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Dick Diver — Calendar Days: recuerdos que estaban hechos de esto

Parece mentira que tantos años después de la invención del pop aún surjan grupos, de tanto en cuanto, que parezcan condensar la esencia de la música y de la vida. Tan sencillo como imposible es el segundo disco de Dick Diver. Como la primera vez que escuchas a Yo La Tengo, como todas las veces que vuelves a The Pastels: flechazo al corazón inmediato. Una vez más, pasó en Melbourne: Dick Diver vienen de allí, como también vienen Pop Singles, Boomgates, Twerps, Bitch Prefect o Peak Twins. Una vez más, pasó en algún momento indeterminado de tus recuerdos, o pasará: Dick Diver se dirigen allí, henchidos de melancolía pop y de melodías para sacar brillo a los días más grises imaginables. Siempre es una vez más porque el pop tiende a repetirse, pero pocos géneros lo hacen con tanta gracia como él.

Calendar Days: lo de siempre es mejor

Y como todo en el pop, hay tantas cosas para amarlos como para detestarlos. E incluso hay un montón de cosas en Calendar Days, su segundo disco, por el que amarles precisamente porque son detestables. El secreto está en las imperfecciones. Así que podemos hacer un ovillo con las siguientes canciones y lanzarlo a un rincón al que sólo volver cuando todas las demás estén tan ralladas que ya nos hayamos aburrido de ellas: ‘Blue & That’, ‘Boys’ o ‘Languages of Love’. Cuando Dick Diver se enmarañan en medios tiempos genéricos son un grupo de pop normal y corriente. Y no hay nada peor que no destacar por absolutamente nada, ni siquiera por ser demasiado malo.

Puede que les funcione a ratos en ‘Amber’ o en ‘Two Year Lease’, pero son más emocionantes, más pop y más genuinos cuando se ponen a fabricar canciones como templos pop con una facilidad casi insultante para el resto de grupos de su generación. Dick Diver funcionan como una rueda en ‘Alice’ y en ‘Calendar Days’. Redondos gracias a cuatro fundamentos básicos: voces dobladas, guitarras acústicas, nostalgia juvenil y una sonrisa agridulce. Y a partir de ahí a rodar. Las canciones de Calendar Days son toboganes sentimentales, frascos vacíos a la espera de ser rellenados con un montón de dramas ingenuos e irrelevantes. Lo de siempre, pero lo de siempre es mejor.

Pensad que gran parte de las cosas que hacen del disco de Veronica Falls uno de los más indispensables del año estén también en Calendar Days. Dick Diver se han llevado todo el sonido jangle pop a su terreno, al de las antípodas, glorificando la memoria de The Go-Betweens y de The Triffids, guiñando el ojo al Dunedin Sound y estrechando lazos con el Double Natural de Boomgates.

Cuando los estribillos sobran

Discos pequeños, discos grandes, discos delgados, discos gruesos, que decía probertoj hace ya cierto tiempo hablando de Woods. En el pop los discos siempre deben ser pequeños. La grandilocuencia no va con ellos. Dick Diver comprenden que para ser mejor que los demás deben ser más adictivos. Y qué mejor modo que serlo que abriendo las canciones henchidos de inspiración, a pleno pulmón. En ‘Lime Green Shirt’ vienen de menos a más y en ‘Bondi ‘98’ lo hacen con tanta elegancia y gancho que la canción no debería acabarse jamás. Dick Diver juegan tan bien con sus canciones que a veces, como en ‘Bondi ‘98’, los estribillos están de más. Es rizar el rizo del pop, hacer de las estrofas melodías que lo cuenten todo de toda una vida aunque sólo sea mera imaginación.

8/10

Vienen de Australia y si os manejáis en estas coordenadas Dick Diver podría ser vuestro grupo aquí y ahora. Calendar Days alberga canciones interminables. Cortas pero que nunca parecen tener fin. Yo las he reproducido una y otra vez desde que llegué a ellas y aún no he logrado cansarme de ellas. Hay algo del amor por las cosas que menos importan, algo de la nostalgia por lo no vivido y otro tanto de recuerdos que, aún sin saberlo, estaban hechos de este sonido, de estas canciones. Estoy entusiasmado porque sé que dentro de cuatro días me olvidaré de muchas de ellas. Pero hasta entonces son la gloria. Así es el pop.

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