El tamaño sí importa (XLVII): ‘I Want Wind to Blow’, de The Microphones

Era cuestión de tiempo que esta sección, dedicada a vanagloriar los ejercicios retóricos desmedidos de tantos y tantos grupos que nos apasionan, terminara haciéndose trampas al solitario. O en concreto, que yo mismo terminara tratando de convencer a propios y extraños de que dos canciones son en realidad una, y que no se trata de cinco y cuatro minutos y medio divididos en dos secciones, sino de un gran relato vital, de casi diez minutos, sobre la soledad y la tristeza que empaña toda alegría presente en el mundo. Pero es nuestra sección, y por lo tanto son nuestras normas. Y de poco servirían las reglas si no dieran cabida al maravilloso ejercicio de introspección emocional al que se somete Phil Elverum, y con él el resto de The Microphones, en ‘I Want Wind to Blow’ y ‘The Glow, Pt. 2’, dos piezas de un todo que se miran a la cara y se comprenden a través de un espejo, en un diálogo recíproco y dual.

https://www.youtube.com/embed/GHYU5dNYONk

Recuerdo con nitidez la primera vez que me dejé caer en los aletargados y quebrados brazos de The Glow, Pt. 2 (K, 2001). Abrumado por la cantidad de referencias oscuras que había leído sobre ellos y sobre esta particular joya del cambio de siglo, tiempos extraños, decidí reproducir su disco mientras, postrado en la cama, leía un libro cuyo título ahora no recuerdo. El magnetismo de sus primeros acordes y el torpón ritmo que entonaban en armonía me invitó a apagar la luz y disfrutar del primer encuentro en oscuridad. Entonces y ahora creo no haber temido a un disco como a este: The Microphones se manejaban como nadie en los segundos previos al estallido de la tempestad. Elverum, susurrando al micrófono, se deleitaba en sonetos metafóricos y terribles. El grupo, acomodado en el Folk convencional tratado desde una óptica casera, conducía las canciones en el débil equilibrio de quien sabe remar hacia el ojo de la tormenta.

The Microphones entonaban una oda a la muerte certera e inevitable.

Era petrificante y bello, pero también acongojante.

My clothes off me
Sweep me off my feet
Take me up and bring me back
Oh, where I can see
Days pass by me
I have no head to hold in grief

There’s no hope for me
I’ve been set free
There’s no breeze
There’s no ship on my sea

https://www.youtube.com/embed/GNa7dv7ML5A

Ese miedo ha dominado mis impulsos desde entonces. Cada vez que recurro a ‘I Want Wind to Blow’ y a ‘The Glow, Pt. 2’, siento el mismo impulso de autoprotección: “no lo hagas, te va a doler”. Sucede entonces y ahora que el delicado misticismo sobre el que se envuelve el disco es demasiado tentador. The Microphones se permiten el lujo de entrelazar un juguetón ritmo a medio gas al final de ‘I Want Wind to Blow’ para estallar por los aires — la tempestad más pura — en el bombardeo eléctrico y exagerado de ‘The Glow, Pt. 2’, piezas entrelazadas que se hablan con la honestidad del suicida frente al vacío de su balcón. Son indistinguibles y forman un todo al que no caben divisiones. La espiral que comienza una la cierra la otra, y después de ella resta un disco magnífico, pero determinado, sin duda, por el profundo impacto que representan.

Siempre he creído que, de no haber vaciado la totalidad de su alma en In The Aeroplane Over The Sea, Jeff Mangum hubiera tenido que optar por la vía The Microphones, oscura, mortal y también frágil

Siempre he creído que, de no haber vaciado la totalidad de su alma en In The Aeroplane Over The Sea (Merge, 1998), Jeff Mangum hubiera tenido que optar por la vía The Microphones. Que Phil Elverum culmina la aventura de tétrica luminosidad iniciada por Mangum, y que ‘I Want Wind to Blow’ y ‘The Glow, Pt. 2’ son el perverso reverso de la moneda de ‘Two Headed Boy’ o ‘Oh Conely’. Su vitalidad, siempre tamizada de una riqueza instrumental sin precedentes, se convierte de forma lógica, en manos de Elverum, en la desesperanza más pura, en la melancolía más mortífera, del mismo modo que el Post-punk fue la respuesta lógica al Punk. Naturalmente, esto es sólo una suposición de alguien que se está haciendo trampas al solitario con tal de incluir uno de sus momentos musicales favoritos en esta sección. Pero yo creo en las líneas imaginarias de la historia. Yo creo en el miedo que aún despiertan en mí The Microphones.

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