El tamaño sí importa (LX) — ‘Golden Number’, de Ghost Bath

Un riff es una frase. Entiéndase esta como parte de una repetición estructural, un ostinato. La frase es significante. El riff a veces atiende al refrain o chorus — al estribillo propiamente dicho — o, en el caso que vamos a escuchar, da forma a una canción completa. Canción por su sentido armónico, no en ese vago sentido distributivo de secciones y partes concatenadas. Fijémonos, por ejemplo, cómo Opeth en ‘Porcelain Heart’ estructura pequeñas estrofas a modo de inserto entre el fraseo central, sirviendo de contrapesos dinámicos:

Aquí casi estaríamos hablando de un himno, donde la reiteración ensalza el motivo específico, llevando la letanía dual del cantante frente a los instrumento a un único monólogo coral, sin réplica. En el doom metal y familiares — a saber: funeral, stoner, drone, noise y demás estilos de tempos largos, ritmos pesados y afinaciones graves — la frase puede ocupar todo el significado. Frase, del griego φράσις (expresión), adquiere una nueva forma de comunicación para transformarse en oración, del latín oratĭo. Oración, además, por elevar un único mensaje a la categoría de mensaje final. Orando, los creyentes (músicos) se dirigen a su dios (oyentes). Imagínense un poema compuesto únicamente de cuarenta y ocho veces repetida la frase ‘I’m Dying’. Quizá el poema no cambie de significante pero sí implica nuevos significados con cada reincidencia; un peso variable. A una frase le basta con ser un conjunto de palabras con más o menos sentido gramático. A una oración se le exige un sentido completo, un sujeto realizando una acción sobre un objeto.

Quiero que los dos lectores que hayan llegado hasta aquí entiendan esto. Porque cuando Ghost Bath publicó ‘Golden Number’ como single no sólo deformó el sentido de un adelanto como acercamiento promocional sino que redimensionó la percepción normal del riff como frase. A Ghost Bath se le encuadra dentro de ese glosario de bandas oscuras, atmosféricas, depresivas e intencionadamente inescrutables. Hasta hace poco no sabíamos que son yankis y no chinos. Sus miembros, por cierto, gustan de llamarse como una sola entidad sin nombre. Como en el caso de los rusos Skyforest, el cantante nunca llega a verbalizar frase alguna, utilizando su voz como un instrumento más, ambientando y coloreando el mensaje, no explicitándolo. Su disco Moonlover (2015, Northern Silence Productions) prescinde además de tipografías y subtitulados en su carátula para dedicar su espacio a la obra ‘la Luna’, del reivindicado fotógrafo guatemalteco Luis González Palma. El lenguaje de Ghost Bath siempre es físico, carnal, no verbal.

En ‘Golden Number’, con intención la canción más extensa de todo el LP, no hay normas de estilo. Y, como el resto del álbum, tampoco sigue una dinámica musical con patrón rítmico claro. Alguien diría que se trata de niños sin formación yendo y viniendo en el tempo. Como Lars Ulrich. Evidentemente esto no es así. Por algo Ghost Bath son comparados con otras bandas de vanguardia donde la palabra comodín ‘jazz’ entra en escena: el mensaje es irrefrenable, no atiende a estructuras. Toda la canción oscila en torno a un riff de ocho notas y una melodía de cinco. Cuando, hacia finales del sexto minuto, el piano sustituye a la guitarra solista, el riff sigue siendo el mismo. Pero ya no es el mismo. Cada variación, cada arpegio, logra redimensionar el mensaje final. Sin cuantización, cada nota es una interpretación original, una revelación sonora inédita.

We are all nameless… Nameless is all, and nameless is none

Ya que no podemos asirnos a letras, conviene observar el título: el número áureo es un constructo. El número áureo, pese a sus persistencia en la naturaleza y evidentes respuestas en aritmética, siempre ha sido puesto en duda. Se insiste en que de alguna forma puede inducirse, encontrarse voluntariamente si se busca con ojo artístico. Hallarlo es tan fácil como tomar las medidas desde los puntos adecuados del objeto. Como dicen ellos mismos «al mirar a la luna recordamos que estamos en la tierra». Los aspectos estéticos del número áureo como divina proporción, dada por Dios a los hombres, funciona como ejercicio místico. No en vano los pitagóricos, presuntos descubridores de esta ecuación, nacieron como movimiento filosófico-místico.

‘Golden Number’ es mística en sentido literal: sus desvelos nacen de una rémora filosófica y, como insinuaba Bataille, la respuesta es que no existe respuesta. Por más que la busques no estarás más cerca de la misma. ‘Golden Number’ no es un simple ejercicio estilístico atendiendo a nuevos formalismos, ni un trampantojo vulgar para que los plumillas se llenen la boca excusando lo nuevo entre lo trve, cuando la autenticidad se halla en sí misma y, por tanto, no demanda justificación alguna más allá de su verdad. En definitiva, esta no es tan solo una de las mejores canciones del año en curso sino una de las expresiones más vivas de eso que llamamos riff. Como una onomatopeya animal, el mensaje de Ghost Bath se transmite a través de crudos bramidos, de alaridos abstractos. Es el único lenguaje posible en tiempos de odio e incomunicación.

Playlist | El tamaño sí importa

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