El tamaño sí importa (XCV): ‘End On End’ de Rites of Spring


El tamaño sí importa (XCV): ‘End On End’ de Rites of Spring

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Oct 5, 2016

Antes de que Fugazi llegasen para reventarlo todo por los aires, el bueno de Ian MacKaye se dedicaba a cosas más sencillas, aunque no por ello menos impresionantes. Él estaba al frente de una pandilla de adolescentes que se hacían llamar Minor Threat y que se convirtieron en todo un pilar de la música hardcore que comenzaba a sacudir la costa este. Su existencia fue efímera, pero muy intensa, y su impacto fue tan grande que muchos quisieron continuar ese legado de música acelerada y llena de emoción. Pocos estaban a ese nivel, pero sólo sus actos confirmaron que la banda había logrado dejar huella en la historia de la música.

No obstante, ciertos inconformistas optaron por alejarse de los puritanismos del género y empezar a volar libres de los esquemas más fundamentales del propio hardcore punk. Se llevarían unos cuantos improperios y rechazos de los propios puristas, pero habían logrado descubrir nuevas vías creativas a partir de deformar esa base vertiginosa e imparable. Nuevos terrenos sonoros por explorar y explotar, cosa que se llegaría a hacer en años posteriores por bandas que hoy son tótems inamovibles de lo que se denominaría post-hardcore. Antes de todo eso, en 1985, bandas como Rites of Spring comenzarían a redactar el prólogo de todo esto.

Su historia también fue breve, formándose en 1984 para luego desaparecer dos años después con tan sólo quince conciertos realizados y dos trabajos publicados por el sello de, precisamente, Ian MacKaye. Uno de ellos un EP publicado un año después de su disolución y el otro uno de los cimientos de lo que más tarde sería el post-hardcore. Una joya de pura abrasión punk y también emocional (por las profundas letras de sus canciones) llamado también como el grupo, Rites of Spring (Dischord, 1985), tomando su nombre del ballet The Rite of Spring de Ígor Stravinski.

De entre esa colección de canciones cortas (sólo tres superaban los dos minutos de duración) resaltan con luz propia los sietes minutos de ‘End On End’. Sus primeros compases son raudos y veloces, de pura esencia hardcore y absolutamente demoledores, hasta que pasado el primer minuto el tono empieza a adquirir otro color a partir de las guitarras de Eddie Janney y Guy Picciotto, con cierto toque melódico que termina girando a lo ruidoso. Pasa a reducirse el ruido drásticamente, siendo el reducido sonido del bajo de Mike Fellows lo poco que llegamos a percibir. Progresivamente se van uniendo el resto de miembros hasta la explosión de intensidad que deriva en una absoluta locura de guitarras volando por los aires, ejerciendo bajo y batería como la base sobre la que ir desplegando ese ruidosa y creativa orgía guitarrera. La ambición y la garra mostradas aquí son un pilar a partir del cual han podido construir bandas que hoy son mitos. Y buena parte se lo deben a Rites of Spring.

Por supuesto hay que darle un extra de mérito al batería Brendan Canty y a Picciotto, que más tarde con MacKaye romperían todo el panorama con barbaridades así.

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