A estas alturas de mi vida, tengo muy claro que en la noche no es oro todo lo que reluce. Ya me lo decía mi madre cuando era pequeño, pero no es sino ahora cuando me voy dando cuenta de que la vieja idea de Detroit, el techno como elemento de unión entre la gente, no tiene aplicación práctica en nungún club, al menos que yo conozca.

La música, por muy en grande que salga escrita en los flyers, no es sino un elemento secundario en cualquier discoteca de programación electrónica. Prima la imagen por encima, muy por encima, de cualquier otra cosa. Y si no, que se lo digan a los responsables de uno de los locales más de moda en Madrid, Charada. Ojo, no estoy acusándoles a ellos de nada. Tampoco seré hipócrita y diré que no me importa el ambiente de los sitios a los que voy de fiesta. Y mucho menos diré que nunca me lo he pasado bien en Charada, sería mentir, desde luego.

Simplemente, comento una realidad que vivo todas las noches que salgo en mi ciudad, y que, en este caso, aplico al local madrileño porque es el que ha dado la cara en TV para explicar cuál es su modelo de negocio. Me recuerda, tristemente, al gracioso vídeo de aquel chaval cordobés que instaba a los porteros de su discoteca favorita a elegirle la ropa. No sé, entiendo que una discoteca quiera estar en la élite, transmitir una imagen determinada o reunir un tipo de público más exclusivo. Pero, ¿Hasta tal punto? Podéis ver el vídeo y juzgar por vosotros mismos. ¿Dónde queda la música? ¿Será que siempre he sido un poco iluso?

En Noctamina | Salir por Madrid: Charada

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