Eels — The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett

“eels” src=”http://img.hipersonica.com/2014/04/eels_cautionarytales_cover_square_web-608×608.jpg" class=”centro” />

¿Vosotros recordáis esas primeras fotos de gatitos?. Sí, ya sé que ahora estáis tan hasta los huevos de fotos de gatos que os horripilan, que los mataríais con vuestras propias manos, o que, dando marcha atrás en el coche, estaríais encantados de que el tranquilo felino estuviese echándose una siesta bajo tu rueda trasera. Ahora las fotos de gatitos sacan lo peor de nosotros, pero la primera no, salvo que vosotros neguéis que habéis dejado de ser fans de las fotos de gatitos desde que ahora venden un porrón de discos. La primera foto te enterneció un poco, por mucho que intentases que no se notase. O la primera foto de bebé disfrazado de ensalada por Anne Geddes, que te hace sonreír, y ahora estás hasta las narices. Hay cosas que, simplemente, son bonitas. Puedes buscar adjetivos más currados, escudriñar palabras más elaboradas, incluso intentar trabajarte una prosa poética, que es lo que puede merecer The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett, el undécimo disco de Eels. Pero al final no se me ocurre nada mejor para describirlo que deciros que es un disco realmente bonito.

The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett: la familia bien, gracias

Es cierto que hay poco nuevo que decir. Hablamos de que este hombre ya había repartido previamente diez discos como diez soles (y eso sin contar proyectos ajenos a Eels). Uno de esos tantos bestias que son siempre apuesta segura. Que nos ha regalado tanto que hasta se le perdona que toque en chándal (poco, se le perdona poco, pero se le perdona). Que Mark Oliver Everett es un escritor mayúsculo ha quedado demostrado incluso más allá de su faceta musical. Y esa faceta vuelve a aparecer en esta colección de trece canciones de rock intimista, siempre certero. The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett es un disco cíclico, que camina dando vueltas en círculo, que llega al punto exacto del que había salido, pero sin que eso sea signo de que se haya perdido entre la poblada maleza selvática. ‘Where I’m At’ marca la breve partida de un disco que te acaricia a cada arpegio, en cada momento que la rasgada y calmada voz de E durante ‘Parallels’ se adueña de todo.

Las altas prestaciones de The Cautionary Tames of Mark Oliver Everett se cuecen ahí, al principio. En momentos como ‘Agatha Chang’, madura y solemne, bien formada, bien adulta. El disco todavía está fresco, carente de cuentas pendientes o de dificultades para mantenernos vivos y atentos. Algún desvío, algún juego, algún cambio de intensidad, de fuerza. Momentos (muy puntuales) en los que la belleza del disco de Eels llega a sobrecogernos, a dejarnos el corazón menguado. Así, de la suave mano de ‘A Swallow in the Sun’, todo delicadeza, empezamos a dejarnos querer, a bajar la guardia y a admirar lo que resulta fácilmente estimable. Podéis ponerle el disco a cualquier colega que desconozca a Eels, y poca pega le pondrá. Quizá no lo abrace como fan insobornable para siempre, pero aceptará que de canciones como ese medio tiempo que es ‘Where I’m From’, y que marca algo así como el corte entre la cara A y la cara B del disco, es muy fácil caer rendido. Hasta este momento, muy bien por E.

La etapa rompepiernas de E

El problema es algo en lo que ya os hemos venido introduciendo: la emoción. Que un disco te guste no es poca cosa. De hecho, es terriblemente importante. Pero, como en cualquier tipo de arte, al final esto va también de que una obra te encandile, te estremezca, te excite. Y The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett cae en el vacío en varias ocasiones. No tantas como para que dejes de tenerle mucho cariño, pero sí las suficientes como para que no pierdas la cabeza por él. ‘Lockdown Hurricane’ daba alguna pista de trivialidad, y justo después de que las cajas de música de ‘Series of Misunderstandings’ aporten un ramalazo de conmoción, ‘Kindred Spirit’ y ‘Gentlemen’s Choice’ caen un poco en lo anodino. Seguramente la segunda muestre más orgullo, pero es difícil encontrar un motivo para perpetuarla, para grabarla a fuego en tu memoria. Y aunque el disco ya ha hecho los méritos más que suficientes para aprobar, y piezas tan bellas como ‘Dead Reckoning’ lo empujen hacia la notabilidad, son varias las patas que cojean en la mesa de E.

Y esa sensación no cambia. En el camino de ida y vuelta de The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett los últimos pasos se dan con energía cambiante. Como si nos moviésemos por arreones, más que con velocidad de crucero. Desde ese arrastrar los pies propio de los problemas de psicomotricidad de ‘Answers’, que nos ponen en riesgo de tropezón, a la frescura y vitalidad de ‘Mistakes of My Mouth’, que cura cualquier tipo de herida, cualquier amago de achaque. Que reaviva las brasas que empezaban a dar muestras de enfermedad terminal. Uno de esos lujos que no merece mezclarse con la superficialidad que también ha existido en lo último de Eels. Un disco que se cierra sólidamente con ‘Where I’m Going’, volviendo al punto de partida tras un camino de dificultades, pero, eso sí, bien resueltas en su mayoría. The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett no agrandará demasiado la leyenda de E, pero será un motivo más para seguir queriéndolo.

6,59

Eels — The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett

Undécimo disco de Eels. Trece canciones de prestancia algo irregular, pero que mantienen un nivel medio muy por encima del mero aprobado. La belleza, ni más ni menos, como señal de identidad, sin perder de vista que a E le ha costado bastante llegar a emocionarnos y sobrecogernos como sí ha hecho en muchas ocasiones en el pasado.

  • 01. Where I’m At
  • 02. Parallels
  • 03. Lockdown Hurricane
  • 04. Agatha Chang
  • 05. A Swallow in the Sun
  • 06. Where I’m From
  • 07. Series of Misunderstandigs
  • 08. Kindred Spirit
  • 09. Gentlemen’s Choice
  • 10. Dead Reckoning
  • 11. Answers
  • 12. Mistakes of My Youth
  • 13. Where I’m Going

Lo mejor

  • ‘Parallels’, ‘A Swallow in the Sun’ y ‘Mistakes of My Mouth’ disipan cualquier amago de duda que pueda aparecer.
  • Que Mark Oliver Everett puede estar muy inspirado, o algo menos. Pero nunca juega con la trivialidad.
  • Que el disco pide ser tocado en traje, nada de lucir chándal.

Lo peor

  • Hay varias canciones que resultan bastante menores.
  • No es que sea la primera vez que le pasa a Everett.

Eels en Hipersónica

Anuncios