El indie ha muerto

Eso es así. Podemos llenar esta entrada de excepciones, pero lo cierto es que el indie se ha quedado sin relevo generacional. Ojo, no hablo de grupos, hablo de público. Y si se supone que hay chavales de dieciocho echándole ganas para montar una banda, se debe suponer que hay un público de su edad que los sigue, pero cuando uno va de sala en sala, la impresión que se lleva es bien distinta.

No hay jóvenes siguiendo a grupos alternativos. A medida que uno va envejeciendo, e imagina la edad en la que dejará de acudir a recitales (seguramente más llevado por obligaciones adquiridas de forma natural con el proceso de hacerse mayor: paternidad, etc., que por otra cosa) se da cuenta de que lo que viene por detrás es un desierto absoluto, bañado por escasísimos oasis en todos sus kilómetros de extensión.

Pongamos un ejemplo: tú lector, ¿cuántos años tienes? Si hubiese una multicámara web en la que nos pudiésemos estar viendo las caras, la media de edad distaría muchísimo de la postadolescencia. Cada vez más. Eso puede deberse a que Hipersónica sea una página dirigida a gente entre los 30–40, pero cuesta creer que entre todos los grupos de los que hablamos no haya más de cuatro o cinco que conecten con la chavalada.

Esa ridícula norma de no dejar pasar a menores de edad a salas o festivales, tan extendida por estos lares, tan delatadora de lo fácil que es hacer las cosas desde la estupidez.

¿O sí los hay? Pues mira, sí. Tenéis razón. Me vais a contar que a Vetusta Morla, Love of Lesbian o Lori Meyers hay mucha gente de 18 que los sigue. Diréis así, y diréis bien. Es entonces cuando entra en juego otro agotador y aburrido debate de lo que entendemos por alternativo y lo que no (tranquilos, hoy no toca). Entonces, yo, con mis 33, os diré que también cuando yo empezaba a salir por la noche los fans de Los Piratas se podían contar por miles, pero de cuando en cuando se acercaban bandas mucho más minoritarias como Los Planetas de entonces (entonces tenían buena prensa, pero aún eran minoritarios), Chucho, Mercromina o Manta Ray y, de la mano de los colegas de tu hermano mayor, había siempre tres docenas de imberbes a los que se nos tenía que pedir el carnet previo a servirte la birra.

Y esa es otra. Los jóvenes no van a conciertos. El indie ha muerto. Pero a lo mejor parte de lo que pasa es que nos lo hemos ido cargando entre todos. Por múltiples motivos. Por esa ridícula norma de no dejar pasar a menores de edad a salas o festivales, tan extendida por estos lares, tan delatadora de lo fácil que es hacer las cosas desde la estupidez.

Por otra banda está lo de culpar a la crisis. En realidad da igual de lo que hables. Del hambre del mundo, de que a Froilán se le ha acabado el saldo en el móvil, de que no hay quien entienda la rabieta de Willy Toledo con Podemos o de que los jóvenes no han dado relevo generacional a la audiencia indie. La culpa es de la crisis. Aunque bien mirado, tiene también este punto su lógica. La peña no tiene pasta. En especial no tiene pasta la gente que no curra, y la mayoría de los jóvenes no curran. En consecuencia, ir a ver a un grupo a la sala de conciertos de tu ciudad no se hace tarea fácil, salvo que, además de para cocacolas, tengas que pedirle pasta a tus padres para poder ver a Veronica Falls.

No puedes pretender que la juventud inunde el concierto al que vas si tu plan para hoy es ver a Tindersticks, Low o The National.

O a lo mejor es que las cosas no cambian, el que cambia eres tú. No puedes pretender que la juventud inunde el concierto al que vas si tu plan para hoy es ver a Tindersticks, Low o The National. Igual tampoco puedes esperar que la conexión que en tu adolescencia se produjo con Los Planetas pueda tener continuidad hoy día. Es por eso que si vas a conciertos de treintañeros, lo que vas a encontrarte será, en su mayoría, treintañeros. Oh, wait… que resulta que hace poco has estado en un par de bolos en los que los que tocaban eran Triángulo de Amor Bizarro y Novedades Carminha. Y que nada, que lo mismo, que muchas barbas con unas cuantas canas. Vale que TAB tienen una propuesta extrema, pero es que Novedades Carminha deberían estar petándolo entre la chavalada, joder. Y no, ni habiendo sido gratis.

Es por eso que hace tiempo que surgen alternativas distintas. El problema de que tu audiencia se haga mayor, y no sea sustituida por otra similar en número, pero más joven está, como ya dijimos antes, es que la peña tiene hijos. Así que nada mejor que empezar a petar la oferta de festivales que empiezan a las 12, para toda la familia. Quizás menos mayoritarios, pero perfectamente adaptados para llevarte a los churumbeles e intentar hacer lo que siempre dijiste que no harías: que a tu hijo le molen las mismas cosas que a tí. Porque empiezas intentando que baile al ritmo de Sr. Chinarro en ‘Vacaciones en el mar’ y terminas intentando convencerle de que estudie la carrera que tú estimas conveniente. En fin, todo sea para que esto del indie, en realidad, no se muera, y simplemente se tome un descanso de una generación.

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