Uno de los principales quebraderos de cabeza de la mitología del pop contemporáneo es la medida real del tiempo. ¿Cuántos años han de pasar para elevar a un disco a la categoría de clásico? ¿Durante cuántos lustros necesita acumular polvo en nuestra estantería mental para emitir un juicio reposado y con la debida perspectiva que el tiempo, acaso juez total, otorga? Las respuestas varían en función de a quién preguntes. ¿Un año? Puede que demasiado poco. ¿Tres años? Comenzamos a entendernos. ¿Cinco? ¿Son cinco años de inmensa producción musical en todos los rincones del mundo suficientes? No parecen tan lejanos, en realidad, ¿o sí? Al fin y al cabo todos lo vivimos de forma consciente, y quizá se antoje demasiado poco legendario.

La respuesta se encuentra en el disco en cuestión.

En las canciones que lo componen.

Congratulations (Columbia, 2010) tan sólo requirió de doce extravagantes minutos para dibujar su propio hueco en la historia de la música pop. En la más brillante y retorcida.

Podría sonar herético, pero lo escribiré igualmente: MGMT compusieron cinco años atrás un disco elemental para entender la psicodelia contemporánea, una suerte de obra maestra con múltiples erratas, borrones y cuentas nuevas escondidas entre canciones que nacieron para no ser perfectas. En su particular camino hacia las estrellas imaginarias del pop, ‘Siberian Breaks’ se erigió como la canción total. Tal y como escribiera probertoj en su día, Congratulations son todos los hits del mañana, aquellos que quizá están por llegar o quizá jamás existan. MGMT, a través de las seis, siete, ocho secciones diferentes de ‘Siberian Breaks’ encapsularon nuestro futuro. Porque una cosa es nuestra idea de futuro y otra muy distinta lo que el futuro está por depararnos.

Congratulations son todos los hits del mañana, aquellos que quizá están por llegar o quizá jamás existan. MGMT, a través de ‘Siberian Breaks’, encapsularon nuestro futuro

Es probable que aquellas canciones, producidas por Sonic Boom, inspiradas en Dan Treacy y Brian Eno, jamás se conviertan en canon alguno. Es de lo más probable. Pero si alguna vez alguien ha imaginado un futuro justo e ideal, en él todo el mundo escucha con devoción los doce minutos de ‘Siberian Breaks’, en él nadie pasea indiferente por los diversos estadios psiquiátricos y emocionales encorsetados en una canción que son ocho, nueve, diez a la vez, que desafía a las leyes de la gravedad porque no las necesita. Su reino nunca ha sido de este mundo.

mgmt-congratulations

O de este presente.

O del que está por llegar.

Su reino pertenece al mundo de lo posible, del futuro, de la pura y más infantil imaginación. ‘Siberian Breaks’ dibuja el serpenteante camino de los círculos del infierno de Dante a cada cambio de ritmo. Se inicia en la paz espiritual de los primeros acordes, opta por la elegía ácida poco después, por la odisea carrolliana, por el salto temporal dulce y terrible de H. G. Wells, por la resignación melancólica, por el frío, el más puro frío, y por el arrebato de genial lucidez, de capricho artístico que casi, casi culmina su viaje a través de los tiempos y las galaxias. Tiempo y espacio: surf en el Círculo Polar Ártico y dibujos animados. Ah, ingenua poesía.

If you find the soul that you lost
Frozen in a starry void
Take it within and hope the sight of blood
Can will signs of life to return
Back to the way that it was
Long before it made a noise
To keep on quietly reminding you
What’s never created or destroyed

Hablábamos de años. Cinco después, ‘Siberian Breaks’, una canción imposible, pensada para morir a los pies de nuestra contemporaneidad, continúa siendo el single más obvio de Congratulations. El único, quizá. Si algo así no merece derribar tótems del pasado, es porque pertenezco al futuro improbable de MGMT. A aquel donde Siberia es de colores.

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Joan Sebastián Estrada Ramos
21 days ago

No entendí un carajo sinceramente.