MGM tuvo que tomar la dramática decisión de retrasar el estreno de su última película de James Bond, Sin tiempo para morir, a raiz de la epidemia del Coronavirus, que ha provocado el cierre de salas de cine en países de mercados importantes como China. Viendo que la cosa podría extenderse a más zonas del mundo, y que ya han tenido que cancelar la promoción en varios países, la compañía se resignó y pasó el estreno de abril a noviembre. 

Por supuesto, esta decisión no viene sin coste. Se estima que MGM va a asumir unas pérdidas entre los 30 y los 50 millones de dólares por el retraso. A pesar de que quedaba por hacer la parte más importante de la promoción de la película con Daniel Craig, el marketin empezó hace un tiempo con diveross anuncios, apariciones e incluso el anuncio en la Super Bowl, que costó unos 4,5 millones ponerlo en emisión. 

Sin embargo, para la productora la alternativa (seguir con el estreno) parecía más costosa. Se estima que las limitaciones para el estreno a causa del virus habrían reducido un 30% de la potencial recaudación de la película. Es decir, unos 300 millones de dólares de una posible recaudación de 1.000 millones a nivel global en un escenario optimista. Con esas expectativas, asumir como perdidas la inversión ya realizada suena al menor de ambos males. 

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