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El tamaño sí importa (LXXII): ‘Snakes for the Divine’, de High on Fire

Siempre es necesario ese momento en el que una banda da el salto y pasa de ser una buena banda a una que marca verdaderas diferencias. Aquella que alcanza un nivel extraordinario en casi todos los aspectos y sus obras son piezas que uno no debe perderse por nada. Random es algo que ya no tiene cabida a la hora de hablar de ellos y muchas bandas novatas empiezan a tomarlas como modelos a seguir. Una banda que, independientemente del estilo que toque, representa lo que realmente importa de ese momento temporal concreto.

Por supuesto, hablar de Matt Pike como un cualquiera sería cometer toda una herejía. Hablamos ni más ni menos que del hombre que aporreaba a gusto las seis cuerdas en Sleep. No obstante, la banda que lideró tras el cese de esta no alcanzaba ese grado de seminalidad e importancia. High on Fire no pasaba de ser una buena banda de sludge y doom metal, que sabía meterse en vena el espíritu de los Black Sabbath o Motörhead y lo plasmaba con bastante acierto, aunque no marcaba verdaderas diferencias.

Sin embargo, para mí eso cambiaría totalmente con la llegada de Snakes for the Divine (Century Media, 2010), un disco que fue todo un game changer que me ayudó a empezar a ver la banda con otros ojos. El cruce de sludge y doom seguía ahí, la esencia de un hijo bastardo de Iommi y Lemmy que estuviera a tope de esteroides seguía ahí. Pero ya no era más de lo mismo, pasaba a ser algo más. Sus canciones se volvían completamente vibrantes, sus riffs se volvieron droga pura y su pegada pasó a volverse adictiva. Pasar a entregar pepinazos como ‘Frost Hammer’, ‘Ghost Neck‘ o ‘Fire, Flood & Plague’ es justo lo que marca la diferencia para High on Fire.

Pero el tema donde mi percepción sobre Matt Pike y compañía pasa a elevarlos al siguiente nivel es con el tema inicial, el que da nombre al disco. Esa ‘Snakes for the Divine’ entrega un riff de locura, casi heavy, para pasar a sacudirte mandobles sonoros que te dejan sin defensa. Y durante ocho minutos te mete de lleno en una montaña rusa de vigorosos guitarrazos, sin llegar a bajar el nivel ni perder la categoría de trallazo. Hacer un tema así de efectivo y que esa energía no pierda frescura tras prolongarlo a los casi diez minutos es, desde un luego, un meritazo enorme que bien merecía un hueco en la sección de El tamaño sí importa.

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