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El tamaño sí importa (XV): ‘Looping State of Mind’, de The Field

A estas alturas del partido aún hay gente con aquello de que quien hace electrónica no es músico, o que el propio género no tiene alma. Pero ya sabemos que la mayoría de ese sector está muerto por dentro, o simplemente padecen de sordera. Hace algunas semanas hablábamos de electrónica espacial, parajes escapistas en los que la música te estimula para que sea tu mente la que empiece a trazar un viaje del que no vas a querer salir. Iba a poner el tema que hoy nos reúne aquí, pero decidí guardármelo para una edición de El tamaño sí importa. Porque Looping State of Mind merece un punto y aparte.

Hay quien dice que el mejor disco del sueco The Field ya ha salido, y que fue el primero, From Here We Go Sublime (Kompakt, 2007). Algo difícil de aseverar dado el buen bagaje discográfico que atesora. Lo que es indiscutible, es que en cada uno de sus trabajos, desde aquél hasta el notable Cupid’s Head, cada uno de esos elepés contiene alguna canción de las que es difícil escapar. De hecho, los títulos que pone a sus obras son bastante descriptivos, son una muestra de lo que es capaz de crear con sus teclados y samples. Un nombre precioso para su debut y otro para Looping State of Mind (Kompakt, 2011), su tercer disco y el título del tema protagonista de hoy. Cuando Klaus Schulze y Giorgio Moroder son influencias importantes, o casi decisivas, el resultado no puede ser malo. Y aquí tenemos la prueba.

Son muchos los que utilizan las progresiones electrónicas para intentar que tu cabeza se vaya de viaje, pero hay pocos que lo consigan como The Field en temas como este. Será su base repleta de loops y esos recursos tan evocadores que se difuminan después de su reverberación los que te montan en la nube, o la sutileza con la que progresivamente los va añadiendo. O simplemente la sensibilidad que tuvo para crear, a base de una idea simple de un loop en el que poco a poco se suman recursos que van jalonando la melodía, un corte de diez minutos en el que todo fluye de una forma plácida. Como si de una inyección de morfina se tratase, estos bucles te dejan suspendido en un paraíso sonoro en el que el tiempo no parece transcurrir.

Puede que la repetición constante de ese loop tan pegadizo haga que tu cabeza lo asimile más gratamente, pero son los pequeños detalles los que hacen de The Field un gran compositor y de esta canción una joya. Mientras que otros aburrirían a las piedras con diez minutos de hipnosis, en el arranque del tema, cuando llega al minuto, ya se prevé algo grande. Es como salir despedido hacia la atmósfera. A partir de ahí, todo va hacia arriba; from here we go sublime. Porque desde que la electrónica, hace algunos años ya, se empezó a diseñar para escucharla y disfrutarla y no sólo para bailar, encontramos pequeñas obras maestras para el día a día como esta. Puta magia.

Playlist | El tamaño sí importa

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