“EITS” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/Explosions In The Sky Zaragoza-1.jpg” class=”centro” /> Explosions In The Sky tocando en Zaragoza (Sala Oasis) el pasado noviembre.

La subida generalizada del Impuesto al valor agregado (IVA) decretada por el Gobierno de Mariano Rajoy afecta directamente a la industria de la música en directo. Hasta ahora, los conciertos tenían un IVA reducido (8%). No mantendrán esa categoría. A partir de septiembre, el IVA de una actuación en directo se incrementará un 162%: crecerá 13 puntos y se fijará en el 21%, el tipo general. Una decisión que, en principio, y si los promotores musicales no están dispuestos, al contrario que otros sectores, a asumir la subida del impuesto, repercutirá directamente en el precio de la entrada. Si lo vuestro es la música en vivo, malas noticias.

Las consecuencias pueden ser pésimas para un sector ya de por sí agonizante. La errática política cultural de las administraciones locales y la pérdida progresiva de público en las ciudades pequeñas (y no tan pequeñas) encuentran ahora otro clavo para hundir más la industria musical. La decisión, previsiblemente, alejará aún más al público de los escenarios y hará más arriesgada la promoción de la música en directo. La escena se muere. En Hipersónica os ofrecemos hoy dos versiones distintas, que no incompatibles, sobre la subida del IVA a los conciertos.

Mohorte: no debería ser un drama

Pese a que la música es un bien cultural relevante para una sociedad y considero que necesita del apoyo de la administración pública, encuentro previsible que, en un contexto de durísima recesión y aumento general de los impuestos, el tipo reducido se convierta en tipo general. Un concierto no es un bien de primera necesidad. La subida, ahora y dentro de la lógica de este Gobierno, es coherente.

Bien, tenemos un impuesto elevado sobre un bien cultural. En principio, y dejando a un lado la incapacidad demostrada de la administración de redistribuir con sentido lo recaudado, es algo que debería tener un impacto, a largo plazo, positivo en el apoyo de las instituciones a la música en directo. Obviamente esto no es así. El aumento del IVA no tiene por objeto redistribuir más sino pagar deudas. La decisión es muy negativa para la escena porque menos gente estará dispuesta a pagar.

La cuestión es por qué la subida de un impuesto va a tener un impacto dramático. La escena musical, a gran escala, ha vivido completamente al margen de sus capacidades económicas reales. Ha estado regada por dinero público. La consecuencia directa es que, una vez desaparece el dinero público, y esto era algo predecible, los locales, promotores y grupos se mueren. ¿Debería ser así? En absoluto.

“PS” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/Primavera Sound.jpg” class=”centro” /> Las ciudades han invertido en festivales antes que en pequeños promotores.

Tradicionalmente, las instituciones han gastado mucho y mal en productos culturales. Sin políticas estructurales comprensibles, han optado por la financiación de grandes conciertos y festivales dejando a un lado a los pequeños promotores. En vez de potenciar la viabilidad económica de los pequeños y medianos locales, los que de verdad hacen que todo esto merezca la pena, los han mantenido con respiración asistida a base de repartir las migajas de los grandilocuentes eventos.

Una verdadera política cultural hubiera primado la subvención a los pequeños locales promotores. Estos hubieran logrado desarrollar carteles más atractivos, ganar más dinero y, gracias a ello, fidelizar mejor y poder apostar más por grupos pequeños. No hubieramos tenido conciertos de los Rolling Stones, pero ahora no viviríamos al borde del acantilado y los promotores podrían sobrevivir. Lo siento, la subida es inevitable. El problema es que hoy, tras años de bonanza, no debería ser un drama.

PD: Por mi parte, es preferible que los productos culturales mantengan tipos reducidos. También los conciertos. En una sociedad ideal es recomendable fomentar el consumo de cultura. Gravar con fuerza actividades o creaciones culturales supone una importante barrera de entrada en una sociedad tan, estadísticamente, reacia a la misma.

Javimetal: cuando el enemigo está en todas partes, menos en uno mismo

Recapitulamos cuánto se va a encarecer el ocio tras el anuncio (que, paradójicamente, hace que un gobierno de derechas desanime a los consumidores y ayude a que éstos recapaciten sobre el actual e imperante sistema capitalista). Los libros en papel, los periódicos y revistas se mantienen como estaban, a un 4% pero, por si a alguien se le ocurría leer en formato digital, lo subimos de un 18 a un 21% (a eso se le llama visión de futuro). Y si creíais que todo el papel quedaba protegido, el higiénico estará a un 21% (para aquellos que consideran que el ocio se basa en el trasvase de fluidos corporales). Las entradas de cine y teatro y los espectáculos en vivo (aquí es donde entra la principal fuente de ingresos de los músicos), del 8 al 21%. Y, por último, música grabada, videojuegos y libros electrónicos irán gravados con un 21% de IVA, en lugar del 18% previo. ¿Son estas subidas tan dramáticas como se han apresurado a advertir las asociaciones profesionales de estos ámbitos? Analicémoslo con detenimiento.

Como bien decía Mohorte, el dinero público ha mantenido, de una manera u otra, a la industria musical. Posiblemente de manera asimétrica e irregular entre los artistas del mainstream y los alternativos, y, en los útlimos años, acumulando retrasos en los pagos. Por tanto, asumir que la disminución del flujo de dinero de las arcas públicas hacia la música en directo que es probable que suceda en los próximos meses se deba a esta subida de un impuesto es, cuanto menos, sesgada. En un contexto en el que la liquidez municipal es poco menos que un animal mitológico, la reducción del presupuesto para festejos es una medida lógica para aquellos ayuntamientos y organismos públicos que deben priorizar los gastos básicos respecto a los que no lo son tanto. El presupuesto de las consejerías y del Ministerio de Cultura se han visto también reducidos, por lo que el margen de maniobra para que la industria musical consiga ingresos del ámbito público se ven reducidos, pero con una mayor causalidad de la reducción de los presupuestos que del aumento del IVA.

El problema consiste en la excesiva dependencia del ámbito público. Las iniciativas públicas, obviamente, consumen recursos, pero la mayoría de grandes y pequeños festivales también reciben cuantiosas subvenciones para mantener su actividad, extendida de manera general por nuestra geografía en forma de festivales de nombres ridículos y carteles, fechas y ubicaciones similares constituyendo una agonizante y amenazante burbuja. Las promotoras privadas, que habitualmente organizan sus espectáculos en discotecas y salas de conciertos que también han sido gravadas con un 21% en su actividad, acumulan una doble circunstancia desfavorable para mantener la viabilidad económica de su actividad. Pero, ¿acaso no tienen margen de maniobra para neutralizar esta subida en el precio de sus entradas?

“W” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/Wilco.jpg" class=”centro” /> Wilco, durante su concierto en el pasado Primavera Sound.

Este lamento por “las miles de familias que esta industria genera en España” (después de las otras miles que ha ido perdiendo la industria de la música grabada) debemos considerarlo de manera similar a la del sector hostelero con la regulación del consumo de tabaco en los establecimientos públicos. Por mucho que influyan en su actividad, achacar todos los males a un elemento tangencial de su actividad desvirtúa su queja. La agenda musical de las ciudades medianas y pequeñas refleja la dificultad para mantener una programación estable y una respuesta suficientemente numerosa y constante por parte del público. Los hábitos de consumo musical y de ocio de una generación que no centra su atención (y, lo que es más importante, su dinero) en la música de la misma manera que su precedente, y que, con un acceso más fácil tanto a más música como más facilidades para el viaje y la asistencia a macrofestivales, impide la regeneración sostenible del público de las escenas locales. Ese gap intergeneracional, unido al aumento de precio medio de las entradas convierte la asistencia a un concierto en un desembolso que exige un sacrificio, que muchos prefieren dedicar a los desorbitados precios que también tienen, por ejemplo, las bebidas servidas en las mismas salas de conciertos.

Por tanto, urge una reconversión en la música en directo. Para ello sería muy bueno, obviamente, un IVA reducido tanto en las entradas a los conciertos como en la música grabada, reducida prácticamente a un producto de merchandising (cada vez más exótico y menos destacado en los stands), pero más urgente que eso es la fidelización del público. Iniciativas como las de las giras conjuntas (especialmente si se trata de artistas de la misma discográfica), los ciclos de conciertos (agrupados por temáticas o por géneros), y la diferenciación en los festivales son medidas competititvas que benefician tanto a la diversidad musical como a los costes de contratación (¿acaso no creéis que existe una puja entre todos los festivales que intentan contratar, por ejemplo, a Vetusta Morla y Love of Lesbian?).

Por otro lado, y ya que las discográficas se han convertido en promotoras, ¿por qué no muestran ambición para ser dueñas (de manera individual o en asociación) de los propios locales de conciertos? ¿Sería viable que la UFI, al igual que reduce gastos de distribución al agrupar sus ventas en una misma tienda, como hace en Madrid, se convirtiese en usufructuaria (en propiedad o en alquilar) de una red de locales nacional que le permitiese establecer un circuito estable de conciertos? ¿Puede una rebaja en los precios de las entradas animar a más público, siguiendo el refrán de “más vale muchos cincos que pocos dieces”? ¿Por qué las promotoras (o los locales) no distribuyen abonos válidos, por ejemplo, para 10 conciertos, de manera que fidelicen a sus compradores, estimule a mantener una programación más ambiciosa y repercuta positivamente en los tres ejes principales de esta industria (oyentes, músicos y promotores)? ¿Por qué no cambiar algunos horarios nocturnos de “prime time” por otros de “access prime time” que facilite la asistencia del público en los días laborables?

En el fondo, también es posible que estamos mal acostumbrados. No todas las discográficas funcionan igual, y realmente muchas de las independientes, a pesar de “precios populares” en las entradas o en los discos de sus grupos no consiguen los réditos suficientes para garantizar su supervivencia. No creo que “este último clavo”, como ellos dicen, que supone el incremento del IVA, sea el responsable definitivo de cerrar la tapa de su ataúd. Hay muchos clavos previos, y probablemente muchas influencias viciadas en las contrataciones públicas y muchas prácticas que, no por ser habituales, dejan de ser perjudiciales. Este incremento del IVA es una retirada de la analgesia a una industria enferma, pero cuya patología de base nada tiene que ver con los impuestos. ¿O acaso este mismo clavo del IVA no afecta a industrias todavía más desahuciadas como la del circo?

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