El tamaño sí importa (LIII): ‘Gurb Song’, de Migala

Siendo una de las bandas más relevantes de la música independiente española entre 1996 y 2004, Migala dieron vida a algunos de los discos más experimentales y personales de la escena española del momento. Consiguieron además una verdadera proyección internacional siendo mucho más que una banda. Migala fueron un proyecto, un experimento de músicos y amigos.

Sus trabajos son fuerza, belleza e impulso. La nostalgia y la tranquilidad que desprenden sus composiciones nunca se han tornado aburrimiento, pues consiguen sonar tristes y agresivos, siendo a la vez los que te oprimen el pecho y después te dan aire. Tras su prometedor debut, Diciembre 3 a.m. (Acuarela, 1997), Así duele un verano llegaba un año después con una visión muy íntima y poderosa de la música y el (des)amor, recogiendo algunas de las historias más tristes jamás contadas. ‘The Whale’, ‘Low of Defenses’ o ‘Regular Storm Sounds’ mantienen intacta su capacidad de seducción, haciendo que Así duele un verano envejezca muy bien.

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Si hay un disco capaz de ponerle sonido a la melancolía, ése es Así duele un verano. Un suspiro te inunda con los primeros acordes, y desde ahí, los recuerdos se van sucediendo en tu mente sin que puedas hacer nada para evitarlo. Un viaje hacia el interior, que duele como nunca cuando suena el tema al que hoy nos referimos, ‘Gurb Song’. Visceral pero delicado. Con una ejecución a la que no hay nada que reprocharle, la emoción y la tensión se hacen palpables en más de seis minutos de música que solo necesitan de unas sutiles guitarras, unos acordes de órgano de fondo, una pobre base rítmica y un doloroso recitado. Sí, doloroso, y dirigido al amor verdadero, al que no es platónico ni se imagina, pero que acaba por rompernos el corazón en mil pedazos.

I wanted someone to enter my life 
like a bird that comes into a kitchen 
And starts breaking things 
and crashes with doors and windows

This is the point, isn’t it? 
New birds that will project me along a wire 
from the underground into the air,
into the world.

Unos años después, una versión más larga y más ruidosa aparecía en Restos de un incendio, con las guitarras como protagonistas y suprimiendo el recitado de Abel. Una base rítmica mucho más firme esta vez recoge el sonido de las guitarras junto con los teclados, mientras que una armónica y un acordeón aportan más intensidad a esta versión que renombraron como ‘La canción de Gurb’. Da igual cual escuchéis, acabaréis hechos polvo, llenos de rabia por no haber aprendido y seguir jugando a ser románticos suicidas.

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