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No todos los días uno tiene la oportunidad de ver a uno de esos grupos que le han acompañado en la adolescencia. Y aunque sabía a qué me exponía con el concierto de Dover, mi conciencia me obligaba a ir. Allí me planté, con un par de congéneres y con una manada de menores de treinta años (salvo excepciones), dispuestos a revivir las tardes de walkman, los vaqueros rotos del postureo grunge y cualquier buen recuerdo de cuando no teníamos preocupaciones serias. En líneas generales, el concierto no fue algo espectacular. Pero tampoco lo esperábamos. Más bien era un concierto de ‘reconciliación’ y una muestra de fidelidad.

Sabías a lo que venías

Aunque quizá alguno pensara que el concierto de Dover sólo iba a ser de opiniones muy polarizadas, o la repera o un señor mojón, lo cierto es que ni lo uno ni lo otro. En ciertos compases, sobre todo al final, cuando engancharon sus hits, lograban sacar lo mejor. En otros momentos del directo cansaban y sonaban apagados o con excesivo ruido. La suerte estaba echada y lo tenían todo a su favor, a un público que había agotado las entradas anticipadas en pocos días y que abarrató la sala.

Como era de esperar, el tiempo no perdona. Hacía tiempo que no tocaban en directo con las guitarras bien engrasadas y haber estado varios años dedicados a profanar sus propios clásicos en directo y a tirar por caminos musicales oscuros y de nefasta acogida para el respetable deja huella. Así que mejor no esperar grandes cosas del concierto. Con todo, Dover nunca han sido unos músicos brillantes, su música, como el manual grunge predica, bastaba de cuatro acordes y un par de pedaleras para enganchar. Eso era justamente lo que tenían que hacer, acudir al consumo rápido que exigíamos.

Podría sacar la vena fanboy y decir de forma complaciente que fue un conciertazo arrollador, emotivo y que no olvidaré nunca. Pero mentiría, como si afirmase que fue una hez pinchada en un palo. Había algunos grupúsculos que se ponían a cantar entre canción y canción “Cristina, Cristina es cojonuda, como Cristina no hay ninguna”. Cristina ya no es la que era, ya no tiene la presencia y la actitud en el directo que se puede comprobar en vídeos de épocas pretéritas, tanto de cuando empezaban como de cuando llegaron a la cúspide tocando en el Rock Am Ring.

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De hecho, había momentos en los que no llegaba vocalmente a las canciones, justamente como los asistentes cuando intentaban chapurrear las canciones con ese inglés tan español. Con ese inglés tan español de Dover. No obstante, son detalles que se arreglan cuando vayan calentando durante la gira. También había algún momento en que no se diferenciaba mucho el cambio de los acordes, aglutinando una masa de ruido, pero el público, más con el corazón que con la cabeza, estaba a todas con el grupo. Porque al fin y al cabo, no puedes evitar emocionarte y beberte tu juventud con el “ohhh oohhh” de ‘Serenade’. O sentir una sensación de recuperar una parte de tu tiempo perdido cuando empiezan el concierto con la leña de ‘Rain Of The Times’.

Durante el transcurso del concierto, acudieron sobre todo a sus dos primeros trabajos, Sister y Devil Came To Me, aunque poco tardó en llegar uno de los primeros ganchos como ‘Flashback’ o ‘DJ’, para que la gente empezara a cantar. Aunque el momento de mayor emoción para todos los asistentes llegó poco después con Serenade y todos haciendo los coros. Ciertamente se veía a Amparo Llanos sonriendo bastante, quizá pensando que por qué motivo habían dejado de lado aquello para meterse en berenjenales electropop. Por no hablar de los que vinieron después.

Hits al rescate

Ya no tenían la energía de años anteriores, ni salían a comerse el mundo, pero tenían ganas de disfrutar con la gente, hablando bastante, incluso gastando alguna bromita cuando tuvieron que dejar de utilizar la claqueta. A esto habría que sumar algún error como el hecho de que Cristina no llegara a las canciones o que hubiese algún momento en el que no se distinguían los cambios de acorde en los temas más rápidos. Pero lo dicho, a la gente no le importaba, porque en muchos casos estaban viendo a unos ídolos y reviviendo momentos especiales con ellos.

La mejor parte del directo vino de cara al final del concierto, el que empezó con ‘Devil Came To Me’. Probablemente fue la que mejor interpretaron, a la altura de cuando en directo sonaban más viscerales y contundentes. No podían fallar en ella, y no lo hicieron. Después del bis, empezaron sorprendentemente con la lenta ‘Sick Girl’. Después ya vinieron las que faltaban y que el populacho pedía, ‘Cherry Lee’ para desgañitarse y Loli Jackson para despedirse.

Como detalles, que sonaran canciones del Sister como ‘Angelus’, y ninguna de I Was Dead For 7 Weeks In The City Of Angels. Pero el gran detalle fue que las dos hermanas acabaran flotando entre el público, con la gente paseándolas en volandas, como si fueran unas auténticas rock stars. Han sido un grupo con el que hemos crecido, pero me sorprendió llegar a tal punto de veneración, una muestra más de que la gente fue al concierto más a responder con el corazón que con la cabeza.

Me fui satisfecho (porque) porque tenía que ir a una de las bandas que me acompañaron en mi adolescencia, aunque sabía que podía ser una trampa por el deterioro de la banda. Tienen material para dinamitar la sala pero no lo lograron. Aunque no faltaron clásicos, hubo errores y menos decibelios de lo esperado, pero supongo que no se puede pedir todo. Era un trámite que había que pasar. A ver si esta gira les sirve para reflexionar acerca de su giro estilístico ya conocido como ‘hacerse un Dover’.

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