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El tamaño sí importa (I): ‘Transatlanticism’, de Death Cab for Cutie

En Hipersónica hemos ido, de nuevo, en contra de toda lógica. En tiempos en los que escuchar música se hace de forma lo más rápida posible, ya que no tenemos tiempo para cocinar y el Burger King nos quita de muchos apuros, y aprovechando que cada sección que comenzamos la dejamos abandonada a la mitad… hemos encontrado la cuadratura del círculo: empezar una nueva sección (otra más, que dejaremos en tierra de nadie) sobre canciones largas. Una especie de derrota anticipada, pero somos así de tercos y ya veis.

Os hablaremos de canciones que nos encantan, por un motivo u otro, y que siempre se irán más allá de los seis minutos. De las que será imposible que escuches en la radio, porque se comerían medio programa. Esas. El título de la sección da un poco de vergüenza ajena, pero nuestro nivel de creatividad no ha conseguido alcanzar nada mejor.

En días en los que en la mayor parte de la Península está bajo la dictadura de una lluvia casi incesante, en muchos lugares pensamos que podría nacer un océano al lado de nuestras casas.

The Atlantic was born today and i’ll tell you how
The clouds above opened up and let it out
I was standing on the surface of a perforated sphere
When the water filled every hole
And thousands upon thousands made an ocean,
Making islands where no island should go
Oh no

https://www.youtube.com/watch?v=3b6hDCIeDk

Transatlanticism, el cuarto disco de Death Cab for Cutie salió a la venta tal día como hoy (bueno, como ayer) hace once años. Es un dato casual, en todo caso, ya que los casi ocho minutos de la canción que da nombre al disco han perdurado tras todo este tiempo en nuestra materia gris, inamovibles. En días tan grises como los actuales, de cobijarte bajo un abrigo, de buscar la cercanía. O en cualquier otro, pues las grandes canciones en rara ocasión no merecen ser escuchadas.

No es probable que se trate de una canción que pase desapercibida una vez la escuchas, es más, seguramente hablemos del mejor tema compuesto por Ben Gibbard y Chris Walla jamás. En caso de que se os hubiese escurrido entre los dedos, la segunda oportunidad de que surgiese ese click emocional del que a menudo hablamos fue cuando Claire Fisher, la fascinante protagonista de A dos metros bajo tierra, se apropió de las últimas estrofas de la canción en su dormitorio, rodeada de los amigos más íntimos. I need you so much closer.

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