El tamaño sí importa (LII): ‘Swollen and Halo’ de Baroness

Qué duro parece para muchos aceptar los cambios de los demás, especialmente en la música. En algunos casos, se puede ver una cerrazón absoluta al respecto, condenando a la hoguera del desprecio a quien se atreva a cambiar un ápice de su sonido. Como si todos fuéramos idénticos a cuando éramos diez, cinco o incluso dos años más joven. Es difícil explicar esa manía en algunos para que todo permanezca exactamente igual con respecto a aquello con lo que ellos se sienten cómodos, con la confianza de que la magia de aquel momento en aquel contexto persista de igual modo.

Porque lo normal es que cuando queremos que algo permanezca sin ningún cambio es porque lo de antes no gustaba mucho, nos resultaba totalmente satisfactorio. Caso clarividente es el de Baroness, que vieron como muchos se abalanzaban (injustamente) contra ellos con picas y antorchas por ofrecer un ejercicio rupturista aunque coherente en Yellow & Green (Relapse, 2012). Demasiada añoranza a la versión de Baroness de hace tan sólo tres años diría yo, los que irrumpieron con fuerza en el metal underground. Y eso que esencialmente no son tan distintos de estos Baroness que ahora disfrutamos algunos.

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Las cosas como son, no lo pusieron fácil con Blue Records (Relapse, 2009), uno de los discos más brillantes del cruce entre del género sludge y el metal progresivo más reciente. Pero ya incluso ahí abrían la puerta a algo más que ramalazos guitarreros los berreos de John Baizley. Se veían detalles de que los de Savannah, profundamente, aspiraban a algo más que unos competidores de Mastodon en su liga. La pieza más larga del conjunto es, además, muy explicativa de todo ello. ‘Swollen and Halo’ marcaban los primeros compases de lo que estaba por llegar.

El mayor calado progresivo de la pieza, los amagos a la psicodelia, una forma de cantar menos agresiva y más épica por parte de Baizley. Pequeños detalles, lo sé, pero lo suficientemente significativos. La parsimonia del inicio, con una exquisitez sublime preñando las guitarras, dando lugar a una ligera subida en las revoluciones, dejando maravillosos juegos instrumentales entre estrofas y épicos estribillos. El puente que precede el final nos deja, además, momentos totalmente magníficos, casi como intercambios de golpes a modo de riffs, que terminan de poner el broche de oro a una canción aguerrida y fantástica. Eso sí, no sería la última que Baroness nos entregaría.

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