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El móvil en los conciertos: ¿sí o no?

“Móviles en los conciertos” src=”http://img.hipersonica.com/2013/08/Móviles en los conciertos.jpg” class=”centro_sinmarco” />

Esta semana hemos visto cómo Prince se apuntaba a la lista de artistas que, como Yeah Yeah Yeahs o She and Him, están prohibiendo el uso del móvil en sus conciertos. El de Minneapolis, fiel a su costumbre de no decepcionar, de hecho lo llevó un nivel más allá e impuso las “Purple Rules”, prohibiendo a los asistentes hacer fotos, vídeos y TENER MÓVIL en general.

Esto nos lleva a una discusión ya recurrente entre los asiduos a la música en directo, que probablemente se acrecienta en festivales, bolos gratuitos o eventos masivos de todo tipo: ¿qué pasa con el uso del móvil en los conciertos? ¿Es una falta de respeto hacia quien tienes detrás pasarte todo el rato grabando? ¿Tiene cada uno el real derecho a hacerlo que le dé la gana? Hipersónica Tertulianos afronta el debate:

A favor (Black Gallego)

Desde el punto de vista del espectador, incluido yo que también me gusta recoger alguna instantánea para rememorar el concierto tanto con mi móvil como con una cámara, esta medida se ve un tanto disparatada. No obstante, en esta clase de “batallas” siempre toca ponerse un momento en la piel del adversario y verlo desde su punto de vista.

En este caso, hay que pensar en el músico que se esfuerza por intentar ofrecer un buen espectáculo o una gran actuación para que su leal público pase un buen rato y le toque ver cómo algunos están más concentrados en sacar una buena foto o en grabar un vídeo que en disfrutar de la actuación. Resulta frustrante ver ese tipo de escenas mientras estás dando lo máximo para su deleite. No hablemos ya si resulta que estamos ante un artista particularmente tímido y que ya le da suficiente palo tener que subirse al escenario. Súmale un incesante número de flashes o sonidos de cámara y puede terminar por derrumbarse.

Aparte está el tema de los vídeos de las actuaciones realizadas por los fans, algo que prolifera bastante en portales de vídeo como Youtube y que puede llegar a resultar un estorbo. Buscar una canción tocada por el grupo en directo puede llegar a ser una quimera cuando te toca bucear entre vídeos con un sonido deficiente y una imagen movida. Justo lo último que quieres ver cuando buscas una actuación en un festival o una procedente de algún DVD/VHS publicado por la propia banda.

Considero que los propios grupos ya se encargan de distribuir este tipo de documentos a una calidad decente para el disfrute de todos los fans que no hayan tenido oportunidad de verles. No es necesaria esta proliferación de vídeos que poco aportan al fan medio de un grupo.

https://www.youtube.com/embed/SJRVv0p7HXM

En contra (Poliptoton)

Yo, la verdad, siempre he estado muy en contra de ilegalizar la estupidez. Me parece complejo, generaría una gran crispación, sus límites serían difusos y, sobre todo, acabaríamos con las cárceles superpobladas.

¿Me gusta tener al lado, o especialmente delante, a un tío que se pasa todo el puto concierto grabándolo con el móvil? Ya os lo digo: no. Primero, por una cuestión elemental de invasión del espacio personal, después por la constante amenaza de conflicto que supone (ya he vivido unas cuantas situaciones tensas de que-me-tiras-el-móvil-neng) y por último, porque sufro por ese tío. Sufro porque ese tío (pongámosle un nombre al azar para referirnos a él: digamos, por ejemplo, que se llama Percival Manglano) está tan ocupado grabando el concierto que no tiene tiempo no ya para disfrutarlo (eso se da por descontado que no lo hace), sino ni siquiera para verlo. Y todo para obtener un puñado de vídeos temblorosos, inaudibles, con unos graves capaces de reventarte la cabeza y que nunca, nunca, jamás vas a volver a ver. Repito: Percival Manglano nunca va a ver ese vídeo. Puede que lo cuelgue en YouTube o en su muro de Facebook o donde sea, pero (como decía Louie C.K. en aquel certero monólogo a propósito de las funciones escolares de los niños) debes saber una cosa: nadie, nunca, jamás va a ver tu vídeo tembloroso de la cabeza del tío de delante con Matt Bellamy al fondo, a cuatro kilómetros. A nadie le importa una mierda. Es algo que deberías tener en cuenta si eres como Percival Manglano.

Pero claro, ocurre que si hacemos como Prince y montamos una Karma Police de la Estupidez (y creedme: nada le gustaría más al fascista que llevo dentro), la aplicación de la ley va a ser difícil. Básicamente porque el estúpido siempre es el otro. Porque a mí Percival Manglano me parece un estúpido, incluso podría llegar a decir que un perfecto gilipollas (os recuerdo que el nombre es un ejemplo totalmente al azar), pero ¿qué pasa con los que le parecen estúpidos a él? Yo, por ejemplo, soy de ésos que generalmente disfruta un concierto tranquilamente, birra en mano y pegado a una columna a ser posible. ¿Qué pasa si el día de mañana Percival Manglano nos declara la guerra a los Birracolumneros? Es más, ¿qué pasa con los que, como yo, en determinadas ocasiones nos pasamos por el forro nuestros principios y hacemos exactamente lo contrario de lo que solemos hacer porque unos Titus Andronicus o unos Pet Shop Boys han tenido el detalle de conseguir que nos lo estemos pasando insultantemente bien?

No, por favor, no ilegalicemos la estupidez. Sería demasiado complicado.

¿Y qué opina el pueblo lector de Hipersónica? ¿Mandamos a Siberia a los de los móviles, como se merecen, o les permitamos que sigan creyendo que viven en un Estado de derecho?

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