‘Echoes’, de Pink Floyd hasta Crippled Black Phoenix

Visto con perspectiva, puede dar la sensación de que Pink Floyd tenían bien claro hacia dónde se querían dirigir una vez se marchó Syd Barret de la banda, marcándose una línea paulatina y lenta pero recta hacia su quintaesencia como grupo de rock progresivo en The Dark Side of the Moon (Havest, 1973). No era así, no lo tenían claro, simplemente experimentaban con los que les dictaba la cabeza y les pedía el corazón, por eso sus composiciones contaban con un plus especial con respecto a otros grupos del género. Igual ellos no recuerdan esa época de transición con tanto cariño, pero el resultado está ahí y es innegablemente espléndido y fascinante.

En ese camino que iba desde la magnificencia psicotrópica hasta la excelencia progresiva surgió uno de sus mejores discos, Meddle (Harvest, 1971). Disco brillante no tanto por la calidad individual de sus canciones, con algunas un poco menos lucidas, sino más bien por lo sublime de la pieza que más peso ocupa en el conjunto. ‘Echoes’ es una canción enorme, no sólo por su duración, recordemos que es la tercera composición más larga de Pink Floyd junto con la suite ‘Atom Heart Mother’ y las dos partes juntas de ‘Shine on You Crazy Diamond’, sino también por todo lo que contiene, todo lo que envuelve y todo lo que emociona.

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Veintitrés minutos y medio pero, a diferencia de las piezas mencionadas en el anterior párrafo, no tiene una división marcada y explícita en partes, aunque la realidad es que fue creada a raíz de hilar fragmentos e ideas de las sesiones de grabación que iban haciendo el cuarteto. De igual manera que no parecía que Pink Floyd tuvieran dudas de hacia dónde se dirigían, tampoco parece que esta canción se haya escrito articulando segmentos en un inicio separados. Sus vaivenes, sus crecidas y sus bajadas, todos esos fabulosos efectos quién sabe si premeditados o accidentales. Cualquiera diría que todo estaba calculado y pensado para ejecutarse así, que sus ambiciosas cabezas les guiaban para dar forma a ‘Echoes’, pero sólo daban las órdenes que les comunicaba el espíritu. Por ello ‘Echoes’ no es un sólo un tremendo y sugerente ejercicio de rock inconformista, también es una canción que conecta en lo emocional y transmite sensaciones casi inimaginables.

Más de cuarenta años después, ‘Echoes’ vuelve a estar más vivo que nunca. El motivo: Crippled Black Phoenix

Más de cuarenta años después, el tema mantiene todo su valor y esencia, que no es poco, y hoy vuelve a estar más vivo que nunca. El motivo: Crippled Black Phoenix, uno de los mejores continuadores del legado de los Floyd en nuestros días, mano a mano junto a Se Delan, que no es otro que el propio Justin Greaves junto a Belinda Kordic, y versionando este clásico pinkfloydiano además de ‘Childhood’s End’ de Obscured by Clouds (Harvest, 1972). No es casualidad, está claro el papel que este seminal grupo ha tenido en las influencias de Greaves y los suyos. La esencia de las seis cuerdas de David Gilmour se percibe con claridad en su trabajo y quizá por ello se hayan motivado con este homenaje, que no mera imitación. La idiosincrasia de la canción no varía, pero Crippled Black Phoenix no se conforman con tocar bien la pieza, la quieren acercar a su terreno, realizar más probaturas y deleitar nuestros sentidos una vez más.

Oh-Ech-oes

Todo ello se recoge en Oh’Ech-oes (Clearview, 2015), un disco ahora mismo adquirible digitalmente en su bandcamp si eres suscriptor además de físicamente a través del Bigcartel de Clearview. Subido a una plataforma de streaming sólo se encuentra la versión de ‘Childhood’s End’, pero no dejan de existir otras vías para poder escuchar este trabajo que yo recomiendo porque verdaderamente merece la pena, tanto si te gusta el grupo como la canción.

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