“Eat Skull” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/Eat Skull — III.jpg” class=”centro” />No podemos negar a Eat Skull su progresivo refinamiento. Parece como si, empeñados en no ser un grupo más, cada nuevo trabajo lo afrontaran como una nueva ruptura. Si del lo-fi agresivo y punzante de su debut quedaba entre poco y nada en su segundo disco, Wild and Inside, ahora cuesta entrever en III (2013, Woodsist) el divertido salvajismo garagero de su predecesor. Hay ciertas constantes que se mantienen, está bien, pero en términos genéricos Eat Skull prefieren errar por atrevimiento que por conservadurismo. Esta vez ha sido Woodsist quien se ha puesto al frente de su último trabajo, y el resultado, como no podía ser de otro modo, ha sido un montón de psicodelia desparramada en diez canciones disfrutables pero, ay, muy irregulares.

Eat Skull: cavernícolas alucinados

Cabe aplaudir a Eat Skull su inconformismo, no obstante, y su amplitud de miras. Es cierto que Wild and Inside era un disco muy divertido. Allí Eat Skull agarraban el mejor soplo de aire del nuevo garage y lo transformaban a su manera, en píldoras a mitad de camino entre el punk y el folk casero que se sucedían imprecisas y descacharrantes. Costaba decirles que no a una filosofía tan pasada de vueltas. Si crees que nunca nada es demasiado grave como para tomárselo en serio, Wild and Inside era tu disco. Para un rato, está bien, pero para un rato muy intenso y feliz. En fin, III es una continuación atípica pero coherente: la espesura garagera se mantiene y la baja fidelidad aún se cultiva, pero las canciones ahora son más ambiciosas.

En su particular refinamiento, Eat Skull no han optado por tomar la vía tremendista, estilo Girls Names, sino que han entendido que sólo desde la psicodelia salvaje y desordenada podía surgir su siguiente obra. Y así ha sido: III es un ejercicio de neo-psicodelia desenfadado, donde el orden matemático e impoluto es el principal enemigo al que hacer frente. Eat Skull también ven enemigos en todas partes, sólo que ellos desdeñan la tarea de hacerles frente. En su universo sólo hay espacio para el hedonismo. Y esto está muy bien pero no es exactamente preciso. La felicidad también es pasarse de frenada. Y Eat Skull parecen muy felices.

¿Es esto algo muy reprochable? Pues a ratos. Por ejemplo, el alegato primitivo y cavernícola de ‘Space Academy’ es de lo más evocador que he escuchado este año hasta el momento. Y su continuación, ‘Dead Horses’, es la mejor forma de entender el revival sesentero ahora que recurrir a The Beach Boys se ha convertido en un cliché. Nada que objetar aquí, pero no todo es un feliz acierto en III. ¿Podemos perdonarles la seguramente no intencionada versión de Day & Age que interpretan en ‘How Do I Now When To Say Goodnite?’? Probablemente no, pero eso depende de la capacidad de resistencia de cada uno. Hay líneas que no se deben cruzar, y la de seguir involuntariamente el ejemplo de The Killers es una de ellas.

Qué problemas tiene III

En realidad, III pierde mucho fuelle tras las dos primeras canciones. Parece remontar cuando la breve pero intensa ‘You Hate’ engalana la habitación con las mejores guitarras que visten, por ejemplo Crystal Stilts. Pero es un mero espejismo. A partir de aquí se suceden ejercicios de laconismo drone (‘Stupid Moon’) y sugerentes ambientes selváticos (‘Twin Sikk Moons’) que pueden surgir de las mejores intenciones pero que no concretan nada. Son canciones aburridas, que se pierden en los peores defectos de la psicodelia más pretendidamente alucinada. Y eso es un problema muy serio cuando hablamos de un grupo cuya principal virtud era limar todos sus defectos (numerosos e irrelevantes, puede ser, pero numerosos al fin y al cabo) por la vía de la diversión.

“5,90” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/5,90.jpg" class=”derecha” />Cuando el amable caos surge naturalmente de Eat Skull son una maravilla. Es una verdadera lástima que en el resto del disco cueste encontrar el punto informal y despreocupado de sus mejores canciones. Es más, hay momentos de III en los que el grupo torna en un sopor psicodélico que empaña definitivamente cualquier perspectiva de mejora del disco (‘Summer Inside’). Porque, bueno, al final del todo se acercan a una suerte de chamber pop coqueto pero discreto (‘Amnesty Box’) que culmina en la más excitante ‘Catch Em Before They Vanish’. De todos modos, es probable que Eat Skull optarán por reinventarse en su cuarto trabajo. Y quizá entonces recuperen el pulso perdido en tantos y tantos momentos de III.

Eat Skull en Hipersónica

* Primavera Club 2010, Madrid: crónica del miércoles 24 de noviembre

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