Anuncios

El tamaño sí importa (XLIX): ‘Hyperventilate’, de Frost*

Pongámonos en contexto: 2006, año que, según San Google, el pastel se lo reparten entre Arctic Monkeys, TV on The Radio y Muse. Amy Winehouse y Joanna Newsom hacen lo propio consagrándose como divas en sus respectivos segundos discos. Y, en un rinconcito de Gran Bretaña, en un cubo de metacrilato más parecido a un vivero de flores que a un estudio de grabación, Jem Godfrey compone esto:

Jeremy Godfrey, para el profano, es un tipo que mantiene una dualidad rara entre sus funciones de productor y mezclador pop y su faceta componiendo rock sinfónico de alto octanaje. Los dancehits llenapistas de Atomic Kitten, el debut de Shayne Ward con ‘That’s My Goal’ — canción con la que ganó el X-Factor inglés de 2005 y fue Nº 1 absoluto en las navidades de ese mismo año — y los encargos temporales, desde sound designer en series Disney hasta el pelotazo de LOSERS del año pasado, con todo eso se procura un bolsillo lleno. No en vano aceptó girar en el G3, popular evento guitarrístico organizado por Joe Satriani, sin tenerlas todas consigo.

Bien, al grano: con ‘Hyperventilate’, este cuarentón inglés le metía un puñetazo en el estómago a todo el prog autoindulgente, recalcitrante, deficitario y definitivamente clónico que venía dándose desde la misma diseminación de los viejos tótems del artrock setentero. Hyperventilate son paladas de técnica, escalas, subidas y bajadas tonales, sí; pero también es cuerpo armónico, intención, creatividad, frescura y siete minutos de música instrumental que se pasan como una calada. Godfrey, que fundó Frost* sintiéndose atrapado por canciones cortas de cuatro acordes, rimas inmediatas y total ausencia del factor sorpresa, ejecutó un triple tirabuzón invertido y dejó descolocados tanto a los fans del neoprog y sucedáneos como a los apoltronados oyentes de la qualité. Nadie vio a Frost* y su debut MillionTown (InsideOut Music, 2006) como una usurpación de poderes o un elocuente pavoneo, tal vez porque ser británico te invalida de ser polizón: la calidad no entiende de tics generacionales.

Que por Youtube circulen toneladas de covers de esta canción nos dice dos cosas: ya se ha convertido en standard, un clásico moderno fagocitado por cientos de manos diestras; y dos, Frost* logró así su objetivo de despertar/desperezar a nuevas generaciones e inyectarles por los tímpanos otra opción musical. Tras nueve años desde su estreno muchas bandas han digerido su acervo y es citada como influencia cardinal. Hyperventilate en particular y MillownTown en general allanaron cierto camino a seguir, donde caben igual veteranos como IQ, Pendragon, It Bites o Arena, como los actuales Audioplastik y el incombustible y magnífico músico John Mitchell a través de su proyecto Lonely Robot. Es, además, una forma distinta de hacer las cosas: autotune, vocoder, wall of sound y demás recursos de estudio traídos a un género reacio a cambios — contra lo que sus preceptos pudieran insinuar, pues el credo progresivo pocas veces pro-gre-sa y se deja arrastrar a orillas remotas — que sientan de maravilla entre tanto Minimoog, Mellotrons, Telecasters con distorsiones ligeras y baterías tan puritanas como muermas. Los límites están en los perjuicios.

Si este temarral se os hace poca cosa, la homónima del disco dura veintiséis minutazos. Por cierto, bola extra: Jem Godfrey dice estar componiendo una serie de canciones, entre ellas ‘Hypoventilate’. ¿Continuación conceptual? Ojalá.

Playlist | El tamaño sí importa

Anuncios