A pesar del discreto We Are Undone, hubo un tiempo en que Two Gallants escribían grandes canciones. Quizá no llegaran a todo el mundo, pero conectaban con todos aquellos que de una u otra forma llegaban a ellos. El dúo de San Francisco tenía esa capacidad innata para escribir letras de perdedores, de solitarios, de no correspondidos… Líricas melancólicas que con sus maneras de folk rock cruzadas con cierto aire de rock independiente ayudaban a potenciar esas historias. Casara o no con ese género, te identificaras o no con su discurso, Two Gallants tenían ese toque.

Un toque sensible que podía pasarte por encima con ‘The Prodigal Son’ — algún día hablaremos de ella cuando inauguremos la sección de tamaños normales — o desgarrarte emocionalmente con ‘That Train That Stole My Man’, encargada de cerrar su debut, The Throes (Alive, 2004). Una canción que habla acerca de la pérdida de un padre, de salir adelante y cargar con la espalda con esa pérdida durante el resto de su vida; una historia triste que por supuesto no tendría todo el peso dramático que tiene con ese toque árido del desierto americano. Y ese final rabioso de expiación, intentando salir hacia adelante.

Now the wind runs through my skin
And the rain runs through my eyes
Can’t find no ground to hold my feet
Lord knows how hard I tries!
And lay my back down on the track
Of that train that stole my man

Punteos desoladores a lo Ry Cooder, pequeñas ráfagas de guitarra para meter intensidad al tiempo que el vocalista Adam Haworth proyecta la emoción a través de sus versos; cumpliendo esa necesidad de vital de encerrarte en ti mismo o de contar lo que te sucede para poder salir adelante. Haciendo grandes canciones de pequeñas huellas que el paso del tiempo a veces no puede borrar. Una coraza musical que aumenta el carácter solitario y en ocasiones tremendista que en aquellos años practicaban. El uso de la armónica y la acústica, el toque melancólico de la guitarra o la potencia de la batería en otras canciones…

Two Gallants eran un polvorín de emociones en discos tan buenos como los que facturaban en su primera época. Y eso tenía su expresión musical en temas tan redondos como ‘That Train That Stole My Man’, una historia que no tendría esa conexión tan intensa sin un momento de inspiración creativa tan grande como el que un día tuvieron.

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