos comerciales y por eso su público es tan poco convencional como ella misma. Pianista clásica de formación y dotada de una voz dramática, casi de contralto y terrorífica, como si hubiera salido de una película del expresionismo germano, su The Litanies Of Satan (1982) pasa por ser el cuaderno de bitácora de su carrera.

Ahora, tras Defixiones Will And Testament y La Serpente Canta, nos encontramos con este ‘live album’, registrado en la Knitting Factory neoyorkina el 14 de febrero de 2006, que hace el número decimoséptimo en su discografía, en el que esta diva de lo tenebroso y del lado oscuro ataca y derriba una serie de estándares de country, jazz y blues.

Resulta escalofriante escucharla en ‘O death’, de Ralph Stanley con su voz de tres octavas y media, algo al alcance de muy pocos mortales. Lo mismo sucede con el resto del repertorio de aquella tarde, tocando el piano con una asombrosa técnica tenebrista, sea en ‘8 men and 4 women’, de V. Wrigth, ‘Long black veil’, de Johnny Cash, ‘Interlude (Time)’, de Timi Yuro, que también hicieron Morrissey y Siouxsie Sioux, o ‘Down so low’, de Tracy Nelson. Cierra con ‘Autumm leaves’, de Edith Piaf, que es lo más amable de un disco en el que hay que decir que te queda mal cuerpo tras escucharlo.

Sitio oficial | Diamanda Galás

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