El tamaño sí importa (XLIV): ‘El fabricante de alas de mariposa’, de El Niño Gusano

Llega un punto en que hay algo, teóricamente destinado a tu tiempo de ocio, que alcanza una repercusión vital inaudita. No sabéis las ganas que tenía de hablar de El Niño Gusano por aquí, pero no encontraba el momento de decir cosas que mejorasen a lo que habían contado compañeros como Natxo Sobrado o mohorte. Cualquiera, o al menos cualquiera que haya pertenecido a cierta generación en la que conocer a Sergio Algora y los suyos iba más allá de la celebración del Día Mundial de Echar de menos a Sergio Algora, todos los 9 de julio, sabrá que hablar de El Niño Gusano es, al final, hablar de una época de tu vida que te resistes a dejar morir.

Y es que El Niño Gusano en general, y El escarabajo más grande de Europa en particular es uno de esos discos que van mucho más allá de unas cuantas franjas que se cuentan por micras sobre la cara de un vinilo. Ellos consiguieron hacerte crecer envuelto de historias llenas de magia. Definirte como alguien especial. Aunque no lo fueras, conseguían que lo creyeses. Ahora feliz, feliz.

Así, mientras pedimos que nos traten de usted, seguros de que somos mucho mejores que vos, o recordamos que los hombres bajo el río siempre huelen mal, llegamos a invitar a las niñas a que no cuenten a nadie lo que hacen en su cuarto después de merendar. Y puede que yo sea como una vieja atracción que un día sirvió para pasarlo bien, pero tú eres la capital del peor país del mundo, todos los que allí viajaron estuvieron de paso. Y llegará el momento de recorrer el camino que nos lleva a la luz de la casa del fabricante de alas de mariposa.

Hablar de magia y de El Niño Gusano es casi redundante. Ese inicio en forma casi de nana, con la voz del Algora más amable y menos gamberro, pone el ladrillo que ni siquiera necesitaba ya el conjunto del disco. Uno de los mejores trabajos del pop español de siempre. Una letra tan descorazonadora como llena de encanto.

Has tenido en vida tanto afecto y tanto amor,
que acabarás en casa disecado como yo.
Alas como manos, tu belleza se acabó,
volando sobre el campo causaras admiración.

Y sí, hoy os recomendamos ‘El fabricante de alas de mariposa’ y sus 06:31 de emoción infinita, de cuento de hadas envuelto en papel de regalo. Pero al final lo que os queremos decir que hay que querer siempre a El Niño Gusano. Que cosas así solo pasan una vez en la vida de cada uno, y que se deben abrazar con toda la premura del mundo, pues nunca sabes si luego será tarde, y quizás no vuelvas a ver el sucio azul del cielo. En fin, dejémoslo, pues nos queda un minuto para ser solo labios ya, y no queremos que, al menos esta vez, esto se convierta en el más triste final de un cuento.

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