Después del concierto de Dr. John en la última edición del Primavera Sound en Barcelona, se me quedó la duda de cuántos de los asistentes fueron únicamente porque oyeron su nombre tras haber visto Treme, la serie de David Simon en la HBO, y cuántos éramos los que después de verla los que indagamos un poco en su obra. De gente que lo conociera de mucho antes y sea muy fan del doctor mejor no hablar, porque igual no llegaba ni al 2% de los allí presentes (dato inventado no contrastado y probablemente falso). No me lo pregunte in situ porque estabas demasiado ocupado disfrutando del concierto.

Supongo que en el fondo da igual el cómo y el por qué, sino que lo importante era estar allí, dejarse de lado el postureo y disfrutar al máximo de la magia de este hombre. Porque lo importante no es cuando se llega, sino llegar (probertoj dixit), sobre todo cuando en la línea de llegada están el Dr. John y su imponente mojo. Sin duda sus conciertos y su música son algo que se tiene que experimentar por lo menos una vez en la vida.

Dr. John imponiendo sus reglas y su estilo hasta cuando homenajea a otros

Y supongo que Dr. John tampoco le preocupa cómo termina llegando la gente a su obra. De hecho, a sus casi 75 primaveras probablemente sea lo que menos le quita el sueño a estas alturas, preocupándose más por seguir desenvolviéndose en lo que mejor sabe hacer y haciéndolo de maravilla. Porque el doctor ya tiene el culo más que pelado en este negocio y sabe de sobra que ya ha demostrado todo lo que tenía que demostrar, por lo que ha optado por adoptar el “a la vejez, viruelas” como filosofía, haciendo lo que le da la gana y como le da la gana.

Al menos eso hemos podido extraer mi compañero Cronopio y yo mientras dábamos nuestra primera escucha a Ske-Dat-De-Dat: The Spirit of Satch, el nuevo trabajo del genio de New Orleans que ha lanzado como homenaje a otra leyenda de la música como Louis Armstrong. El propio Dr. John explica el motivo de este homenaje diciendo que tuvo un sueño donde el propio Armstrong le detalló que aprovechara su legado y lo empleara a su manera. Pero vamos, como si necesitase motivos a estas alturas para hacer un disco como éste. Ya hemos dicho que está en la tesitura de hacer lo que le da la gana cuando le da la gana.

Aunque los discos de versiones no tienen muy buena reputación, quedando casi como algo para que las bandas salgan de paso o puedan finiquitar sus contratos en vigor cuando ya han agotado la carta del Grandes Éxitos, verdaderamente estamos ante un disco que no debéis dejar de lado por mucho que sea de versiones, porque en muchas ocasiones no lo parece. De hecho, la manera en la que Dr. John coge ‘What A Wonderful World’, le pega un lavado de cara intenso y coloca mucha chapa y pintura de su propia cosecha, casi ni nos acordamos de la pieza original. Directamente la lleva a su terreno y casi la hace suya.

A tanto llega la magia del doctor. Y no le tiembla el pulso para coquetear descaradamente con el Hip Hop en ‘Mack The Knife’ o para marcarse un Son Cubano en ‘Tight Like This’ que casi nos hace revivir alguno de los puntos álgidos de aquella maravilla que era Buena Vista Social Club. Todo cabe en la extensa paleta de colores de Dr. John, pero nunca perdiendo el Norte o quedando demasiado disperso por la variedad.

Dr. John vuelve a rodearse de nombres notables que le den un buen plus a las piezas en las que colaboren, desde los Blind Boys of Alabama hasta Bonnie Raitt, pasando por Shemekia Copeland, Anthony Hamilton, Terence Blanchard y la Dirty Dozen Brass Band. Todos aportan lo mejor en lo suyo, pero siempre siguiendo las indicaciones del amo del cotarro. Les deja fluir con libertad, pero siguiendo siempre las reglas del juego ideado por el doctor.

El resultado no puede ser etiquetado de otra manera que no sea empleando el calificativo de fantástico. También es cierto que juega un importante papel que el material de Armstrong es fabuloso ya de por sí, pero Dr. John no es muy dado a los conformismos y saca lo mejor de sí para darle su toque personal al cancionero versionado. Es difícil no rendirse ante el ritmo rumboso que le da a ‘Nobody Knows The Trouble I’ve Seen’ o el toque fiestero de ‘Dippermouth Blues’.

8.5/10

No me he escuchado todos los trabajos de la extensa discografía de Dr. John, pero dentro de los que he escuchado, sitúo en un lugar bastante alto este Ske-Dat-De-Dat: The Spirit of Satch aunque sea un disco de homenaje a la figura del gran Louis Armstrong. A tanto llega la magia y la personalidad del doctor que consigue darle un aroma propio a estas piezas, recurriendo a diferentes estilos sin temblarle el pulso por ello.

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