El sonido de la (ya no tan) Joven Escocia: démosle las gracias al agua

En enero de 1981, la revista británica New Musical Express regalaba a sus lectores una cinta de cassette que recopilaba algunas de las propuestas musicales más excitantes del momento en el Reino Unido. La cinta llevaba por nombre C81 y recogía una variopinta muestra del pop británico en los albores de los ochenta. Eran tiempos de post-punk, pero la selección era heterogénea: desde el punk melódico de Buzzcocks hasta la electrónica minimalista de Cabaret Voltaire, el ska de Specials, el punk fiero de Subway Sect y el inclasificable Pere Ubu.

Entre esa amalgama de grupos procedentes de toda la geografía de las islas, llamaba la atención la presencia de tres ubicados en Glasgow, una ciudad hasta entonces con escasa relevancia en la música pop. Las tres bandas en cuestión eran Orange Juice, Joseph K y Aztec Camera. Algo se estaba cociendo en aquella ciudad escocesa deprimida y post-industrial.

La Motown de las postales

Dos nombres: Edwyn Collins y Alan Horne. Ellos fueron el motor de esta historia que se desarrolla en la ciudad más grande de Escocia. El primero montó Nu-Sonics en 1976, en plena explosión punk. Tres años más tarde, rebajada la rabia punk, pasarían a denominarse Orange Juice. Precisamente para dar a conocer las canciones de la banda de su compinche Collins fundó Alan Horne Postcard Records, la discográfica que incluía en cada referencia la leyenda “The sound of the young Scotland”, en claro homenaje al “sonido de la joven América” de la Motown. A pesar de su corta vida, Postcard tuvo un influencia capital en la historia de la música de las siguientes décadas.

Publicada en 7”, ‘Falling and laughing’ fue la primera grabación de Orange Juice y el estreno del sello de Horne en febrero de 1980. Habrá quien piense que ese single fue el principio de todo. El principio de una prolífica escena musical en Glasgow que llega hasta nuestros días. El principio incluso de un determinado sonido, variado pero claramente reconocible, que en los siguientes años tomaría forma y cristalizaría en otra cinta del NME, la archifamosa C86. Decía que habrá quien lo piense, y no le faltará razón. Si alguna vez existió algo llamado indie, esa palabra que hoy se nos gastó de tanto (mal)usarla, Collins y Horne tuvieron mucha culpa de ello.

Seis picas en Escocia: salta, es 1986

Como su predecesora C81, la C86 trataba de ser una fotografía de lo más interesante de la escena musical británica en 1986. Manteniendo el espíritu del do it yourself, la música había virado en cinco años desde el post-punk hasta hacia un pop de guitarras más o menos aceleradas, más o menos luminosas. Si el mapa de la C81 presentaba tres picas en Escocia, la C86 subía la apuesta a seis: Primal Scream, The Pastels, The Shop Assistants, The Soup Dragons, Close Lobsters y The Mckenzies. Glasgow, ciudad indie.

Para entonces, Postcard y Orange Juice habían quemado etapas a ritmo de vértigo. La discográfica publicó en 1980 y 1981 varios singles de Orange Juice, Aztec Camera y Joseph K, amén del primer LP de éstos últimos y un single de los maravillosos y nunca suficientemente ponderados australianos Go-Betweens, para desvanecerse después. Ya fuera de Postcard, Orange Juice publicaron cuatro influyentes LPs en tres años bajo la etiqueta de Polydor y se separaron tras un concierto en Londres en enero de 1985. La semilla estaba plantada.

El legado de la C86 fue tal que el nombre de la cinta se convirtió en referencia para hablar de un determinado estilo musical, un pop guitarrero de bonitas melodías, sonido lo-fi y cierto espíritu naif. Al frente del C86 se encontraban los Pastels, descendientes directos de Orange Juice y muy próximos a los grupos coetáneos de Sarah Records. Junto a ellos se encuadrarían otros ilustres de la escena de Glasgow como BMX Bandits, Clobe Lobsters, The Shop Assistants y los primeros Primal Scream. Aquí podríamos perdernos en etiquetas que usaran prefijos como twee, anorak e incluso jangle, pero no merece la pena. Llamémosle pop; llamémosle indie pop.

53rd and 3rd: el error hecho maravilla pop

Desaparecida Postcard Records, fue 53rd and 3rd, sello fundado por Stephen Pastel (su apellido real era McRobbie, pero pronto adoptaría el del grupo que lideraba) y con sede en Edimburgo Glasgow, la encargada de tomar el relevo. Allí grabaron algunas de las bandas de Glasgow y alrededores más interesantes de la segunda mitad de los ochenta (BMX Bandits, The Soup Dragons, The Vaselines, The Shop Assistants) y algunos forasteros afines, como Talulah Gosh, llegados desde Oxford, los galeses The Pooh Sticks o los norteamericanos Beat Happening, que publicaron en la discográfica escocesa el EP Crashing through.

Bajo el sello de 53rd and 3rd grabaron un single y un disco The Vaselines, un dúo formado en Glasgow por Eugene Kelly y Frances McKee. Su repercusión fue escasa y no tardaron en disolverse, al igual que la propia discográfica. Fue al iniciarse los años noventa cuando empezaron a ser reivindicados por una banda de Seattle que estaba triunfando en todo el mundo y respondía al nombre de Nirvana. Su líder, un tal Kurt Cobain, no paraba de citar a The Vaselines como referente a todo aquel que quisiera escucharlo, además de grabar varias versiones de los de Glasgow. Aún habrá quien crea que ‘Jesus doesn’t want me for a sunbeam’, aparecida en el famoso Unplugged grabado por Nirvana para MTV, es original de los de Seattle.

Antes de iniciar el proyecto The Vaselines, Frances McKee había formado parte de The Pretty Flowers, donde coincidió a principios de los ochenta con otros músicos que después formarían parte importante de la escena de la ciudad. Allí estaba Sean Dickson, más tarde en Soup Dragons; Duglas T. Stuart, frontman de los BMX Bandits, y Norman Blake, que también se uniría a los BMX Bandits, llegando a co-firmar algunas de sus mejores canciones, antes de formar en 1989 Teenage Fanclub, uno de los grupos más adorables y longevos salidos de Escocia. Con las guitarras siempre por bandera, Teenage Fanclub irían con el tiempo rebajando la tensión y alejándose del sonido indie británico para abrazar el pop clásico del otro lado del océano, con la costa oeste en mente y los Byrds, Beach Boys y Big Star como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Bobby, you’re a miracle

En paralelo a The Pastels, emergió en Glasgow otra banda que habría de definir la música de finales de los ochenta y principios de la década siguiente: The Jesus and Mary Chain. Ambas compartían el gusto por la melodía, pero si los Pastels apostaban por la dulzura, los hermanos Reid preferían envenenar las melodías con distorsiones arrancadas a la guitarra con los ojos clavados en las puntas de las zapatillas. Shoegazing terminarían llamando a aquello.

La labor que durante los 80 habían llevado Postcard y 53rd and 3rd tendría continuación por medio de Chemikal Underground

En la primera época de Jesus and Mary Chain, tocaba con ellos un tipo delgado y desgarbado que aporreaba de pie una batería mínima, que casi parecía de juguete. Su nombre era Bobby Gillespie y después de publicarse el álbum de debut Psychocandy abandonó a los Reid para centrarse en su proyecto personal, Primal Scream. Empezaron siendo un grupo de indie pop más, pero más tarde Gillespie tuvo la feliz idea de arrimarse al dance, influenciado por sus coetáneos de Mánchester, para explorar la frontera entre el rock y la música de baile con espléndidos resultados.

Primal Scream publicarían sus discos en Creation Records, una discográfica nacida en 1983 en Londres. El fundador de la misma había sido Alan McGee, un tipo llegado a la capital del Reino Unido procedente de Glasgow, donde había formado parte a finales de los setenta en la banda punk The Drains, junto a el propio Bobby Gillespie y Andrew Innes, miembro también de Primal Scream. Creation se convertiría en la punta de lanza del sonido indie, albergando a The Pastels, Jesus and Mary Chain, Teenage Fanclub y BMX Bandits, además de grupos esenciales como My Bloody Valentine, Ride, Slowdive o Felt.

La labor que durante los 80 habían llevado a cabo en Escocia Postcard y 53rd and 3rd tendría continuación en la década posterior por medio de Chemikal Underground, sello fundado por los componentes de The Delgados, una de las mejores bandas que pisaron estudio de grabación alguno entre finales de los noventa y principios del nuevo siglo. Chemikal Underground dio cobijo a multitud de grupos locales, desde el rock tremebundo de Mogwai (post-rock lo llamaban entonces) hasta el pop electrónico de Bis, pasando por el indie pop de Urusei Yatsura y las canciones de desamor pajillero de Arab Strap, así como posteriormente los proyectos en solitario de los dos componentes de ésta última banda, Malcolm Middleton y Aidan Moffat.

Los hijos de la Joven Escocia… y sus bastardos

Si en los ochenta la escena de Glasgow había nacido y crecido, en los noventa llegó la multiplicación. A todos los citados podemos sumar los afamados britpoperos Travis y Belle and Sebastian, seguramente el grupo más conocido y representativo del pop de Glasgow. Stuart Murdoch y compañía editaron a finales de siglo una trilogía fundamental (azul, rojo y verde) y aún hoy siguen sobreviviendo más que dignamente, buscando nuevas identidades musicales, aunque ya sin aquella magia juvenil que nos hizo amarlos sin reservas. Hijos de los Pastels y nietos de Orange Juice, Belle and Sebastian tuvieron en sus paisanos Camera Obscura a sus primos menores y aventajados. Una banda muy conocida en España gracias al padrinazgo de Elefant Records.

Ya en el siglo XXI, Glasgow vivió la impetuosa irrupción de Franz Ferdinand y su Take me out, el éxito masivo de Glasvegas y la aparición de 1990s, Sons and Daughters, The Phantom Band y los energéticos The Fratellis, con su hit ‘Chelsea Dagger’ convertido en himno futbolero. La ciudad no ha cesado de engendrar proyectos interesantes. Todo ello mientras Emma Pollock emprendía carrera en solitario tras el fin de The Delgados, The Jesus & Mary Chain volvían de entre los muertos para festivalear y Belle & Sebastian, Mogwai, Teenage Fanclub o Primal Scream proseguían (hasta hoy) con su longeva y elogiable trayectoria. Incluso The Pastels han dado señales de vida en este 2013 con la reciente edición del single Check my heart y el anuncio de un disco inminente.

A todo esto, Edwyn Collins, el líder fundador de Orange Juice, nunca se desligó de la música tras la separación de la banda precursora. Siempre a camino entre el pop y el soul, vivió a mediados de los 90 su momento de mayor gloria con el éxito del single ‘A girl like you’, pero en 2005 una doble hemorragia cerebral lo tuvo al filo de la muerte. Fue operado e inició una rehabilitación lenta y compleja, un arduo reaprendizaje. Con el tiempo, las canciones volvieron a fluir en su interior y en octubre de 2007 se subió de nuevo a un escenario en Londres. En el verano de 2008 actuó en el festival de Glastonbury y en el patrio Summercase. Dos años después estaba en las tiendas Losing Sleep, el primer disco grabado tras la operación. Desde entonces continúa con su progresiva recuperación, actuando en directo aquí y allá, grabando y produciendo. Hace apenas un mes fue publicado Understated, su octavo disco en solitario y la evidencia de que al pionero de esta historia aún le queda cuerda para rato.

Hasta aquí el repaso breve, forzosamente incompleto y algo frenético a tres décadas largas de música en una ciudad que ha contribuido de forma especialmente relevante a la historia moderna del pop. La razón por la que la escena de Glasgow ha resultado tan fértil y sugestiva no deja de ser un misterio. Hay quien alude al aburrimiento como motor de la creatividad. Glasgow, dicen, es una ciudad gris, en la que no hay mucho que hacer aparte de encerrarse en un sótano a tocar. Quién sabe, quizás sólo se tratara de la confluencia casual de unas cuantas mentes inquietas en un momento y un lugar concreto, y el resto de las fichas cayeron después por efecto dominó. O tal vez el agua de Glasgow contenga algún elemento especial e indetectado que convierta a sus habitantes en seres especialmente dotados para agarrar una guitarra y ponerse a parir canciones. Por si acaso, démosle las gracias al agua.

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