Ayer por la tarde, en medio de toda la vorágine del cartel del Primavera Sound, estaba pensando que, como en la música no tenemos finales ni entregas de premios, nos hemos tenido que buscar las confirmaciones de festivales. Bueno, sí que tenemos premios, pero ya me entendéis: a ver si los Grammy o los como-se-llamen-ahora de la música española le importan a alguien o tienen alguna capacidad para definir la música hoy en día. Aquí no tenemos desenlaces de temporada como en las series, finales decisivas como en el deporte o galas de expulsión como en los realities de televisión, no tenemos grandes eventos que podamos vivir en directo y comentar, así que la organización ha sido lista buscando una excusa (aunque sea una tan peregrina como la cosa esta del corto) para tenernos a todos pendientes durante un rato.

Y cuando digo a todos quiero decir a todos porque si algo confirmó el sarao de ayer con su streaming correspondiente es la alucinante capacidad que ha logrado el Primavera Sound para marcar agenda en la llamémosle escena indie española [Introduzca aquí su matiz]. Si el Primavera anuncia confirmaciones, allá vamos todos; si el Primavera anuncia que anunciará algo, allá vamos todos; si el Primavera nos lanza un huesito, allá vamos todos. El Primavera es, de hecho, un poco como Juego de tronos: parece increíble que en realidad dure tan poco, porque estamos hablando de él todo el puto año. Ojo, bien por ellos (al fin y al cabo Primavera Sound es una iniciativa que nació de la nada, con espíritu emprendedor, sin grandes patrocinadores, subvenciones ni apoyos mediáticos y, guste más o menos, ha llegado hasta donde está por méritos propios) y por el Universo Marvel que han creado (el festival, la tienda, el reality, el botijo), pero quizá habría que pararse un poco a pensar en cómo tendemos a sacar las cosas de quicio.

Digo tendemos (primera persona del plural) y lo digo a raíz de las toneladas de comentarios que estoy viendo desde ayer, tanto desde la prensa idólatra (tranquilos, chicos, el mundo no se acaba si alguna vez te deniegan una acreditación) como desde el postureo hater. “Vaya puta mierda de cartel”, he leído bastante por ahí. Será mejor o peor comparado con otros según gustos (y para eso estamos, para echar el rato discutiendo eso), pero ¿de verdad si tus gustos tienen algo que ver con la línea de este festival puede decirse que este cartel es una mierda? ¿Todo? ¿Los ciento y no sé cuántos nombres? ¿Los veteranos y los hypes, el metal y el pop, lo del Fòrum y lo de los días previos, los cabezas de cartel y los nombres pequeños, Television y Caetano Veloso?

¿En serio todo mal? Yo sólo recomiendo un par de cosas. La primera, coger el cartel de un día, contar y ver cuántos conciertos que quieres ver te salen: si son unos seis o siete, ésos son los que podrás ver en condiciones en una jornada, así que (salvo que te quejes por no tener a más grupos que no podrás ver) enhorabuena: la cosa está mejor de lo que pensabas. La segunda es un pequeño recordatorio: esto es un festival de música, sólo un festival de música, y además con una línea que todos conocemos ya de sobra. Hay otros, muchos y algunos muy buenos: siempre se puede probar en ellos, no hace falta que a todos nos guste el mismo. Pero quizá quejarte amargamente del poco hip-hop finlandés que trae el PS (qué estrechez de miras, qué paletada) no sea la mejor forma de emplear el tiempo.

Me vais a permitir, por cierto, gastar otro párrafo en reiterar la idea de “otro festival de música”. Otro, sí. Uno con buena organización por lo general, pero al que un buen día le estalla el sistema de pago sobre el que iba a girar una edición y entonces chaos reigns. Uno que se puede (o se podía) disfrutar sin excesivos agobios, pero de repente vienen los Pixies y tardas 20 minutos sólo en salir del recinto cuando acaba el concierto. Uno que suele traer a todo lo más relevante que esté de gira y sea factible ese año, pero que esta vez no ha podido o no ha querido traer a unos Outkast o a un Beck. Uno que, como nos decía un lector ayer, acusa a los demás de “chupar rueda”, pero que (como todos) también rescata a bandas que han tocado antes en otros sitios. Adoro al Primavera Sound, coincido generalmente con su criterio, acudo a él año tras año desde hace una década y algunos de los mejores conciertos que he visto en mi vida han tenido lugar allí. Pero las actitudes semidivinas saturan, agobian y molestan: amigos, a veces se gana y a veces se pierde, y eso está bien. Sólo hay que saber llevarlo.

Y la cuestión es que yo venía aquí a analizar el cartel, pero ya veis en qué ha quedado la cosa: se me ha acabado el artículo y aún tengo un montón de plancha. Pero bueno, dejemos constancia. Con los nombres en la mano y a primera vista, lo primero que me viene a la mente es: ¿qué pasa este año con el pop? Tengo la sensación de que recuento nombres y veo poco, al menos en su vertiente “pura” (sin interactuar con otros géneros) o al menos en inferior proporción de lo habitual.

Veo una confirmación plenamente coherente y que me sorprende que sorprenda, como la de Nine Inch Nails (trayectoria reciente aparte, una de las bandas más transversales y relevantes de las últimas dos décadas, que ya tardaba en estar aquí) y una quizá más sorprendente conociendo la línea editorial de la casa (Queens of the Stone Age), pero igualmente agradecida. Veo los habituales (y muy puntuales) guiños al metal y a lo étnico, una selección electrónica bien cuidada en esta ocasión y la habitual lucha entre lo viejuno y lo moderno con victoria esta vez (estaremos de acuerdo) para lo primero. Nunca compré lo del best festival ever, así que lo veo bastante en línea con el del año pasado y un peldaño por debajo de uno de mis favoritos, el de 2012. Podría estar mejor, claro, pero supongo que debo acostumbrarme a la molesta costumbre que tienen los demás de existir.

En fin, vamos a indagar en los nombres que no conocemos, vamos a dejar de poner el grito en el cielo cuando traigan algo que no-es-exactamente-de-mi-rollo y de paso (ya sabéis los que os tenéis que dar por aludidos) vamos a ir a ver conciertos alguna vez más al año aparte del último finde de mayo. Vamos a pasárnoslo bien, a escuchar un montón de música y a crear recuerdos que luego alteraremos selectivamente según nos resulte conveniente. Que para eso es un festival de música, sólo un festival de música. Afortunadamente.

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