“ballenas” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/el_columpio_asesino_ballenas_muertas_en_san_sebastian-portada.jpg» class=”centro” />

No sabes si era algo que, en el fondo, tenías planeado. Incluso sin saberlo. Una especie de giro argumental, de cambio de tu destino, de tu carrera, que a lo mejor llega sin querer. Sin que haya sido posible prepararlo previamente, ni mucho menos asumirlo a posteriori. Tú llevabas tu rollo, tu personalidad, tu estilo, ya sea musical, literario o pictórico. De repente te da un aire, como si fueses vegetariano pero un paseo en una mañana soleada de domingo te hace llegar, desde el monte en el que las familias preparan sus barbacoas (tened cuidado con el fuego, blablabla), una ráfaga de aire con un olor a asado fantástico y decides que te dejas de chorradas y vuelves a tu pasado carnívoro. A El Columpio Asesino le alcanzó, a saber si premeditadamente o no, el “efecto Toro”. Toda una trayectoria firmando grandes discos de esencia claramente oscura, indigesta, y de repente la conquista de las pistas de baile enDiamantes, su anterior disco, los ponen en la cresta de la ola.

El Columpio Asesino amarrando el exceso

El siguiente paso se presuponía. El caramelo era demasiado jugoso, uno de esos chicles de los de antes, de los que el sabor le perduraba durante un buen rato. Un jugo que no estaba todavía lo suficientemente exprimido. Hace unas semanas se adelantaba ‘Babel’, y dejaba las cosas muy claritas. El camino a seguir venía marcado desde el disco anterior. No habría marcha atrás, nada de miradas al pasado suspirando por tiempos que siempre habrán sido mejores (al menos para mí, que echo de menos aquellos primeros discos). El incidente de hace un par de años, en el que se avistaba una ballena cerca de San Sebastián, que a posteriori moría en la playa de la Concha daba un buen punto de inicio al disco. Daba incluso el título. Lo suficientemente lóbrego y decadente. Ballenas muertas en San Sebastián es el quinto largo de los pamploneses, y redobla la apuesta. Lo lleva a lo excesivo, a las bases electrónicas merendándose a unas guitarras que dan un salto hacia atrás en cuanto a protagonismo. Sin ir más lejos, Cristina Martínez las ha abandonado, y se ha pasado directamente a las percusiones.

Aquí hay que pararse. De hecho, hay que pararse casi antes de empezar a escuchar Ballenas muertas en San Sebastián. Aceptar que aquellos ya no existen. Que ahora son, definitiva y sólidamente, otros. Sólo si se realiza ese trabajo mental uno está en disposición de abrazar ese synthpunk al que se han ido entregando El Columpio Asesino, a ese ritmo frenético y excesivo que van dejando adivinar en la intro, y que agarran firmemente en ‘Babel’. Hemos venido a incendiarlo todo, a hacer arder Babel, a dejar abandonadas mochilas en lugares sospechosos. Aunque sólo sea con el mero y nada modesto objetivo de provocar. Ese exceso, esa provocación es lo que convierte a Ballenas muertas en San Sebastián en un disco realmente notable. Incluso cuando lo que quieres es que vuelvan a grabar La gallina, cuando arrugas el morro porque antes te gustaban más. Ahora la marca en nuestra frente ya no es la de Caín. Ahora queremos poner los nervios al borde del ataque con lo reiterativo de ‘Escalofrío’, llevado a la casa de Suicide.

https://www.youtube.com/embed/KJXw-QHkdDw

Ballenas muertas en San Sebastián: carne pudriéndose en una tarde de sol

Y es que ya sé que a nadie le gusta eso de las comparaciones, pero no acordarse de Suicide escuchando Ballenas muertas en San Sebastián es casi imposible. Principalmente en los temas que más se alejan de las pistas de baile, como ese ‘Escalofrío’ o ‘Susúrrame’. Y quizás seáis de los que no os convencéis fácilmente, de los que por un par de cumplidos baratos no os dejéis amedrentar. Hasta que aparece la voz de Cristina. Tarda un rato en llegar. Asume el liderazgo de la segunda parte de ‘Ballenas muertas en San Sebastián’, que comienza de nuevo tenebrosa y acaba convirtiéndose en un tema enorme. Ese 01:44, ese recorrido por las penas de varias ciudades, de la putrefacción de mamíferos mastodónticos sobre la arena de una playa de paseo. Tres o cuatro frases y un crescendo. Un jitazo inmenso. El momento álgido de un disco que en su segunda mitad anuncia una cara más tranquila, iniciada por su corte más pop, ‘A la espalda del mar’. Anuncio mentiroso.

Esa calma prolongada con ‘Anzuelos’, que parece corroborar que la ira, la hipérbole, han cesado. Pero no es así. Suicide, como decíamos, vuelve a resucitar vía Pamplona con ‘Susúrrame’, y si dábamos una última vuelta de tuerca, ésta se amplifica en ‘La lombriz de tu cuello’, desquiciada, turbada, desarticulada y completamente fuera de sí. Una locura encantadora que se funde con esos gritos estridentes de los coros de una ‘Entre cactus y flores’ que nos enseña el camino de salida de Ballenas muertas en San Sebastián. Un disco que ha ido ganándonos poco a poco. De los que, casi al contrario que otros, estás dispuesto de antemano a que no te guste, a abandonar este terreno en el que se han metido El Columpio Asesino, que no está mal, pero que te invita a pensar en el tú antes molabas. Y no, al final te han ido encandilando de forma nada sutil. Sin ningún tipo de galanterías vacías. Proponiéndote ir a follar casi antes de presentarse, a tí, que siempre has sido de que te inviten a una copa y que te vayan haciendo reir durante una charla trivial. Chorradas las justas.

7,61

El Columpio Asesino — Ballenas muertas en San Sebastián

  • 01. (Intro) Babel
  • 02. Babel
  • 03. Escalofrío
  • 04. Ballenas muertas en San Sebastián
  • 05. A la espalda del mar
  • 06. Anzuelos
  • 07. Susúrrame
  • 08. La lombriz de tu cuello
  • 09. Entre cactus y azulejos

Lo mejor

  • Que no ha pesado el pasado reciente, no han buscado la salida fácil.
  • La entrada de la voz de Cristina en la segunda parte de ‘Ballenas muertas en San Sebastián’.
  • Que mandas tus prejuicios a tomar viento.

Lo peor

  • Que incluso gustándote ahora, te queda la sensación de nostalgia de lo que un día fueron.
  • Es complicado que el disco sirva para captar nuevos adeptos.
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