El clan de los hostiables

Hostiable: dícese del sujeto que despierta unas ganas irrefrenables de soltarle un sopapo al iniciarse el contacto, ya sea visual o auditivo.

La hostiabilidad depende de una infinidad de factores, tal que me atrevería a afirmar que hay tantos hostiables en el planeta como número de manos partido de dos. Cara de pan sobado, actitud chulesca que no enmascara traumas en la infancia, creerse dios cuando no se llega ni a simple parroquiano… mil argumentos hay para calificar a un sujeto como hostiable, argumentos que, por supuesto, están muy pero que muy presentes en el mundo de los músicos, esos sujetos que llenan carpetas con sus caretos y revuelven tripas con sus ocurrencias.

En este caso está claro que fue antes el huevo que la gallina, ya que hostiables ha habido siempre pero hasta hace bien poco carecíamos de palabra capaz de unirlos a todos, no teníamos un anillo de poder bajo el cual someterlos para poder darles la dosis de collejas diarias. Hostias han dado los curas desde que a uno se le ocurrió poner en marcha el mayor de los negocios de la historia, pero el desarrollo tecnológico y la abundancia de información han hecho que las ganas de soltar mamporros hayan crecido exponencialmente, de forma proporcional a las veces que el hostiable de turno es puesto frente a nuestros ojos.

La música como movimiento de masas no ha permanecido ajena a esta realidad que convierte a sujetos como Ángel Acebes, Herman Tersch o Ricardo Bofil en figurado saco de boxeo para todo hijo de vecino, y fenómenos estrechamente unidos a la industria como la prensa discográfica, la telebasura musical y posteriormente internet nos han permitido a todos estar al corriente de las últimas hazañas de nuestro hostiable favorito.

La hostiabilidad no es una cuestión de género aunque hay escenas en las que la concentración en número de hostiables supera los niveles que el decoro exige, siendo los últimos noventa y primeros dos miles los años en los que más hostiables surgieron. Viendo quien firma esta mamarrachada entiendo cualquiera pueda esperarse nombres como Phil Collins, Bono o Matt Bellamy en esta sacrosanta lista, pero permitidme que os diga que los que no están tienen bastante que envidiar a los que son.

Vamos a ello.

Txus di Fellatio

txus

Qué mejor para iniciar esta insigne lista que el personaje más hostiable que ha dado jamás la historia del Rock español, tanto por lo que hace (si es que hace algo) como por cómo lo vende.

El algoritmo de la hostiabilidad hace trabajos forzados a la hora de contabilizar el rango que Jesús María Hernández Gil alcanza en la escala hostiable, rango que sube por motivos que van desde las estupideces que pueden salir por su boquita hasta su pésima labor en la ejecución de su instrumento, pasando por supuesto por sus pintas de mamarracho y por la basura que edita con su banda de toda la vida, Mago de Hez, o todo y cada uno de los proyectos en los que se participa.

Y lo peor de todo es que dejando a un lado sus mamarrachadas, Txus di Fellatio es un personaje insoportablemente ególatra, capaz de reventar el concierto de sus teloneros porque le sale de los cojones o de hacer el ridículo más espantoso esparciendo sus propias heces con un ventilador que apunta a su propia cabeza (hablo de sus entrevistas, por si no pilláis el simil).

Podría destacar cientos de documentos audiovisuales, pero el siguiente vídeo, por su concreción, es la mejor de todas las opciones posibles. Lo mejor, el momento poema.

Foto cortesía de nuestros amigos de The Metal Circus.

Fred Durst

fred

El segundo en discordia en nuestra lista, pero no menos hostiable que el primero, es Fred Durst, el ínclito líder de una de las peores bandas que han pisado la faz de la tierra, abanderados de un género al que se le acabó la gracia antes siquiera de que hiciéramos el primer chiste al respecto.

Su inseparable gorra, el día que me enteré de que estaba calvo no me lo podía creer (véase la ironía), su pose chulesca siendo un mediometrez y esa voz de pito con la que intentaba convencernos de que era el más duro en un barrio lleno de negratas de 3×3, son argumentos ya de por sí convincentes, pero añadid a la lista que culpa del líder de Limp Bizkit es que existan bandas como Staind o Puddle of Mud, bandas a las que dio un empujón gracias al dinero que ganó haciendo el monguer sobre un escenario.

Y claro, uno no puede ser hostiable solo por lo que hace, sino que lo que dice juega un papel muy importante en la cuantificación del rango. Peleas sin sentido con Slipknot (genial Corey Taylor al respecto), críticas estúpidas a gente de la talla de Trent Reznor y disputas con el único cuerdo en su banda Limp Bizkit dejan al descubierto sus miserias, miserias que exhibió un día en el que se empeñó en que Cristina Aguilera le hiciese caso una vez se había acabado su affaire con Britney Spears.

Satanás los cría y ellos mismos se juntan. En fin.

Leo Jiménez

leo

Más allá de haber editado algún que otro disco resultón (reconozco que en Stravaganzza llegó a tener su aquel), Leo Jiménez quedará para la historia por ser el fundador de un movimiento que en la actualidad se conoce como el jevicanismo, un hito que le llena de orgullo y satisfacción, un hito que alimenta un ego que come más que Falete tras un mes de huelga de hambre.

Encantado de haberse conocido, el ex-Saratoga oposita para convertirse en el Cristiano Ronaldo del Metal español, no tan musculado pero más o menos igual de imbécil. Prueba de ello son los frutos de las sesiones fotográficas a las que se somete (santo dios) y comunicados tan profundos como aquel en el que negó su unión a Mago de Hez escribiendo como si tuviese 13 años y una cuenta en tuenti.

Por supuesto su unión a Mago de Hez habría reventado el hostiablémetro (yo me lo invento y lo llamo como quiero), pero de injustos sería minusvalorar los méritos que por sí mismo ha hecho todo este tiempo. Leo Jiménez en realidad es un tipo profundo, tan profundo como el lugar de donde procede el eco que rebota en su mollera.

Publicación de Leo Jiménez (Oficial).

Dave Mustaine

dave

Controvertido por su polémica expulsión de Metallica, no sin antes haberse llevado por delante al primer bajista de la banda y frustrar fichajes como el de John Bush, Dave Mustaine es uno de los personajes más abofeteables dentro del mundo del Metal internacional tanto por su confictivo pasado como por su inenarrable presente.

Durante los últimos ochenta y primeros noventa su efigie aún se erguía con cierta dignidad, pero llegado el siglo actual Dave Mustaine ha dado más que hablar por sus propias declaraciones que por lo que contienen sus discos. Racista, xenófobo, homófobo y machista es alguna de las miserias que ha descubierto últimamente gracias a una lengua que no es capaz de estarse quieta, lengua que no hace sino dar salida a las mil y una chorradas que parecen salir de su maltrecha sesera.

Prueba de ello es la teoría de la conspiración que ha venido desarrollando todo este tiempo y que, al parecer, ideó ese día de 1983 que tuvo que conducir más de dos días rumbo a Los Ángeles con una buena patada en el trasero. Teoría apoyada en un integrismo cristiano y que no sé si en serio o en broma otros sujetos alimentan.

Podría describírosla en un momento, pero prefiero que la conozcáis de la propia boca de Dave Mustaine. Agarráos, el tipo está majara (y dice que cura el cáncer con sus manos).

Scott Stapp

scott

Y claro, no podemos hablar de un beato como Dave Mustaine dejando sin citar a Scott Stapp, líder de los superventas Creed, y el último en una lista de hostiables que espero engordéis en vuestros comentarios. Más allá de lo criticable que podamos entender su trabajo realizado en la banda norteamericana (he de reconocer que Creed son uno de mis guilty pleasures), Stapp siempre ha sido un personaje controvertido, un personaje cuya vida personal ha acabado eclipsando las conquistas realizadas en su vida artística.

Borracheras acabando con sus huesos en el hospital, intentos de suicidio o casos de violencia doméstica engrosan un historial que opera como satisfacción para todo aquel que le cogió inquina cuando se hizo famoso mostrando su torso desnudo. Todas estas ‘desgracias’ le han convertido en lo que es hoy, una especie de cruce entre Ozzy Osbourne y vuestra vecina la del quinto, esa que se va a cagar al campo y se caga fuera.

41 años está apunto de cumplir el norteamericano y da la impresión de que los años no le llegan, alguien se los lanza a la cara como venganza por todas esas evangelizaciones frustradas durante los años noventa y dos mil. Su careto, su actitud chulesca y su empeño en hacernos a todos cristianos le convierten en uno de los personajes más hostiables ever. Ahora bien, algo de lastimica sí que da en el vídeo que viene tras estas líneas.

Esto del listado de hostiables es como lo de los culos, cada uno tenemos el nuestro. Entiendo vuestra inquina si hablo de vuestro artista favorito pero qué queréis que os diga, reírse de vez en cuando de los demás no le hace mal a nadie. Hacedlo en comentarios, veréis que a gusto os quedáis.

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