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Diego el Cigala — Vuelve el flamenco

Extravagante como todos los genios, Diego el Cigala ha ido construyendo su carrera según iban sucediendo los acontecimientos. Desde 2005, año en que se publicó Picasso en mis ojos, no había lanzado ningún disco de flamenco. Sus otras pasiones, el bolero, la música cubana y el tango, le han tenido ocupado prácticamente a tiempo completo desde 2003, año en que vio la luz Lágrimas negras, su fabulosa colaboración con Bebo Valdés. En esta ocasión, Vuelve el flamenco no es un regreso como tal al terreno jondo sino que ha sido la excusa para el cantaor madrileño para homenajear al fallecido Paco de Lucía con una grabación en directo que había quedado en un cajón con el propósito de sacarla algún día.

Vuelve el flamenco, un grande del cante rindiendo homenaje a Paco de Lucía

Diego el Cigala, recién nacionalizado dominicano, república en la que ha fijado su residencia, actuó en octubre de 2012 en un templo de otro tipo de músicas y artes, el Palau de la Música de Barcelona. Lo llenó y presentó un repertorio corto, diez cantes, pero suficientemente definitorios de su raza y magisterio.

Diego el Cigala al cante, Diego del Morao, hijo del fallecido Moraíto Chico, habitual compañero de José Mercé, a la guitarra y como complemento las palmas de Juan Grande, Ane Carrasco y Tarotito, los tres jerezanos como la familia Morao, y al cajón Sabú Porrina, un joven percusionista de la honorable dinastía extremeña de su apellido.

El cantaor de El Rastro vuelve a sus orígenes

El cantaor de El Rastro vuelve a sus orígenes, como si necesitase ganarse el pan para sacar adelante a su familia con su voz. En Vuelve al flamenco no es más ni eso, una vuelta sin trampa ni cartón. No hay juegos de artificio, pro-tools, ni siquiera una producción excelsa. Aquí tenemos a Diego el Cigala tal y como lo recordábamos con uno de lo grandes, un digno depositario del rajo camaronero que fue tendencia durante tantos años.

Diego el Cigala comenzó aquella noche con un reto, cantando un martinete, ‘Mujer del mundo’, un palo flamenco al que acuden pocos de sus colegas por la dificultad que tiene. Sacó su casta desde el minuto 1 y con esa tarjeta de presentación era muy difícil errar.

El Cigala no se amilanó. Lo tenía muy ensayado y preparado todo. Por taranto, ‘Minero’, no bajó el listón, cantándole a los trabajadores de las minas “hay sin saber si volverán”, con unos ayes que duelen realmente.

No mostró Diego el Cigala conformismo esa noche. Sabía que tenía que ganarse al público cante a cante y ‘El jardín de Venus’, una malagueña por verdiales, un requiebro al que pocas veces acuden los clásicos, fue otra de las joyas de aquella velada.

El Cigala da un zas en toda la boca a quienes le han criticado

Grande ahí Diego del Morao al toque, y grande Diego el Cigala, sonando clásico como si nunca hubiera salido de uno de los locales en los que empezó en la capital de España. Un zas en toda la boca para quienes le han criticado por abandonar el barco del flamenco.

Incluso por sevillanas, esa ‘Sevillana de Juan Antonio’, nos encontramos a un cantaor recuperando letras clásicas, nada trilladas, con una poética sublime. Soberbio El Cigala y soberbios sus compañeros de escenario.

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En las primeras bulerías Diego del Morao está como pez en el agua, no en vano, llevan el nombre de su estirpe. Ahí le dio un respiro al cantaor para volver con ‘La fuente del querer’. Y también el de El Rastro está enorme por fandangos de Huelva. Si alguien pensaba que Diego el Cigala no era merecedor de estar entre los más grandes, ahí está otra prueba y van… Dominando el compás, el melisma y los tiempos, recupera la soleá ‘El reloj de mi existencia’, y pone los pelos como escarpias con su quejío.

Si en palos más exigentes Diego el Cigala está prendado por fiesta no se achica, mostrándose igual de poderoso por tangos como por bulerías, camaroneras pero bulerías, dos momentos claves para conquistar de una vez a los que dudaban de su talento.

Y si cerró por fandangos naturales, ‘Los besos de verdad’, fue algo así como una chulería de ahí queda eso. Muy grande El Cigala y muy grande Diego del Morao, un tándem al que hay que hacer la ola.

8.3/10

Diego el Cigala vuelve con un disco de flamenco pero no se trata de una grabacón de estudio, la última en ese género salió en 2003. Pero Vuelve el flamenco es lo suficientemente válido, aunque sea un disco en directo grabado en 2012 en el Palau de la Música de Barcelona, como para situarlo entre los más grandes cantaores vivos de este país. Aquella noche el madrileño escogió un repertorio nmuy exigente, con palos a los que pocos cantaores suelen acudir y salió reforzado de ese embite. A su lado Diego del Morao, un tocaor que ha mamado en su familia lo que debe ser la guitarra flamenco. Si hubiera sido una plaza de toros hubiera salido por la puerta grande, nosotros le hacemos la ola.

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