No es un secreto el intenso seguimiento que muchos editores de Hipersónica intentamos hacer, en la medida de lo posible, al inmenso mundo del género Metal. Dentro la propia redacción suelen caer coñas sobre el concepto Metalsónica, pero la realidad es que hablamos de un género muy extenso, con muchas vertientes y muchas perspectivas que terminan cruzando dichas vertientes. Se habla mucho aquí de Metal ya que es muchísimo lo que hay que abarcar. Casi inhumano.

Es por ello que, a pesar de lo mucho que nos molan las listas y, por supuesto, nosotros tenemos la nuestra sobre el género, se hace imperativo un complemento que termine de hacer una radiografía lo más completa posible de lo que ha dado de sí el metal en 2014. Es por ello que nos lanzamos a realizar este repaso, pasando por los distintos nombres propios de estos subgéneros. Habrá ausencias, claramente, pocos repasos de este tipo son perfectos, pero intentaremos que intente reflejar lo que aquí consideramos lo más destacado y lo más mencionable en el género pesado de este año.

Heavy Metal, Stoner: dejen paso a los jóvenes

Las cosas se comienzan por el principio, así que daremos el pistoletazo revisando de qué ha dado de sí la vertiente más tradicional del género, además de algún que otro heredero de Black Sabbath que coquetea y vive en la frontera del metal. Unos aferrados al sota, caballo y rey del género son Iced Earth, quienes han decepcionado con su Plagues of Babylon (Century Media, 2014), el segundo disco con Stu Block al micrófono pero con menos gancho y fuerza que en aquel sorprendentemente agradable Dystopia (Century Media, 2011). Más decepcionantes incluso han sido Adrenaline Mob con su álbum sophomore, Men of Honor (Century Media, 2014), esta vez sin Mike Portnoy y sin casi nada de la energía de Omertá (Century Media, 2012). Esta vez ni la voz de Russell Allen resulta suficiente para salvar el barco, aunque aquí resulta más comedida. Luego gente como Accept y Primal Fear vuelven a ofrecer riffs potentes, pero canciones pobres que conforman discos planos.

No obstante, quien se lleva la palma en cuanto a tropezón son una de las viejas glorias más reconocibles del género. Ni la sombra de los Judas Priest más terrenales podemos apreciar en un flojísimo Redeemer of Souls (Columbia, 2014) que va directo a encabezar por la cola la clasificación de discos de los ingleses (y del metal de este año) liderados por un Rob Halford que no vive sus mejores días como vocalista. Mucho deberían aprender de Zakk Wylde y sus Black Label Society, que buscan algo de oxígeno en su fórmula con algo más de southern rock y de ese toque tan Alice in Chains en un Catacombs of the Black Vatican (Macot, 2014) no muy llamativo pero sí escuchable. Al menos más que unas cuantas momias danzantes.

El regreso de los sacerdotes ha dejado mal sabor de boca, pero no ha sido así con el regreso tras muchos años de los americanos Slipknot tras seis años sin nuevo material. Tras mucho tiempo y tras perder dos miembros, la verdad es que no resulta demasiado desdeñable un .5: The Gray Chapter (Roadrunner, 2014) que bien nos ofrece cañonazos para petarlo bien en sus directos como temas descartables. No es el disco de regreso perfecto, pero no desagrada, al menos no tanto como ese intento de regreso a las raíces que han intentado Linkin Park en The Hunting Party (Warner, 2014), que más que invitar al regocijo en la nostalgia invita a dejarlo en un baúl para nunca rescatarlo.

(Lamentamos tener que meter con calzador aquí este párrafo sobre Nu Metal, pero en algún lado tenía que caer)

Nos toca encontrar los resultados más satisfactorios en bandas jóvenes pero que deciden aproximarse más a las raíces, como es el caso de la revelación del año, Hypnos, con su álbum homónimo (Crusher, 2014) acercándose tanto al blues como a la NWOBHM. Audrey Horne también recurren a la mezcla, pero en el caso de Pure Heavy (Napalm, 2014) el blues deja paso al rock de los noventa. Mientras hay grupos menos clasificables como metal pero deudores evidentes de Black Sabbath que les hacen de obligada mención, como Electric Citizen, los más punkarras Black Moth, los más promesa que realidad Purple Hill Witch o los nacionales Memest, también bebedores de la herencia de Motörhead o Saint Vitus.

Thrash Metal: y Groove: poco nuevo que añadir

Pisando un poco el acelerador nos metemos de lleno en terrenos del Thrash, un estilo donde la mejor aportación viene de bandas jóvenes pero pocas han salido a la palestra. De entre lanzamientos importantes en lo mediático está el Blood In Blood Out (Nuclear Blas, 2014) de unos dinosaurios del género como son Exodus, que no viven sus mejores días, y el Exit Wounds (Century Media, 2014) de unos The Haunted sin Peter Dolving ni Anders Björler y aguantando con lo justo. Lo poco nuevo y llamativo lo tenemos que buscar en nuestra península de mano de una de las revelaciones del año como son Reek, que toman fuerte influencia del progresivo para hacer de Necrogenesis (autoeditado, 2014) una joya como pocas en este palo.

Acercándonos más a esa frontera que separa el Thrash de su hermano pequeño (o hijo no reconocido), el Groove Metal, toca hablar de uno de los pesos pesados no sólo del estilo, sino del metal en general. Machine Head han vuelto rabiosos, pero esta se difumina a lo largo de un excesivo Bloodstone & Diamonds (Century Media, 2014) que funciona de maravilla en las cinco primeras canciones pero luego se diluye cual azucarillo. Había grandes expectativas en ellos, pero Robb Flynn y compañía desaprovechan la ocasión para dar un nuevo golpe sobre la mesa.

Y hablando de pesados, hablemos de Max Cavalera, que ha decidido reactivar Cavalera Conspiracy, ese proyecto aún más prescindible que los Soulfy post-debut y la mejor prueba la encontramos en Pandemonium (Napalm, 2014). Mucho más interesante es el proyecto junto a Troy Sanders y Greg Puciato, Killer Be Killed, cuyo debut homónimo (Nuclear Blast, 2014), sin ser la quinta maravilla, convence que da gusto a base de trallazos. Trallazos que quizá le han faltado a De La Tierra, otro supergrupo con Andrés Giménez de A.N.I.M.A.L, Andreas Kisser de Sepultura y Álex González de Maná (!), que en su debut (Roadrunner, 2014), también homónimo, cuenta con buena pegada pero no termina de romperla. Aunque muy buena exhibición de González en su instrumento, pero eso no es un secreto para cualquiera que conozca mínimamente su banda principal.

Siguiendo de lleno en terrenos Groove, pero esta vez centrados en el apartado nacional porque dos han sido de los trabajos que más nos han llamado la atención en este estilo. Por un lado el Oceanidae (Sobry, 2014) de Vita Imana, donde por fin cristalizan varias de sus promesas y dan ese salto estilístico y compositivo que se esperaba de ellos. Por otro lado el Violent Chapter (Fire Blood Death, 2014) de WIS(H)KEY donde aparcan un poco sus raíces sureñas y van directos a la yugular con bastante acierto, con además una joya acústica que redondea estas cinco canciones.

Metalcore y el Hardcore que se queda en la frontera

Acercándonos a esos aledaños entre el Hardcore Punk y el Metal, lo primero que impera es hablar del Metalcore, aunque no sea un estilo que nos pirre demasiado a muchos redactores de por aquí, salvo contadas excepciones como pueden ser Architects. El combinado inglés recupera su faceta más trallera y más math en el atronador Lost Forever // Lost Together (Epitaph, 2014), fácilmente su mejor trabajo desde el bestial Hollow Crown (Century Media, 2014).

A falta de verdaderos pesos pesados en este estilo, toca hablar Devil You Know, banda liderada por Howard Jones, anterior cantante de Killswitch Engage, y que en su debut The Beauty of Destruction (Nuclear Blast, 2014) nos recuerda varios de los puntos más flojos de su etapa en dicha banda. No les vendría mal aprender de Every Time I Die, quienes con un a veces errático From Parts Unknown (Epitaph, 2014) nos consiguen brindar unos cuantos momentos entretenidos y demoledores. Algo erráticos y mucho más esquizofrénicos son los italianos Destrage, cuyas histéricas locuras progresivas consiguen llamarnos la atención sin terminar de hacernos rendirnos ante ellos en su Are You Kidding Me? No. (Metal Blade, 2014).

Uno de los esfuerzos más tremendos lo han parido desde la parte más técnica del Deathcore por parte de Fallujah con su segundo disco, The Flesh Prevails (Unique Leader, 2014). Otro esfuerzo destacado lo han sacado Tarsius Tarsier en su álbum debut, aunque estos madrileños se sitúan ya en esa frontera entre el Hardcore y el Metal. División en la que se sitúan grupos como Cult Leader, Thorns (no confundir con los blackers noruegos) o Plebeian Grandstand, cuyos respectivos esfuerzos han dejado detalles interesantes pero más de cara al futuro que por impacto presente. Sin embargo, habrá que tenerlos en cuenta en futuros trabajos.

Los inclasificables

Situándonos en extremos experimentales y difíciles de etiquetar, destaca la inmersión de Scott Walker en el género pesado de mano de los encapuchados Sunn O))) en el impactante Soused (4AD, 2014). Un disco mejor ejecutado y más interesante que los mencionados han realizado junto a los noruegos Ulver, aunque el Metal brilla por su ausencia en Terrestrials (Southern Lord, 2014).

Otros que se han alejado del Metal han sido tanto Kayo Dot como Solefald, ambos metiéndose en terrenos muy próximos a la electrónica aunque los resultados han resultado dispares. Por último mencionar a un grupo verdaderamente inclasificable por su bestial mezcla de metal extremo, electrónica pastillera y pop japonés. Exacto, hablamos de Babymetal, cuya irrupción ha sido un auténtico terremoto en el universo metalero. Que esta irrupción sea beneficiosa o no para el género ya es otro cantar, pero había que poner su nombre sobre el tapete.

En la próxima entrega se hablará de estilos más extremos.

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